archivo

Colores

Mar del otoño, vienen
verdes tus olas, aunque ya debieran
estrellarse en espumas amarillas.
Me gustaría, mar, llegar mañana
a tus riberas y encontrarte todo
como un bosque caído.
Me internaría, mar, en ti pisándote
con la misma dulzura que las hojas,
de aquellas arboledas,
distantes del colegio,
que se iban muriendo hacia la playa.
Andaría por tí, mar del otoño,
hasta sentirme extraviado, hasta,
verme perdido entre tus olas secas.
¡Qué soledad entonces, qué alegría,
lejos, incluso, mar, de lo que amo,
en tus mudos dominios!
Pero no; que yo sé que no estás muerto,
que no te mueres nunca y nos ofreces,
en tu espejo continuo, lo que acaso
debiera ser la imagen verdadera
de nuestra simple infatigable vida.

 

Rafael Alberti

Anuncios

El verde

Amanece con lluvia
los primeros sonidos de la casa
son los crujidos de la madera
y su perfume, el primer olor;
hay árboles aunque aún no estén
abiertas las ventanas
Cualquier gajo brota
bajo este régimen de mareas
y humedad persistentes:
un fresno
macheteado
casi al ras del suelo
ha vuelto a crecer;
una rama de álamo usada
como estaca para colgar
una boya, se reabre en hojas,
vuelve a ser un álamo;
un sauce caído
hizo otra raíz con su tronco
y convierte la entrada
en un arco de sauce
El desmonte es continuo:
zumbidos de machete,
la sierra que resuena
desde lejos y sin claros
ni camino de sirgas
un escondido territorio
salvaje reaparece:
brotes dormidos
de malezas y enramadas,
un secreto
de semillas al calor;
las crecidas, las lluvias
el agua socavante de las islas
al verde, lo devuelven.

 

CHOMÜNGEN/ EL OTOÑO

kalfu me decía mi abuela
y me traía flores de manzanas…
Elicura Chihuailaf

son las últimas uvas y los primeros membrillos
son las manzanas cayendo con las hojas
las cortinas de álamos remojadas en el río

los fresnos gigantes amarillos como velas encendidas en la noche

lorenzo quilaqueo me dice este chomüng de las hojas
anuncia el último ciclo del año
ya es tiempo de guardar los animales
protegerlos del rigor del frío

hay que volver a las rukas dice
a los lugares reparados para invernada

chomüngen es tiempo de calma/
el suelo se abriga con las hojas
la semilla sueña el árbol que vendrá

tiempo de encender el fuego y vivir las noches largas
de convivir adentro de las casas y volver a contar
los relatos antiguos a los hijos.

En noches como esta
la abuela eufemia preguntaba
por qué los árboles se desnudan para llegar al invierno

de qué hablan las raíces en el sueño de la tierra

nunca pude contestarle esas cosas
hay un lenguaje del mundo que olvidamos

los hombres volvemos a la tierra
sin saber muchas cosas de la tierra
ignoramos
y muchas veces hablamos sin respeto

ahora hay tantos reflejos y variaciones de amarillo
cómo haré para guardarlos en los ojos?

Cómo resistir el invierno sin la memoria del otoño

(en la ciudad el olvido es blanco como una helada)

Final de la Narración de Arthur Gordon Pym

(La traducción de Cortázar, de Alianza Editorial, es mucho mejor. Pero no la encontré online. Cuando pueda, la transcribo y la subo)


 

1 de marzo. Muchos fenómenos inusitados nos indicaban ahora que estábamos entrando en una región de maravilla y novedad. Una alta cordillera de leve vapor gris aparecía constantemente en el horizonte sur, fulgurando a veces con rayos majestuosos, lanzándose de este a oeste, y otros en dirección contraria, reuniéndose en la cumbre, formando una sola línea. En una palabra, mostrando todas las variaciones de la aurora boreal. La altura media de aquel vapor, tal como se veía desde donde estábamos, era de unos veinticinco grados. La temperatura del mar parecía aumentar por momentos, alterándose perceptiblemente el color del agua. 2 de marzo. Hoy, gracias a un insistente interrogatorio a nuestro prisionero, nos hemos enterado de muchos detalles relacionados con la isla de la masacre, con sus habitantes y con sus costumbres; pero ¿puedo detener ahora al lector con estas cosas? Sólo diré, no obstante, que supimos por él que el archipiélago comprendía ocho islas; que estaban gobernadas por un rey común, llamado Tsalemon o Psalemoun, el cual residía en una de las más pequeñas; que las pieles negras que componían la vestimenta de los guerreros provenían de un animal enorme que se encontraba únicamente en un valle, cerca de la residencia del rey; que los habitantes del archipiélago no construían más barcas que aquellas balsas llanas, siendo las cuatro canoas todo cuanto poseían de otra clase, y éstas las habían obtenido, por mero accidente, en una isla grande situada al sudeste; que el nombre de nuestro prisionero era Nu-Nu; que no tenía conocimiento alguno del islote de Bennet, y que el nombre de la isla que había dejado era Tsalal. El comienzo de las palabras Tsalernon y Tsalal se pronunciaba con un prolongado sonido silbante, que nos resultó imposible imitar, pese a nuestros repetidos esfuerzos, sonido que era precisamente el mismo de la nota lanzada por la garza negra que comimos en la cumbre de la colina.

3 de marzo. El calor del agua es ahora realmente notable, y su color está experimentando un rápido cambio, no tardando en perder su transparencia, adquiriendo en cambio una apariencia lechosa y opaca. En nuestra inmediata proximidad suele reinar la calma, nunca tan agitada como para poner en peligro la canoa; pero nos sorprendemos con frecuencia al percibir, a nuestra derecha y a nuestra izquierda, a diferentes distancias, súbitas y dilatadas agitaciones de la superficie, las cuales, como advertimos por último, iban siempre precedidas de extrañas fluctuaciones en la región del vapor, hacia el sur.

4 de marzo. Hoy, con objeto de agrandar nuestra vela, mientras la brisa del norte se apagaba sensiblemente, saqué del bolsillo de mi chaqueta un pañuelo blanco. Nu-Nu estaba sentado a mi lado y, al rozarle por casualidad el lienzo en la cara, le acometieron violentas convulsiones. Éstas fueron seguidas de un estado de estupor y modorra, y unos quedos murmullos de: «¡Tekeli-li! ¡Tekeli-li!».

5 de marzo. El viento había cesado por completo; pero era evidente que seguíamos lanzados hacia el sur, bajo la influencia de una corriente poderosa. Y a del agua era extremado, incluso desagradable al tacto y su tono lechoso cayó sobre la canoa y sobre la amplia superficie del agua, mientras la llameante palpitación se disipaba entre el vapor y la conmoción se apaciguaba en el mar. Nu-Nu se arrojó entonces de bruces al fondo de la barca y no hubo manera de convencerle para que se levantase.

7 de marzo. Hoy hemos preguntado a Nu-Nu acerca de los motivos que impulsaron a sus compatriotas a matar a nuestros compañeros; mas parecía dominado, demasiado dominado por el terror para darnos una respuesta razonable. Seguía obstinadamente en el fondo de la barca; y, al repetirle nuestras preguntas respecto al motivo de la matanza, sólo respondía con gesticulaciones idiotas, tales como levantar con el índice el labio superior y mostrar los dientes que este cubría. Eran negros, hasta ahora no habíamos visto los dientes de ningún habitante de Tsalal.

8 de marzo. Hoy flotó cerca de nosotros uno de esos animales blancos cuya aparición en la playa de Tsalal era más evidente que nunca. Hoy se produjo una violenta agitación del agua muy cerca de la canoa. Fue acompañada, como de costumbre, por una fulgurante fluctuación del vapor en su cumbre y una momentánea separación en su base. Un polvo blanco y fino, semejante a la ceniza —pero que ciertamente no era tal — cayó sobre la canoa y sobre la amplia superficie del agua, mientras la llameante palpitación se disipaba entre el vapor y la conmoción se apaciguaba en el mar. Nu-Nu se arrojó entonces de bruces al fondo de la barca y no hubo manera de convencerle para que se levantasen.

9 de marzo. Toda la materia cenizosa caía ahora incesantemente sobre nosotros, y en grandes cantidades. La cordillera de vapor al sur se había elevado prodigiosamente en el horizonte, y comenzaba a tomar una forma más clara. Sólo puedo compararla con una catarata ilimitada, precipitándose silenciosamente en el mar desde alguna inmensa y muy lejana muralla que se alzase en el cielo. La gigantesca cortina corría a lo largo de toda la extensión del horizonte sur. No producía ruido alguno.

21 de marzo. Sombrías tinieblas se cernían sobre nosotros; pero de las profundidades lechosas del océano surgió un resplandor luminoso que se deslizó por los costados de la barca. Estábamos casi abrumados por aquella lluvia de cenizas blanquecinas que caían sobre nosotros y sobre la canoa, pero que se deshacía al caer en el agua. La cima de la catarata se perdía por completo en la oscuridad y en la distancia. Pero era evidente que nos acercábamos a ella a una velocidad espantosa. A intervalos eran visibles en ella unas anchas y claras grietas, aunque sólo momentáneamente, y desde esas grietas, dentro de las cuales había un caos de flotantes y confusas imágenes, soplaban unos vientos impetuosos y poderosos, aunque silenciosos, rasgando en su carrera el océano incendiado.

22 de marzo. La oscuridad había aumentado sensiblemente, atenuada tan sólo por el resplandor del agua reflejando la blanca cortina que teníamos delante. Múltiples aves gigantescas y de un blanco pálido volaban sin cesar por detrás del velo, y su grito era el eterno «¡Tekeli-li!» cuando se alejaban de nuestra vista. En este momento, Nu-Nu se agitó en el fondo de la barca; pero al tocarle vimos que su espíritu se había extinguido. Y entonces nos precipitamos en brazos de la catarata, en la que se abrió un abismo para recibirnos. Pero he aquí que surgió en nuestra senda una figura humana amortajada, de proporciones mucho más grandes que las de ningún habitante de la tierra. Y el tinte de la piel de la figura tenía la perfecta blancura de la nieve.

 

Edgar Allan Poe, en Narración de Arthur Gordon Pym

De los colores

-Dominique Simonnet: ‘Cuando pensamos en el blanco, no podemos dejar de sentir una ligera vacilación y preguntarnos si realmente es un color… ¿Le parece una pregunta sacrílega a un especialista como usted?

-Michel Pastoreau: Es una pregunta muy moderna, que no habría tenido ningún sentido hace tiempo. Para nuestros antepasados, no había ninguna duda: el blanco era un verdadero color (e incluso, uno de los tres colores básicos del sistema antiguo, con el mismo rango que el rojo y el negro). Ya en las paredes grisáceas de las grutas paleolíticas se utilizaban materias gredosas para colorear de blanco las representaciones animales y en la Edad Media se añadía blanco sobre el pergamino de los escritos iluminados (que eran beige claro o cáscara de huevo). En las sociedades antiguas, se definía lo incoloro como todo lo que no contenía pigmentos. (…) Al convertir el papel en el principal soporte de los textos e imágenes, la imprenta introdujo una equivalencia entre lo incoloro y el blanco, y este último pasó a ser considerado como el grado cero del color, o como su ausencia. Ya no estamos en esta fase… Después de mucho debatir entre físicos, al fin se ha vuelto a la sabiduría antigua y volvemos a considerar el blanco como un color con todas las de la ley.

D. S: ‘Nuestro antepasados eran entonces especialmente perspicaces al respecto.

M. P: Sí. Incluso distinguían el blanco mate del blanco brillante: en latín, ‘albus’ (el blanco mate, que en francés ha dado ‘albâtre’ -alabastro- y ‘albumine’ -albúmina-) y ‘candilus’ (el brillante, que ha dado “candidato”, el que lleva un atuendo blanco brillante para presentarse al sufragio de los electores).

(…)

D. S: ‘Queda que en nuestro vocabulario el blanco está asociado a la ausencia, a la falta: una página blanca (sin texto), una voz blanca (sin timbre), una noche blanca o en blanco (sin sueño), una bala blanca (sin pólvora), un cheque en blanco (sin importe)… O también: “¡Me he quedado en blanco!”.

M. P: Es cierto que el léxico ha conservado algunas huellas. Pero en nuestro imaginario asociamos espontáneamente el blanco a otra idea: la de la pureza y la inocencia. Este símbolo es extraordinariamente fuerte, es recurrente en las sociedades europeas y lo encontramos en África y en Asia. En casi cualquier punto del planeta, el blanco remite a lo puro, a lo virgen, a lo limpio, a lo inocente…

(Fragmentos extraídos de BREVE HISTORIA DE LOS COLORES. Michel Pastoureau, entrevistado por Dominique Simonnet. Editorial Paidós)

Variaciones de la luz

Un revuelo naranja al poniente
en lucha libre con el violeta
donde se hace de repente un claro
verde como aquel rayo purísimo
perseguido en la juventud
y al fondo el coro de gallinetas
y un silencio al frente que corta
el tajo de luna con más silencio
y plata y noche hasta que sólo
quedan las luces de tu casa
a veces como mágicas naranjas
dulces y en la soledad amargas