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Archivo del Autor: porlamaleza

La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro. Pan de los elegidos; alimento maldito. Aísla; une. Invitación al viaje; regreso a la tierra natal. Inspiración, respiración, ejercicio muscular. Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia: el tedio, la angustia y la desesperación la alimentan. Oración, letanía, epifanía, presencia. Exorcismo, conjuro, magia. Sublimación, compensación, condensación del inconsciente. Expresión histórica de razas, naciones, clases. Niega a la historia: en su seno se resuelven todos los conflictos objetivos y el hombre adquiere al fin conciencia de ser algo más que tránsito. Experiencia, sentimiento, emoción, intuición, pensamiento no dirigido. Hija del azar; fruto del cálculo. Arte de hablar en una forma superior; lenguaje primitivo. Obediencia a las reglas; creación de otras. Imitación de los antiguos, copia de lo real, copia de una copia de la idea. Locura, éxtasis, logos. Regreso a la infancia, coito, nostalgia del paraíso, del infierno, del limbo. Juego, trabajo, actividad ascética. Confesión. Experiencia innata. Visión, música, símbolo. Analogía: el poema es un caracol en donde resuena la música del mundo….

 

 

En El arco y la lira

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Baja una anciana de las lanchas.
Los hombres ayudan a su paso sin tocarla porque suyo es el reino de los hongos.
Celebran una boda las manzanas.

Un joven resigna su corazón oliendo su vestido: ha sido santa en su juventud y no ha mostrado su desnudez sino a las lámparas. Entrado el siglo la luz de kerosene era el perfume de las mantas.

Trajo al mundo a un ciervo parecido a un hombre, encontró en el monte un ángel con la cabeza partida y lo amamantó: pezón y leche de las cabras.
Le incendiaron la casa.

Está bajando una anciana de las lanchas.
Los niños le huyen porque suyo ha sido el reino de los hongos.

Viene a las islas para dejarse. “Quiero morir de pie, no voy a entrar a las casas para echarme sobre los trapos. Morir parada como los palos de luz, y que los hombres comenten en los rancheríos: Hay un diablo entre los mimbres, habría que quemarlo.”

Os Argonautas
O Barco!
Meu coração não aguenta
Tanta tormenta, alegria
Meu coração não contenta
O dia, o marco, meu coração
O porto, não…

Navegar é preciso
Viver não é preciso…

O Barco!
Noite no teu, tão bonito
Sorriso solto perdido
Horizonte, madrugada
O riso, o arco da madrugada
O porto, nada…

Navegar é preciso
Viver não é preciso…

O Barco!

O automóvel brilhante
O trilho solto, o barulho
Do meu dente em tua veia
O sangue, o charco, barulho lento
O porto, silêncio!…

Navegar é preciso
Viver não é preciso…

 

 

Incendios

Siempre hubo pobres, decimos. Siempre hubo
campamentos de refugiados, huérfanos, viejos, hombres
y mujeres y niños que se caen cuando llegan, por imprudencia
o pura mala suerte, al fin del mundo conocido, ese mundo
plano, sostenido sobre el caparazón de las tortugas,
sobre el lomo de los elefantes, el mundo que tiene un sol que gira
exclusivamente alrededor de él, para que obtengan
calor los que merezcan el calor y los demás
mueran de frío. No importa si es absurda,
si es horrible, la lógica del amo; los esclavos
la recibimos el mismo día del nacimiento
y la aplaudimos: si ganamos el favor del que decide
sobre la vida y la muerte, quizás también ganemos
la palmada en el cuero castigado, o hasta la fantasía
de ser él, de descargar la ira sobre otro
menos favorecido. Qué hicimos con la ira, qué hicimos
con el ansia rabiosa de justicia que nos crecía
como un río temible. Están dormidas
todas las fuerzas que nos defenderían del latigazo
que alguien soltó al aire
para que caiga sobre los cuerpos desvalidos. La infancia
es un cuchillo en la garganta al que es difícil
arrancar sin arrancar con él la vida. Yo crecí
dormida, una fiera mansa, anestesiada, que no respira
ni está muerta, está en un limbo. Quién es capaz de hablar
con las cuerdas vocales amenazadas por un filo
que se activa ante el menor movimiento, quién podría
decir no quiero esto, no quiero una amenaza
de por vida. El silencio es a veces la forma
en que un poder tremendo anida
en el lugar menos pensado. Todo seguirá igual:
el curso de las cosas, la injusticia, que es el orden
del mundo, nos circundará como si fuera nuestra madre,
tan hermosa su arbitrariedad que la admiramos,
nos quedamos conmovidos ante el modo implacable
y certero en que destroza a algunos y a otros
los bendice. Qué tenemos entonces,
qué sabemos. Entre las cosas
de las que estamos convencidos,
una sola es cierta, incontestable. El movimiento
que no cesa. Eso sabemos:
todo va a continuar su ciclo de fealdad
y violencia. Todo
va a seguir sucediendo de la misma manera,
hasta que no.

Lo que pasa en el viaje

Peregrinemos a la ciudad sagrada
dijiste, y juntos emprendimos
la marcha por la flora fabulosa del puma
y el camino que ondula sobre el risco.

En la vieja, viejísima montaña
contemplaste el imperio absoluto, no del inca,
no de la piedra hincada por el hombre
sino de la maleza y de los vientos.

Eras una figura majestuosa
contra el vuelo del día.
Todo el brillo del mundo entre las cumbres.

Descendiste veloz para postrarte
en las torres del templo abandonado
y comprender la lengua de los dioses.

La distancia te fue empequeñeciendo.

Muy pronto se adueñaron del aire
y de mis ojos los cóndores.