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Archivo del Autor: porlamaleza

En tu jardín secreto hay mercenarias
dulzuras, ávidas proclamaciones,
crueldades con sutiles corazones,
hay ladrones, sirenas legendarias.

Hay bondades en tu aire, solitarias
multiplican arcanas perfecciones.
Se ahondan en angostos callejones,
tus árboles con ramas arbitrarias.

Alguna vez oí el chirrido frío
de un portón que al cerrarse me dejaba
prisionera, perdida, siempre esclava

de tu felicidad que junto a un río
bajaba entre las frondas a un abismo
de intermitente luz, con tu exorcismo.

Silvina Ocampo

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Invisible

 

Está nublado 

y de pronto 

sobre el pasto

un óvalo de sol

en el medio de la escena: nadie

un invisible

intangible

se disuelve en el aire

viene el sol

hizo un boquete en una nube

y se escapó

se acostó sobre el pasto

le dió calor. 

 

Roberta Iannamico

Las flores de las márgenes del camino…

 

Las flores de las márgenes del camino en la noche.

Solas ante la noche como espumas ligeras,

con su dulce secreto para el aire plateado.

 

El aire andaba sobre ellas como un pálido velo

y recogía su sueño, apenas sueño, y vacilaba

ante el signo iluminado del gran río lejano

y la ceniza extática y perlada del “bajo”.

 

Las flores de las márgenes del camino en la noche.

Criaturas desconocidas y acaso efímeras de la noche agreste.

La noche, sin embargo, respiraba con ellas,

y una sonrisa erró un momento sobre los labios distraídos de los

viajeros retardados.

 

Respiraba por ellas algo ensimismada la noche campesina,

y el humilde destino de las flores fue del hálito tardío

que, espíritu argentado, tocó de repente las colinas…

 

Las flores de las márgenes del camino en la noche.

Entreabieron, siquiera un instante, unos labios agradecidos.

Fueron, siquiera un instante, otra flor fugitiva

de otro paisaje íntimo súbitamente azul.

 

Y otro anhelo, un minuto, se unió al suyo en la noche,

fue uno con el suyo en un minuto de la noche.

 

Y no estuvieron solas, un minuto siquiera, con la noche

y con el aire pálido, indeciso ante humos y señales de nácares,

ni se perdieron solas en el soplo aún más pálido, más pálido, del

ángel de la madrugada…