La única manera de recibir una creación es crearla de nuevo y tal vez recrearse con ella.

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Hay seres que siempre serán demasiado creadores como para tener un destino.

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La poesía es la sinceridad con la que habla en nosotros lo que no conocemos

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No sabemos si todo está en su lugar o nada está en su lugar. Ni siquiera sabemos si hay un lugar para que todo esté o no esté en su lugar. Sin embargo sentimos que en la poesía todo está en su lugar porque no está en su lugar.

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Hay que llegar a poder escribir una escritura negra, que no altere el negro de la superficie que está enfrente o adentro de nosotros. Y hay que llegar a poder escribir una escritura vacía, que penetre en el vacío y haga surgir al ser en él. Sólo los trazos de esas escrituras podrán sacar a flote la inescrutable escritura de los sueños.

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Toda transformación interior nos cambia las palabras que usamos y todo cambio en nuestras palabras nos transforma de algún modo, lo cual vuelve a alterar nuestras palabras. Y así ilimitadamente. La rueda de las mutaciones mueve la rueda de las palabras. Y viceversa.

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¿Qué palabra poner entre lo que una cosa es y aquello que en ella misma no es? En esa ecuación, más fina y rigurosa que toda matemática, reside la clave del poema.

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Nos habita un concentrado sopor, que nadie consigue superar totalmente. Y hemos olvidado los lenguajes que podían exorcizarlo. Solo nos resta crear nuevos lenguajes, que recuperen las antiguas fórmulas liberadoras.

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Solo cuando el poema muestra algo que no sabemos, pero que habita en nosotros, podemos creer que es poesía.

 

Roberto Juarroz, en Casi razoń

Todo poema es una presencia. Algo que ahora está ahí y antes no estaba. Algo que acompaña la soledad del hombre, convirtiendo las ausencias en presencias, sin que dejen por ello de ser ausencias.

 

Roberto Juarroz, en “Casi razón” (Poesía Vertical II, Emecé)

La noche y la mujer

¿Dónde empieza la una y termina la otra?

Flor
de la noche
hecha sólo
de resplandores,
pero brotada
de un suave secreto
del cosmos.

Con su más pura
vida
es forma de la sombra
que mira
y abre
blancas sonrisas.
Loca la noche de la ciudad la quema en reflejos.
¿Se muere en el día como una joya?

La noche de los árboles la entiende.
Y la calle iluminada
fija en ella su más viva y delicada pasión.

El alba sube (1933-1936)

 

No tengas nada en las manos
ni una memoria en el alma,

que cuando un día en tus manos
pongan el óbolo último,

cuando las manos te abran
nada se te caiga de ellas.

¿Qué trono te quieren dar
que Atropos no te lo quite?

¿Qué laurel que no se mustie
en lo arbitrios de Minos?

¿Qué horas que no te conviertan
en la estatura de sombra

que serás cuando de noche,
estés al fin del camino?

Coge las flores, mas déjalas
caer, apenas miradas.

Al sol siéntate. Y abdica
para ser rey de ti mismo.

Ricardo Reis

 

El ruido del mar

Hay un tejido, una red luminosa
que tiembla en la arena, por abajo del agua.
Se ve a través del verde transparente
como una temblorosa trama.

Cuando la ola rompe su espuma
quedan burbujas sueltas, chiquitas
sobre la piel del agua:
brillan intensa, nítidamente
en seguida se apagan.

Por la suave curva de las olas
sobre su lento avance
sobre su amplio movimiento seguro
la luz resbala.
Se deslizan los resplandores
por los movedizos toboganes del agua.

Ruido del mar, qué golpe derramado
qué entreverada voz y qué sonido
tan confuso y oscuro
cuando todo en derredor está tan claro.

Todos los límites
firmes y recortados
todo con su color tan decidido
los colores tocándose
uno al lado del otro, sin mezclarse.

Y parece que cada uno: limpio
y liso azul, rojo tejado
verdor brillante
diera un sonido puro e inaudible
y todos un acorde fuerte y claro.
Pero el ruido del mar no se comprende,
se desploma continuamente, insiste
una y otra vez, con un cansancio
con una voz borrosa y desgranada…

Y no se sabe
qué es qué quiere o qué pide
el turbio ruido oscuro
cuando todo en derredor está tan claro.

No sé bien por qué
exactamente un año después
estaba cocinando los mismos zapallitos rellenos
que te preparé para tu cumpleaños
no lo hice a propósito, no lo planee
ni siquiera lo pensé
fue como si la vida me empujara
a un extraño ritual
a una ceremonia precisa
para finalmente dejarte atrás
para mostrarme la diferencia en el tiempo
lo que se devora en el transcurso.