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Mar

“la playa exalta mi sombra / en tanto el mar sea mar, no moriré”.

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Oye y no se oye. Sumida en una gota de resina, clava el hacha. Absorta la mirada en un junco, siembra y desmata. Se asoma a la ventana y no se ve.
Explora la exuberancia de líneas en el mapa como si fuera el diagrama de una selva remota, negra, ronca, inextricable. La ordena con el dedo. Descarta un ramal como quien descorre una cortina. La ausente de sí misma ha oído el llamado del mar.
Llega a un arenal implacable, un cielo gris. La bruma funde el borde de la isla. -Allá, detrás, no hay nada. Solo yo. Sola yo -se anima. Se descubre. Tienta con el pie la inmensidad. -Está fría -ríe. Y retrocede triunfante.
Llano de plomo. Vientre de cocodrilo. Canto monótono y sereno, siempre igual. La indiferencia la incluye. Bosteza y se amodorra. Sueña con un océano azul exacto, un pueblo blanco, antiguo, donde es el cura, el médico, el maestro, la anciana sentada en el portal, el chico que vela la única canoa, el enamorado, la puta y el pintor. Ella es el agua azul y el pueblo blanco, el sí y el no y el bien y el mal diáfanos -el bien muy grande, y como un grano de arroz el mal, de pequeñito.
Allá, detrás, un caserío, el barro, latas, la carcaza de un auto, cables, ruido, un charco, ropa vieja tendida, un surtidor, grafitti, una mendiga, una iglesia como un almacén, una casa como un barco hundido.
Se despereza la ausente y se incorpora. La inmensidad la despide agitando la mano. Ella le deja la huella de sus pies y una promesa falsa. Despliega el mapa y busca el paraíso.

 

Mercedes Roffé, en La noche y las palabras (de “Motivos para escribir”)

Os Argonautas
O Barco!
Meu coração não aguenta
Tanta tormenta, alegria
Meu coração não contenta
O dia, o marco, meu coração
O porto, não…

Navegar é preciso
Viver não é preciso…

O Barco!
Noite no teu, tão bonito
Sorriso solto perdido
Horizonte, madrugada
O riso, o arco da madrugada
O porto, nada…

Navegar é preciso
Viver não é preciso…

O Barco!

O automóvel brilhante
O trilho solto, o barulho
Do meu dente em tua veia
O sangue, o charco, barulho lento
O porto, silêncio!…

Navegar é preciso
Viver não é preciso…

 

 

El ruido del mar

Hay un tejido, una red luminosa
que tiembla en la arena, por abajo del agua.
Se ve a través del verde transparente
como una temblorosa trama.

Cuando la ola rompe su espuma
quedan burbujas sueltas, chiquitas
sobre la piel del agua:
brillan intensa, nítidamente
en seguida se apagan.

Por la suave curva de las olas
sobre su lento avance
sobre su amplio movimiento seguro
la luz resbala.
Se deslizan los resplandores
por los movedizos toboganes del agua.

Ruido del mar, qué golpe derramado
qué entreverada voz y qué sonido
tan confuso y oscuro
cuando todo en derredor está tan claro.

Todos los límites
firmes y recortados
todo con su color tan decidido
los colores tocándose
uno al lado del otro, sin mezclarse.

Y parece que cada uno: limpio
y liso azul, rojo tejado
verdor brillante
diera un sonido puro e inaudible
y todos un acorde fuerte y claro.
Pero el ruido del mar no se comprende,
se desploma continuamente, insiste
una y otra vez, con un cansancio
con una voz borrosa y desgranada…

Y no se sabe
qué es qué quiere o qué pide
el turbio ruido oscuro
cuando todo en derredor está tan claro.