Lo que pasa en el viaje

Peregrinemos a la ciudad sagrada
dijiste, y juntos emprendimos
la marcha por la flora fabulosa del puma
y el camino que ondula sobre el risco.

En la vieja, viejísima montaña
contemplaste el imperio absoluto, no del inca,
no de la piedra hincada por el hombre
sino de la maleza y de los vientos.

Eras una figura majestuosa
contra el vuelo del día.
Todo el brillo del mundo entre las cumbres.

Descendiste veloz para postrarte
en las torres del templo abandonado
y comprender la lengua de los dioses.

La distancia te fue empequeñeciendo.

Muy pronto se adueñaron del aire
y de mis ojos los cóndores.

 

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Los girasoles

Vení conmigo

al campo de girasoles

sus caras son discos radiantes,

sus columnas secas crujen

como mástiles de barcos,

sus hojas verdes

tan fuertes y tantas

llenan el día entero con las pegajosas

dulzuras del sol.

Vení conmigo

a visitar los girasoles,

son tímidos

pero quieren hacerse amigos;

tienen historias maravillosas

de cuando eran jóvenes

de la importancia del clima

de los cuervos errantes.

No tengas miedo

de hacerles preguntas.

Sus caras luminosas

que siguen al sol,

escucharán y todas

esas hileras de semillas

-una vida nueva en cada una-

esperan una cercanía más profunda;

cada una de ellas, aunque permanezca

entre una multitud, espera

en su soledad como un universo

separado. El largo trabajo

de transformar sus vidas

en una celebración

no es fácil. Vení

y hablemos con esas caras modestas,

el ropaje simple de las hojas,

las toscas raíces en la tierra,

tan erguidas, ardiendo.

 

 

 

The Sunflowers

Come with me
into the field of sunflowers.
Their faces are burnished disks,
their dry spines

creak like ship masts,
their green leaves,
so heavy and many,
fill all day with the sticky

sugars of the sun.
Come with me
to visit the sunflowers,
they are shy

but want to be friends;
they have wonderful stories
of when they were young –
the important weather,

the wandering crows.
Don’t be afraid
to ask them questions!
Their bright faces,

which follow the sun,
will listen, and all
those rows of seeds –
each one a new life!

hope for a deeper acquaintance;
each of them, though it stands
in a crowd of many,
like a separate universe,

is lonely, the long work
of turning their lives
into a celebration
is not easy. Come

and let us talk with those modest faces,
the simple garments of leaves,
the coarse roots in the earth
so uprightly burning.

Mary Oliver traducida por Alicia Genovese.

Casi todos [los nidos] se componen de un tejido o trama de plantas, ramitas flexibles o largos filamentos de vegetales; pero más que un tejido es una condensación, una especie de fieltro de materiales mezclados, metidos, ingeridos con esfuerzo y perseverancia uno dentro de otro, lo que demuestra un arte laborioso y un trabajo tan enérgico que para llevarlo a cabo serían insuficientes el pico y la garra. El utensilio real es el cuerpo del pájaro mismo, su pecho, con el que prensa y aprieta los materiales hasta volverlos absolutamente dúctiles para mezclarlos y sujetarlos a la obra general.
En el interior, el instrumento que imprime al nido la forma circular es también el cuerpo del pájaro, el cual gira constantemente apartando de todos lados la pared hasta conseguirlo.
Así, pues, el nido es el pájaro mismo, su forma y su esfuerzo más inmediato, podríamos decir su sufrimiento, y cuyo resultado no obtiene sino por medio de una presión de pecho constante. No existe en el nido brizna de hierba que para que tome y conserve la curva no haya sido mil y mil veces apretada con el pecho, con el corazón, con menoscabo de la respiración ciertamente, con palpitaciones.
(…)
El nido es una creación del amor.

Jules Michelet, en El pájaro

Cuando éramos chicos mi abuela hacía guiso. Nos servía los platos y nos explicaba “al que le toca la hoja de laurel limpia los platos”. Comíamos. Cuando terminábamos, todos teníamos una hoja de laurel en el plato. Todos menos mi abuela. “Vos, andrés” me decía “lavás los platos. Vos gaby” le decía a mi hermana “limpiás el baño. Y vos agustín barrés y pasas un trapo”. Y sonreía. Su sonrisa era tan verde como la hoja de laurel escondida en su lengua.

FB: André Demichelis