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La enamorada del muro

I

La enamorada del muro
no sabe cómo es el muro.
pero seguro siente su humedad
cuando ha llovido.
Su aridez
en tiempo seco.
La enamorada del muro
depende del muro.
A él se aferra.
Si el muro se cae
ella se desparrama
como una cabellera sin cabeza.

A veces es tímida
y cubre sólo la base
como una mujer arrodillada
que abraza las piernas de una hombre.
Y a veces –qué deseo
y qué orgullo caben en ella–
cubre no sólo el muro
sino toda la casa.

II

Todo amor nace
a partir de una pequeña confusión.
Nadie puede decir con certeza
si es el muro el que sostiene a su enamorada
o es la enamorada
la que sostiene el muro.
Y todo amor crece
a partir de pequeñas carencias:
La enamorada del muro no florece.
Tampoco el muro.

III

Visto desde afuera
la impresión general es de una gran belleza.
¿Pero quién puede alejarse para mirar
cuando está enamorado?
El muro no ve el hermoso conjunto.
Ve pequeños tentáculos
que se clavan en él.
La enamorada ve el muro descarnado.
“El es el hueso que me da forma.
Yo soy la carne que le da vida”.

IV

Vampiro en el jardín

Ningún jardinero
la recomendaría.
La enamorada del muro
tan pródiga con el muro
tiene un rol muy cruel en el jardín.

Está en su naturaleza apropiarse
de toda la humedad del terreno.
De modo que mientras ella se expande
y se demora tiernamente en el abrazo
las otras plantas mueren.
¿Qué puede importarle?

Una mujer enamorada es capaz
de atravesar sin ver una ciudad bombardeada.
Los ojos fijos en los labios de su amor.

No hay culpa
en la pasión.

“No permitiré que nada
ni nadie
te haga daño
amor mío”

V

En sí misma

Sólo una loca pudo
enamorarse de un muro.

Un muro no habla.
No escribe cartas.
No florece.

Cubierto totalmente por las hojas
deja de ser visible.
hasta se puede dudar de su existencia.

“No es eso
hija
lo que te enamora.
No es muro.
Es tu esplendor”.

El disfraz de mi padre


De alguna manera nunca me detuve a pensar
que a mi padre le gustaba vestirse de mujer.
Tenía su lenguaje de signos para decir que las mujeres
hablaban mucho o eran estúpidas,
pero en cuanto había una fiesta de disfraces
se vestía como nosotras, las pelotas de tenis
como pechos—pelotas por pechos—la peluca rubia
de paje, el lápiz de labios, se contoneaba
con movimientos llenos de gracia
como si un solo ser pudiera contener el
universo entero, los límites curvándose de regreso para
aparecer por detrás. Seis pies, y tal vez
uno ochenta, uno noventa, tenía las piernas
formadas de un Betty Grable varón—vestido con una falda
corta, se reclinaba contra una columna de la biblioteca
haciendo durar su quinto trago, mirando
a su alrededor desde la reclusión de su máscara
con esos ojos salados. La vecina
tenía cola y orejas, estaba envuelta en papel de aluminio,
era Kitty Foil, y mi madre tenía
un pequeño esmoquin, pero él siempre ganaba
el premio. En esas noches, tenía una mirada osada,
como si se estuviera librando de algo,
un aire de triunfo, de haber robado algo que
le había pertenecido. Y que yo haya sabido, como mujer
nunca vomitó, no se desmayó, no hizo
esos gestos de desprecio con las manos, solo se reclinaba,
voluptuoso, a sus anchas, profundamente
presente, como si captara todo su potencial, cruzando
al otro lado dentro de sí mismo, y de vuelta,
al otro lado y de vuelta.

His Costume


Somehow I never stopped to notice
that my father liked to dress as a woman.
He had his sign language about women
talking too much, and being stupid,
but whenever there was a costume party
he would dress like us, the tennis balls
for breasts—balls for breasts—the pageboy
blond wig, the lipstick, he would sawy
his body with moves of gracefulness
as if one being could be the whole
universe, its ends curving back to come up from behind it. Six feet, and mayne
one-eighty, one-ninety, he gad the shapely
legs of a male Grable—in a short
skirt, he leanes against a bookcase pillar
nursing his fifth drink, gazing
around from inside his mascara purdah
with those salty eyes. The woman from next door
had a tail and ears, she was covered with Reynolds Wrap,
she was Kitty Foil, and my mother was in
a teeny tuxedo, but he always won
the prize. Those nights, he had a look of daring,
as if he was getting away with something,
a look of triumph, of having stolen
back. And as far as I knew, he never threw
up as a woman, or passed out, or made
those signals of scorn with his hands, just leanes,
voluptuous, at ease, deeply
present, as if sensing his full potential, crossing
over into himself, and back,
over and back.

Locos

Yo dije que habíamos estado locos

el uno por el otro, pero tal vez mi ex y yo no estábamos

locos uno por el otro. Tal vez estábamos

cuerdos uno por el otro, como si nuestro deseo

no fuera ni siquiera personal–

era personal, pero eso apenas importaba, porque

parecía no haber ninguna otra mujer

ni hombre en el mundo. Quizá fue

un matrimonio arreglado, el aire y el agua

y la tierra nos habían concebido juntos – y el fuego,

un fuego de placer como una violencia

de ternura. Entrar juntos en esas bóvedas, como una

pareja solemne o jocosa con pasos

formales o con el pelo revuelto y a los gritos, se pareció a

los caminos de la tierra y la luna,

inevitables, e incluso, de algún modo,

tímidos– encerrados en una timidez juntos,

en igualdad de condiciones. Pero quizá yo

estaba loca por él – es verdad que veía

esa luz alrededor de su cabeza cuando llegaba tarde

a un restorán – oh por Dios,

estaba extasiada con él. Mientras tanto los planetas

se orbitaban los unos a los otros, la mañana y la noche

llegaban. Y quizá lo que él sintió por mí

fue incondicional, temporal,

afecto y conanza, sin romance,

pero con cariño – con cariño mortal. No hubo

tragedia, para nosotros, hubo

una comedia cautivante y terrible

revelada de a poco. Qué precisión se hubiera necesitado,

para que los cuerpos volaran a toda velocidad por

el cielo tanto tiempo sin lastimarse el uno al otro.

Sobre la orilla del río. En una casita de madera, vivía una familia muy pobre. Eran tan pobres que la comida nunca alcanzaba para todos, y por lo menos uno tenía que quedarse en ayunas cada vez que la familia comía. Los niños le preguntaban al abuelo:

—¿Por qué no somos ricos? ¿Cuándo nos haremos ricos también nosotros?

El abuelo respondía:

—Seremos ricos cuando vuele el borrico.

Los chicos se reían. Pero algo creían. De vez en cuando, iban al establo, donde el burro masticaba su pasto seco; entonces, le acariciaban el lomo y le decían:

—Esperamos que no tardes mucho en decidirte a volar.

Por la mañana, no bien se despertaban, iban corriendo a ver al burro:

—¿Vas a volar hoy? Mirá que lindo, que hermosos cielo. Es un día perfecto para volar.

Pero el burro sólo le hacía caso a su pasto.

Un día comenzó a llover mucho. El río creció. Cedió el dique y las aguas se derramaron sobre los campos.

Aquella pobre gente tuvo que refugiarse en el techo de la casita, y allí llevaron también el burro, porque el burro constituía toda su riqueza.

Los chicos lloraban de miedo. El abuelo les contaba muchas historias y, de vez en cuando, para hacerlos reír, le decía al burro:

—Tonto y recontratonto, ¿no ves en qué lío nos metiste? Si supieses volar, nos salvarías.

Los salvaron, en cambio, unos bomberos con su lancha y los llevaron a un lugar seco. Pero el burro no quiso subir a la lancha de ninguna manera. Los niños ahora lloraban por el burro y le suplicaban juntando las manos:

—¡Vení con nosotros! ¡Vení con nosotros!

—Vamos —dijeron los bomberos—, después vendremos a buscar el burro. Primero tenemos que rescatar a mucha gente.
¡Nunca se vio una inundación tan terrible!

La lancha se alejó y el burro se quedó en el techo, plantado sobre sus patas, inmóvil.

¿Saben cómo lo salvaron” ¡Con un helicóptero! La bonita mariposa con motor se detuvo en el cielo sobre la cabeza del animal, zumbando. Un hombre descendió por una soga y, por lo visto, sabía bastante de burros, porque lo sujetó con cuidado por debajo de la panza. Luego, el helicóptero partió.

Y los chicos, que estaban acampando sobre el dique como soldados en guerra, vieron llegar a su burro a través del cielo.

Se levantaron de golpe, comenzaron a reír y a saltar, y gritaban:

—¡Vuela! ¡Vuela! ¡Somos ricos!

De todo el campamento, atraída por aquellos gritos, salió gente a mirar y a preguntar:

—¿Qué ocurrió? ¿Qué pasa?

—¡Nuestro burro vuela! —gritaban los niños—. Ahora somos ricos.

Algunos movían la cabeza con pena; pero muchos sonreían, como si sobre la llanura gris de la inundación hubiese asomado el sol, y decían:

—Es cierto. Tienen tanta vida por delante que no son pobres para nada.

RODARI, GIANNI. El libro de los errores. Madrid, Espasa-Calpe, 1989

A veces, los caballos se reúnen allá. Las lechuzas con sus sobretodos oscuros, sus lentes muy fuertes, sus campanillas extrañas convocan a los hongos blancos como hueso, como huevos. A veces tenemos hambre y no hay un animalillo que degollar.

Entonces vamos por la escalera hacia el desván a buscar las viejas piñas, los racimos de tablas con sus uvas duras y oscuras, las viejas almendras. Al partirlas salta la vicheja, lisa, suave, anacarada, rosa o azul.

Si es de color oro la arrojamos al aire y ella se pone a girar envuelta en un anillo de fuego como un planeta.

A veces, ni tengo hambre. La luna está fija con sus plumas veteadas. Cantan los caballos…

¿Cómo te va la vida con otra?
Más fácil, ¿verdad? Golpe de remo.
¿Cuándo -¿pronto?-
por un puente seguro
se alejó de ti el recuerdode mí, una isla que flota?
(En el cielo, no en el agua.)
Almas. No amantes,
sino hermanas son nuestras almas.¿Cómo te va junto a una simple mujer?
¿Sin divinidad alguna?
Tras haber derrocado a tu reina
(tú mismo privado del trono),¿cómo vives?, ¿te preocupas?,
¿te enfadas? ¿Cómo estás al levantarte?
Con ésa que te ha atado al cuello
su tributo inmortal, el tedio, ¿cómo te va,
pobrecito mío?«-Estoy harto de convulsiones, de dolor:
voy a agenciarme un hogar.»
¿Cómo te va con cualquiera,
a ti, que fuiste elegido por mí?¿Es la comida más comestible?
y si te cansa, mala suerte.
¿Cómo puedes vivir con un idolillo,
tú, digno antes del Sinaí?¿Cómo vives con ésa, tan distinta a nosotros?
¿Una extranjera, costilla de tu pecho?
¿La vergüenza, ese azote de Zeus,
aún no te ha herido la frente?¿Cómo te va la vida? ¿Estás sano?
Y las musas, ¿te llaman aún a veces?
Y la dicha, ¿se hace ver? ¿Alguna vez?
¿Y esa llaga inmortal -la conciencia-
qué, mi pobre?¿Cómo vives con un producto
del mercado? ¿Pesa mucho?
Tras el mármol de Carrara,
¿cómo te va con una prótesis de yeso?Del mismo bloque tallamos a Dios,
para romperlo acto seguido.
¿Va bien una cienmilésima,
para ti, que conociste a Lilit?¿Estás ya harto de esa mercadería novedosa?
Cansado de mi magia,
¿cómo te va con una mujer terrestre
que carece de sextos sentidos?Venga, con franqueza, ¿son felices? ¿No?
¿Cómo se vive en un abismo
sin profundidad amor mío?
Cuesta, ¿verdad?
¿Te cuesta tanto como a mí con otro?

Torso de aire
Supongamos que sí cambias tu vida.
Y el cuerpo es más
que una porción de la noche, sellada
con moretones. Supongamos que despiertas
y encuentras tu sombra reemplazada
por un lobo negro. El chico, hermoso
y perdido. Entonces llevabas el cuchillo
a la pared. Escarbas y escarbas
hasta que encuentras una moneda de luz
y puedes asomarte, por fin,
a la felicidad. El ojo
te mira de vuelta desde el otro lado,
esperando.

Haikus de pájaros
(2008: de Alada claridad, editorial Pre-Textos, Valencia)

Volar implica trascender límites prefijados, viajar a velocidad de pensamiento, manejar lejanías, agigantar la percepción hasta extenderla al cosmos. Se entiende la atracción que los pájaros ejercen sobre los artistas, buscadores de horizontes lejanos. Las aves simbolizan una huída de los barrotes de la jaula. No hilan ni tejen, no guisan, no piensan. Viven sin preocuparse, pueden irse (y se van) por las ramas. Experimentan gozo al existir fuera de toda medida o cálculo. Habitan un cielo sin teorías. Los más vivos de los seres vivientes, son como ángeles.

El hombre sueña hacer cierto el intento de Ícaro. Y sólo empieza a vivir su condición terráquea cuando, a su pesar, reconoce que tal hazaña le resulta imposible. El ave se transforma en objeto de su atenta y algo nostálgica observación. Para entender de pájaros hay que pasar tiempo al aire libre, caminar por montañas y prados, ponerse mentalmente a la intemperie (en japonés, nozarashi: clave del haiku). Así percibo a Yosa Buson, poeta y pintor japonés del siglo XVIII (1716-1784).

Leyendo estos cincuenta haikus suyos sobre vuelos diversos, sorprende cuánto sabe de aves este hombre de Osaka. En una época sin bibliotecas públicas ni manuales de ornitología, su ciencia pajarera provino del conocimiento de la cultura clásica japonesa y china y de frecuentes recorridos por costas y montes de la isla de Honshu. Buson era sin duda un buen haijin (hombre del haiku): afincado en el estudio y el vagabundeo, cazador de momentos fugaces, observador de la naturaleza. Sin dejar de ser un artista avisado. Cargando mesita y pinceles a campo traviesa, siempre dispuesto a practicar las reglas del kachôga, arte de dibujar y pintar flores y pájaros (Las otras dos categorías de la pintura tradicional del sudeste de Asia –jimbutsuga, retrato, y sansuiga, paisaje- no formaron parte de su arte).

El vuelo de los haikus de Buson resume su doble condición de pintor y poeta, maestro con un sólo pincel de pelo de marta. El vuelo de su arte se anuda en un único gesto: erguido, a mano alzada, fijando el paso irrepetible del instante. Su tarea es captar lo que pasa volando. No se trata de simples avecillas en un jardín bucólico sin viento. Sus haikus tratan de capturar, y volver a soltar, vuelos de aves que, en apenas diecisiete sílabas, consiguen esbozar el sutil movimiento del alma. Porque, me apresuro a decirlo, las aves de Buson no residen sólo en la naturaleza del Japón central sino, antes que nada, en la volátil mente del poeta. Hurguemos en la trama compleja de su arte: despojarse para comprender el vuelo de las aves, despojarlas para llenar con esa libre vida nuestra mente.

Por partida doble, entonces, Buson es hombre de observación y de miradas. Para él la condición aérea nada tiene de etérea. Es más bien una actitud personal y un ejercicio de contacto sensible con el mundo exterior. El asunto del arte es volar. Y la gracia (o el ángel) consiste en saber qué implica. Sus haikus se deslizan como aves que se elevan. Le fascina las que aprenden o se disponen a volar. Se fija en cómo ha de armonizar el pájaro su “voluntad” con la del viento, ese otro espíritu que sopla cuando le viene en gana. Por eso no ha de extrañarnos que Buson piense a la cometa dotada de idéntica característica volátil. También nos muestra aves capaces de fijar rumbo contra el viento: garzas, cuervos, grullas, palomas. Y en su extensa taxonomía poética no deja de mencionar otras que pierden rumbo en la tormenta o huyen escapando de los depredadores, sean halcones, perros o humanos. Condición volátil tiene la consistencia de los élitros de cigüeña desplegados, o la presencia de la cola de un faisán cobrizo. Hasta que pierde compostura, como en el cuerpo sin vida de un pichón en el suelo. O cuando la bandada se dispersa. O en la nube que desaparece del horizonte, hecha filamentos. O en el humo de incienso que se pierde de puro elevarse. Y en la voz o el canto del pájaro, que muere apenas llega a nuestro oído. La condición alada toma posesión del firmamento, donde flotan gaviotas y gorriones. Aunque no sólo de aves presume el cielo: también de mariposas y hasta de murciélagos, que el poeta trata como si fueran pájaros y que suelen ordenarse como tales en las recopilaciones tradicionales de haikus, de Yosa u otros. Con frecuencia los pájaros de Buson aparecen cantando. Vamos de la mano del poeta por praderas y cañadas, en la playa o a gran altura. Con su ayuda podemos distinguir gorjeos de graznidos y reconocer si lo que escuchamos son trinos o chillidos. Nos volvemos cómplices del filoso despertar del gallo o de palomas que ruculan suavemente. Nos hacemos amigos del cuclillo de cinco notas o de aves más vulgares, de trino binario. No nos dice qué música produce el ruiseñor japonés. Pero sabemos que es de los más escuchados. Vamos comprendiendo que poeta es quien vive pendiente del canto del mundo y es capaz de transformarlo en voz propia. Forma pedestre y radical de compartir la condición de pájaro.

A veces cuesta reconocer el estilo de cada maestro de haiku. Se los puede distinguir justamente por su forma de mirar pájaros. Los de Bashô señalan la primacía del orden natural y la inclusión en ella de las aves, sin rebeldía ni premeditación, en la inocencia gozosa de la vida animal. Los de Issa van al otro extremo: no dejan de señalar la condición caída, inarmónica, de la creación, el dolor, la debilidad, la injusticia, el enigma insoluble de la vida. Buson tiene vuelo propio: humaniza a las aves. Las acerca a los hombres. Sin apresarlas, las pone al alcance de su mirada. Las escudriña de día, en su propia luminosidad. También les permite expresar dimensiones que pensamos humanas. Muchas de ellas aparecen en diversas estaciones: la golondrina circula también en primavera; hay cigüeñas para toda estación. Las que son errantes gozan de largas temporadas sedentarias: el cuco o el ganso silvestre. Las de ribera se muestran tímidas y a la vez sociables. Solemne, el faisán es el colmo de la armonía que un hombre puede pensar. Unas aves son solitarias, como el cucú, los gorriones van en bandadas, o en colonias igual que cormoranes y hasta en pareja, como el pato mandarín. Humildes como golondrinas, atolondradas igual que los chorlitos o con candor infantil de pichonzuelos.

Más estéticos que los de Ryôkan, más errantes que los de Shiki, los pájaros de Buson se caracterizan por su hon-i o autenticidad. La intención original y sincera es tocar el corazón de la aérea condición de nuestra vida. Verifica su destino, mediante minuciosa observación del paso del tiempo y de las características emotivas cuando pasa el hombre por el mundo en su tiempo. Escuchando el canto de Manuel Machado, transformo apenas su sonido. Lo hago mío para nombrar el arte de pájaros de Yosa Buson: alada claridad.

PRIMAVERA

Pr/1

el día
navega lentamente,
faisanes
posando sobre el puente

osoki hi ya kiji no oriiru
hasino ue

Pr/2

ricitos del agua
que enjuaga la azada,
los ibis salvajes
vuelan a distancia

kamo toku kuwa sosogu mizu no
uneri kana

Pr/3

aves de la ribera,
farolitos de Kioto
allá lejos

mizutori ya chosin toki
nishi no kyo

Pr/4

a los saltos, briosos,
incómodos, con frío,
don y doña gorrión
en su nido

tobikawasu yatake-gokoro
oyasuzume

Pr/5

aquí mismito,
escuché ayer cantar
las avecitas

kashiko nite kino mo kikinu
kankodori

Pr/6

duermes en la campana
de bronce oscurecido,
¡mariposa!

tsurigane ni tomarite nemuru
kocho kana

Pr/7

labran campos
sobre el templo
(sobre un cerro
canta el gallo

hata utsu ya mine no obo no
tori no koe
Pr/8

canta el ruiseñor
con su pequeña boca
inmensamente abierta

uguisu no naku ya chiisaki
kuchi aite

Pr/9

el primer trino
del ruiseñor parece
caerse de una rama

uguisu no eda fumi hazusu
hatsune kana

Pr/10

mientras canta
el ruiseñor, se junta
la familia y yanta

uguisu ya kanai soroute
Meshi-jibun

Pr/11

canta el ruiseñor:
un poco hacia aquí,
un poco hacia allí

uguisu no nakuya achimuki
kochira muki

Pr/12

ruiseñores que vuelan
de aquí para allá
sobre la aldea

uguisu no achi kochi to suru ya
koie gachi
es salir del pantano
y escuchar de nuevo
al ruiseñor

waga yado no uguisu kikan
no ni idete

Pr/14

un hombre por el campo
en un día que muere
sin que se escuchen ruiseñores

uguisu ni hinemosu toshi
hata no hito

Pr/15

la cometa
en el mismo lugar:
¿es el cielo de ayer?

ikanobori kino no sorano
aridokoro

Pr/16

el ocaso y la caza
del faisán al pie
al pie de un monte
en primavera

hikururu kiji utu haru no
yamabe kana

Pr/17

de pronto el perro se soltó
y fue tras un faisán
en Takaradera

muku to okite kiji ou inu ya
takaradera

Pr/18

caza del faisán
volviendo a casa,
después de mediodía

kiji utte kaeru ieji no
hi wa takashi

Pr/19

el campo (la nube,
que creía estancada,
se ha marchado)

hata utsu ya ugokanu kumo mo
nakunarinu

Pr/20

la golondrina
sale agitadamente
del pabellón dorado

futameite kin no ma wo deru
tsubame kana

Pr/21

los caseros cazando
una serpiente, cerca
del gorjeante
nido de las golondrinas

tsubakurame naite ja wo utsu
koie kana

Pr/22

retorno de ánades
sobre campos de arroz
bajo nubes lunadas

kaeru kari tagoto no tsuki no
kumoru yo ni

Pr/23

el ganso se ha marchado
y el arrozal junto a la casa
se ve tan lejano

kari yukite kadota no toku
omowaruru

Pr/24

anoche se marcharon,
también hoy, y de noche
ya no quedan ánades

kini ini kyo ini kari no
naki yo kana

Pr/25

el sol muere en la tarde
y alguien pisa su sombra
larga
como la cola de un faisán

yamadori no o wa fumu haru no
irihi kana

VERANO

Vr/1

cuclillo
atravesando
la antigua Kioto

hototogisu heianjo wo
sujikai ni

Vr/2

un paje se suena y
de mientras
el cucú canta

hashitanaki nyoju no kusame ya
hototogisu

Vr/3

cortesana que escribe
un poema
y un cuco pequeño

hototogisu uta yomu yujo
kikoyu nari

Vr/4

es más fresco ese son
cuando se aleja por fin
de la campana

suzushisaa ya kane wo hanaruru
kane no koe

Vr/5

los ermitaños
son humanos y las aves
simples aves

sennin wa hito kankodori wa
tori nari keri

Vr/6

pajarito nacido
en la horquilla de un árbol
(me imagino)

kankodori ki no mata yori
umareken

Vr/7

¿de qué vive
el cuclillo?
(lo ignoro)

nani kute iruka mo shirazu
Kankodori
Vr/8

todo el prestigio
para las palomas,
¿y qué pasa con el cuclillo
del Himalaya?

muzukashiki hato no reigi ya
kankodori

Vr/9

la tos seca
del bonzo y el trino
del cuco

gotsugotsu to sozu no seki ya
kankodori

Vr/10

¿está cantando
la calabaza que arranqué?
¡pero si es un avecita!

waga suteshi fukube ga naku ka
kankodori

Vr/11

el gorrión en un pueblo
escondido entre hojas caídas
(chaparrón de verano)

yudachi ya kusaba wo tsukamu
mura-suzume

Vr/12

no ha venido este año
el viejo cuidador
de cormoranes

oinarishi ukai kotoshi wa
mienu kana

Vr/13

cosecha del grano:
¿de qué se asombra el gallo
en el tejado?

mugui aki ia nani ni odoroku
iane no tori

OTOÑO

Otñ/1

primer rocío:
a cierta distancia
la grulla (la miro)

hatsushimo ya mazurau tsuru wo
toku miru

Otñ/2

aguacero:
la garza mojada,
la grulla seca

sagui nurete tsuru ni ji teru
shigure kana

Otñ/3

brisa en la tarde:
caricia de patas
de garza en el agua

yukaze ya misu aosagi no
hagi wo utu

Otñ/4

el faisán en la rama,
mueve y mueve las patas
y la noche se alarga

yamadori no eda fumikaturu
yonaga kana
Otñ/5

la comadreja espía a
los patos mandarines
del estanque

oshidori ya itachi no nosoku
ike furushi

Otñ/6

regocijado,
escucho pajaritos
en el tejado

kotori kuru oto ureshisa yo
itabisashi

Otñ/7

bosque adentro:
se oyen hachas leñadoras,
pájaros carpinteros

teono utu oto mo kobukashi
keratutuki

Otñ/8

gansos en vuelo
dibujan una línea y la luna
estampa el sello

ichigyo no kari ya hayama ni
tsuki wo insu
Otñ/9

el cielo de otoño
(???????????)
(???????????)

aki no sora kino ya tsuru wo
hanachitaru

INVIERNO

Inv/1

murciélagos viven
ocultos en el roto
paraguas

komori no kakure sumikeri
yaburegasa

Inv/2

esa avecita:
la devora una ardilla
en el campo reseco

musasabi no kotori hamioru
kareno kana

Inv/3

el pájaro chilla
y el ruido del agua a
la red de pesca
deja en sombra

yori naite mizuoto kururu
ajiro kana

Inv/4

aves sobre el agua,
mujer lava verdura
en una barca

mizutori ya fune ni na arau
onna ari

Inv/5

avecitas y dos
palanquines se ven
entre árboles secos

mizudori ya kareki no naka ni
kago nicho

Inv/6

canta el pajarillo,
sin padre ni madre
ni posteridad

oya mo naki ko mo naki koe ya
kankodori

Pedro es amigo de Juan. Juan es amigo de Melina. Melina es amiga de la luna.

Por eso, cuando la luna empieza a perder su redondez, los ojos alargados de Melina hierven de lágrimas, su tazón de leche se pone viejo en un rincón, y no hay caricias que la alegren.

Días después, cuando la luna desaparece por completo, Melina sube a los techos y allí se queda, esperando que la luna regrese al cielo como aparecen los barcos en el horizonte.

Melina es la gata de Juan. Juan es amigo de Pedro. Pedro es el dueño de la luna.

La luna de Pedro no es tan grande ni tan redonda, tiene color de agua con azúcar y sonríe sin boca. Y es así porque Pedro la pintó a su gusto en un enorme cuadro nocturno, mitad mar, mitad cielo.

Pedro, el pintor de cuadros, pasa noches enteras en su balcón. Y desde allí puede ver la tristeza de Melina cuando no hay luna. Gata manchada de negro que anda sola por los techos.

¿Les dije que Melina es la gata de Juan? ¿Les dije que Juan se pone triste con la tristeza de Melina?

Juan se pone muy triste cuando Melina se pierde en el extraño mundo de los techos, esperando el regreso de la luna. Y siempre está buscando la manera de ayudar a su amiga. Por eso, apenas vio el nuevo cuadro que Pedro había pintado, Juan tuvo una idea.

Y aunque se trataba de una luna ni tan grande ni tan redonda, color de agua con azúcar, podía alcanzar para convencer a Melina de que un pedacito de mar y una luna quieta se habían mudado al departamento de enfrente.

Juan cruzó la calle, subió siete pisos en ascensor y llamó a la puerta de su amigo. Pedro salió a recibirlo con una mano verde y otra amarilla. Juan y Pedro hablaron durante largo rato y, al fin, se pusieron de acuerdo. Iban a colgar el enorme cuadro en el balcón del séptimo piso para que, desde los techos de enfrente, Melina creyera que la luna estaba siempre en el cielo. Eso sí, tendrían que colgarlo al inicio de la noche y descolgarlo al amanecer.

Pedro es un pintor muy viejo. Juan es un niño muy niño. La luna del cuadro no es tan redonda ni tan grande. Y Melina, la gata, no es tan sonsa como para creer que una luna pintada es la luna verdadera.

Apenas vio el cuadro colgado en el balcón de enfrente, Melina supo que esa no era la verdadera luna del verdadero cielo. También supo que ese mar, aunque era muy lindo, no tenía peces. Entonces, la gata inclinó la cabeza para pensar qué debía hacer.

¿Qué debo hacer?, pensó Melina para un lado.

¿Qué debo hacer?, pensó Melina para el otro.

“La luna está lejos y Juan está cerca. Juan es capaz de reconocerme entre mil gatas manchadas de negro. Para la luna, en cambio, yo debo ser una gata parecida a todas en un techo parecido a todos. Y aunque la luna del pintor Pedro no es tan grande ni tan redonda es la luna que me dio el amor”

Melina es amiga de Juan. Juan es amigo de Pedro. Pedro es amigo de los colores.

Juan creyó que un cuadro podía reemplazar al verdadero cielo. Porque para eso están los niños, para soñar sin miedo.

Melina dejó de andar triste en las noches sin luna, porque para eso tenía la luna del amor.

Y Pedro sigue pintando cielos muy grandes, porque para eso están los colores: para acercar lo que está lejos.