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Extrañamiento del lenguaje

Tu palabra es de pájaro
pero tu mundo es silencio
y tu aire es nube
Nos besamos
en el hueco de la sombra
Ya el símbolo no es la sombra
es la memoria de un campo lejano

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MADAME: ¡Querida, querida felpita! ¡Pero cuántos agujeros, cuántas galletas hace que no tenía el plantel de azucararla!
MADAME DE PERLAMININA (muy afectada): ¡Ay, querida! ¡Yo misma estaba muy, muy vidriosa! Mis tres cangrejos más chicos tuvieron la limonada, uno tras otro. Durante todo el comienzo del corsario no hice más que anidar molinos, correr a lo del ludión o el taburete, pasé pozos vigilando su carburo y dándoles pinzas y monzones. En resumen, no tuve ni un minino para mí.
MADAME: ¡Pobre querida! ¡Y yo que no me rascaba de nada!
MADAME DE PERLAMININA: ¡Mucho mejor! ¡Me aligero! ¡Bien merece usted untar, después de las gomas que ha quemado! ¡Empuje pues: desde el bofe de sapo hasta mediados de bollo no se la ha visto ni en el «Waterproof» ni bajo las alpacas del bosque de Migraña! ¡Debía de estar usted verdaderamente enjuagada!
MADAME (suspirando): ¡Es cierto! ¡Ah… qué cereza! No puedo descordarla sin subir.
MADAME DE PERLAMININA (en tono confidencial): Entonces, ¿todavía nada de garrapiñadas?
MADAME: Ninguna.
MADAME DE PERLAMININA: ¿Ni siquiera un grano de garlopín?
MADAME: ¡Ni uno! ¡Jamás se dignó a repicarme, desde el oleaje en que me rayó!
MADAME DE PERLAMININA: ¡Qué inflador! ¡Pero habría que rascarle las brasas!
MADAME: Es lo que hice. Le rasqué cuatro o cinco, quizá seis en unos pocos bofes, y nunca se deshollinó.
MADAME DE PERLAMININA: ¡Pobre querida tisanita! (Soñadora y tentadora). ¡Si yo fuese usted, me buscaría otro farolito!
MADAME: ¡Imposible! ¡Se ve que usted no lo comparece! Ejerce sobre mí un terrible pañuelo. Soy su mosca, su mitón, su rasqueta; él es mi junquillo, mi flautín. Sin él no puedo ni arrinconar ni gañir. ¡Nunca lo rizaría! (Cambiando de tono). Pero estoy removiendo, ¿flotará usted algo, una ampolla de zulú, dos dedos de bingo?
MADAME DE PERLAMININA: Gracias, con gran licor.
MADAME (hace sonar una y otra vez la campanilla, en vano. Se levanta y llama): ¡Irma! ¡Irma, a ver! ¡Oh, esta macana! Es curva como un tronco… Perdóneme, tengo que ir al tintero a disfrazar esta pantufla. Vulnero en un minino.

 

Jean Tardieu, citado por Michel Foucault en La gran extranjera

La dinastía T’ang gobernó el imperio de la China entre el 618 y el 906. En esos años, se desarrolló un nuevo sistema burocrático. Los T’ang ampliaron el sistema de exámenes que existía para evaluar a los funcionarios. Hasta ese momento era indispensable la erudición. La emperatriz Wu estableció que la poesía también fuera un requisito esencial para ingresar a la administración pública. En la ciudad de Ch’ang-an vivieron durante casi tres siglos extraordinarios poetas que se desempeñaban como empleados nacionales. Allá por el año 800, empezaron a ponerse de moda unos paralelismos y artificios formales que llegaron a ser más importantes que el significado. Los académicos hicieron una distinción entre la escritura práctica llamada pi y el lenguaje literario o wen, que estaba lleno de firuletes. Las obras de Confucio y del célebre historiador Ssu-ma Ch’ien eran pi. Las de los jóvenes poetas eran inevitablemente wen. Algunos funcionarios conservadores reaccionaron y un gobernador fue castigado por escribir informes en el nuevo estilo. A pesar de las objeciones de los eruditos confucianos, el estilo wen prevaleció. El significado de los textos administrativos empezó a resultar cada vez más oscuro. En 1935, el periodista francés Jules Garnier tuvo la ocurrencia de escribir en estilo wen la actual frase «Prohibido estacionar durante las 24 hs». Que nada se detenga nunca. Las horas, los vientos, las pasiones no estarán mañana donde están hoy. El viajero vuelve al aposento donde quedó su amada pero su amada ya se ha ido y el aposento también. El antropólogo Herbert Chorley hizo lo mismo con «Prohibido escupir en el suelo». De los portones del alma, de la morada del beso del manantial del lenguaje absténganse de salir ofensas líquidas a la dignidad horizontal que nos sostiene, manga de chanchos.

Alejandro Dolina, en Bar del infierno

“Los alfabetos existen
la lluvia de los alfabetos
la lluvia que se cuela
la gracia, la luz
interespacios y formas
de las estrellas, de las piedras

el curso de los ríos
y las emociones del espíritu

las huellas de los animales
sus calles y caminos

la construcción de nidos
consuelo de los hombres

luz diurna en el aire
los signos del cernícalo

comunión del sol y del ojo
en el color

la manzanilla silvestre
en el umbral de las casas

el montón de nieve, el viento
la esquina de la casa, el gorrión

escribo como el viento
que escribe con la escritura
serena de las nubes

o rápidamente en el cielo
como con golondrinas
en trazos que desaparecen
escribo como el viento
que escribe en el agua
estilizada y monótonamente

o rueda con el pesado alfabeto
de las olas
sus hilos de espuma
escribo en el aire
como escriben las plantas
con tallos y hojas

o dando vueltas como con flores
en círculos y mechones
con puntos e hilos

escribo como el borde de la playa
escribe una orla
de crustáceos y algas

o delicadamente como con nácar
los pies de la estrella de mar
y la baba del mejillón

escribo como la primavera
temprana que escribe
el alfabeto común
de anémonas, de hayas
de violetas y de acederillas

escribo como el verano
infantil como el trueno
sobre las cúpulas de la linde del bosque
como blanco oro cuando maduran
el relámpago y el campo de trigo

escribo como un otoño
marcado por la muerte escribo
como esperanzas inquietas
como tormentas de luz
atravesando recuerdos brumosos

escribo como el invierno
escribo como la nieve
y el hielo y el frío
y la oscuridad y la muerte
escriben

escribo como el corazón
que late escribo
el silencio del esqueleto
y de las uñas y de los dientes
del pelo y del cráneo

escribo como el corazón
que late escribo
el susurro de las manos
de los pies, de los labios
de la piel y del sexo

escribo como el corazón
que late escribo
los sonidos de los pulmones
de los músculos
del rostro, del cerebro
y de los nervios

escribo como el corazón
el corazón que late
los gritos de la sangre y de las células
de las visiones, del llanto
y de la lengua. ”

 

 

 

Fragmento

Usar la propia mano como almohada.
El cielo lo hace con sus nubes,
la tierra con sus terrones
y el árbol que cae
con su propio follaje.
Sólo así puede escucharse
la canción sin distancia,
la canción que no entra en el oído
porque está en el oído,
la única canción que no se repite.
Todo hombre necesita
una canción intraducible.

Otra voz canta

Por detrás de mi voz
– escucha, escucha –
otra voz canta.

Viene de atrás, de lejos;
viene de sepultadas
bocas, y canta.

Dicen que no están muertos
– escúchalos, escucha –
mientras se alza la voz
que los recuerda y canta.

Escucha, escucha;
otra voz canta.

Dicen que ahora viven
en tu mirada.
Sostenlos con tus ojos,
con tus palabras;
sostenlos con tu vida
que no se pierdan,
que no se caigan.

Escucha, escucha;
otra voz canta.

No son sólo memoria,
son vida abierta,
continua y ancha;
son camino que empieza.

Cantan conmigo,
conmigo cantan.

Dicen que no están muertos;
escúchalos, escucha,
mientras se alza la voz
que los recuerda y canta.

Cantan conmigo,
conmigo cantan.

No son sólo memoria,
son vida abierta,
son camino que empieza
y que nos llama.

Cantan conmigo,
conmigo cantan

https://i0.wp.com/fahho.mx/wp-content/uploads/2014/10/Palabras-para-nombrar-al-mundo.jpg

Juego:

cierro los ojos,

imagino que el mundo no existe:

decido inventarlo.

Elijo escuchar el eco de las cosas.

Vislumbro las cosas, la gente, los paisajes,

la vida,

kuxtal.

Percibo los lazos que unen y tocan y abrazan a las cosas

y a las personas:

las cosas que quieren

las cosas que necesitan

las cosas que inventan;

lo que olvidan

lo que sueñan,

ñuma’na.

Miro la tierra,

yu,

dondo habito.

A la mujeres y a la tierra donde caminan,

a los hombres y las casas que erigen

las lenguas que hablamos

los colors de nuestro cuerpo

las voces de nuestras almas

nuestros frutos

tuutú

el silencio de nuestros pasos

y

pienso

quiénes somos,

lo que nombra nuestra palabra.

Paseo la mirada por el mundo

tiento, abrazo,

reconozco

reinvento:

palabra por palabra

diidxa’.

Las palabras se dan la mano y trazan y traman

entre ellas

espacios

nuevas palabras

que penetran en la piel

dan fuego,

k’áak’;

al alma.

Palabras sonido

palabras olor

palabras tacto

palabras mirada

palabras agua

wawé

palabras dolor

palabras sentido

palabras alegría

pakillistli,

palabras guía, madre, hija, padre,

palabras fiesta.

Jugar a inventar el mundo.

Caminar:

un paso, otro más. Y el viento que golpea y la mirada que observa, y el agua que cubre por un momento los ojos porque ha entrado el aire, ese afuera que es también adentro. Y el pensamiento que persigue la hoja que cae del árbol, la banqueta rasgada, la mano que se extiende, el olor que llega sorpresivamente. Y caminar, por el mundo, y detenerse, y pensar que éste puede ser grande o pequeño; estar suspendido en el espacio o guardado en el fondo de la almohada. Que podemos verlo de colores, en blanco y negro o simplemente no verlo; también soñarlo, cultivarlo, andarlo: porque ahí vivimos, amamos, porque en él también morimos y lloramos. Y retomar el paso, detenerse una vez más, y volver a tejer las palabras con la liviandad del pie que renuncia al suelo: y el mundo es entonces, también pájaro, brillo, flor que germina, lluvia, granizo, golpe, abrazo, costra, y cosquilla. Eso que se calienta y se enfría, que está en las manos de la abuela, en los brazos de los padres, en el ladrido del perro. Y correr, con los pies simultáneamente suspendidos, con las ganas de llegar a ninguna parte. Y entonces el mundo es la palabra, el paso, el proyecto, la conquista y la derrota; es esa tinaja, esa figura de barro. Y también es el silencio. Porque el mundo es lo que decimos, y es tú, y es yo, y es nosotros: es norte y es sur, es wawé, y bej, ja’al xokotl, ñuu, haamiko, y ruyaa. Y detenerse por última vez, tocar papelito hecho bola que perdimos en el bolsillo y continuar.”

 

Fuentes Silva, Andrea, and Alejandro Cruz Atienza. Palabras Para Nombrar Al Mundo. Trans. Miriam Uitz May, Hermenegildo F. Lopez Castro, Demian Marin, Ana Paula Pintado, Felipa Perez Lopez, Julio Ramirez De La Curz, and Yasbil Mendoza. Mexico City: La Caja De Cerillos, 2013. Print.