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Amor

SI ELLA
si ella
(dulcemente)
se viste
de aceituna
seré tenedor
para pincharla
y llevarla
a mi boca
si
se disfraza
de agua
seré recipiente
para contenerla
(indefinidamente)

si
se pone
la máscara de Edelmira
seré Tartufo
para engañarla
pero con éxito

si
se convierte
en pájaro
seré nido
para guarecerla
en plena tormenta

ahora bien:

si ella
se pinta
de ella

yo
estaré aquí

en este lugar
esperandola

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¿Acaso fue en un marco de ilusión,
En el profundo espejo del deseo,
O fue divina y simplemente en vida
Que yo te vi velar mi sueño la otra noche?

En mi alcoba agrandada de soledad y miedo,
Taciturno a mi lado apareciste
Como un hongo gigante, muerto y vivo,
Brotado en los rincones de las noches
Húmedos de silencio,
Y engrasados de sombra y soledad.

Te inclinabas a mí supremamente,
Como a la copa de cristal de un lago
Sobre el mantel de fuego del desierto;
Te inclinabas a mí, como un enfermo
De la vida a los opios infalibles
Y a las vendas de piedra de la Muerte;
Te inclinabas a mí como el creyente
A la oblea de cielo de la hostia…
—Gota de nieve con sabor de estrellas
Que alimenta los lirios de la Carne,
Chispa de Dios que estrella los espíritus—.
Te inclinabas a mí como el gran sauce
De la Melancolía
A las hondas lagunas del silencio;
Te inclinabas a mí como la torre
De mármol del Orgullo,
Minada por un monstruo de tristeza,
A la hermana solemne de su sombra…
Te inclinabas a mí como si fuera
Mi cuerpo la inicial de tu destino
En la página oscura de mi lecho;
Te inclinabas a mí como al milagro
De una ventana abierta al más allá.

¡Y te inclinabas más que todo eso!

Y era mi mirada una culebra
Apuntada entre zarzas de pestañas,
Al cisne reverente de tu cuerpo.
Y era mi deseo una culebra
Glisando entre los riscos de la sombra
A la estatua de lirios de tu cuerpo!

Tú te inclinabas más y más… y tanto,
Y tanto te inclinaste,
Que mis flores eróticas son dobles,
Y mi estrella es más grande desde entonces.
Toda tu vida se imprimió en mi vida…

Yo esperaba suspensa el aletazo
Del abrazo magnífico; un abrazo
De cuatro brazos que la gloria viste
De fiebre y de milagro, será un vuelo!
Y pueden ser los hechizados brazos
Cuatro raíces de una raza nueva:

Y esperaba suspensa el aletazo
Del abrazo magnífico…
¡Y cuando,
te abrí los ojos como un alma, vi
Que te hacías atrás y te envolvías
En yo no sé qué pliegue inmenso de la sombra!

Madre primeriza

 

Una semana después de que naciera nuestra hija,

me arrinconaste en la habitación de huéspedes

y nos hundimos en la cama.

Me besaste y me besaste, mi leche desató su

nudo corredizo y caliente a través de mis pezones,

empapó mi blusa. Toda la semana había olido a leche,

leche fresca, agria. Empecé a latir:

mi sexo había sido desgarrado como un trapo

por la corona de su cabeza, me habían cortado con un cuchillo

y cosido, los puntos tiraban de la piel –

y la primera vez que te rompen, no sabes

que vas a cicatrizar, mejor que antes.

Me acosté con miedo y sangre y leche

mientras me besabas y me besabas, tus labios calientes,

hinchados como los de un adolescente, tu sexo grande y seco,

todo tú tan tierno, te inclinaste sobre mí,

sobre el nido de puntadas, sobre

lo rajado y desgarrado, con la paciencia de alguien que

encuentra un animal herido en el bosque

y se queda con él, a su lado

hasta que vuelva a estar entero, hasta que pueda correr de nuevo.

Cielo futuro

Si me imagino mi muerte, estaría acostada boca arriba,
y mi espíritu subiría hasta la piel de mi panza para desprenderse
como una hoja de papel manteca con la forma de una chica, girando
hasta quedar boca abajo y, como la alfombra del genio,
saldría volando bajito
sobre nuestro planeta— al futuro cielo:
ser invulnerable, y poder ver sin
restricción ni interrupción ni límite
andar por el aire, y mirar, mirar,
nada muy distinto de la vida, estaría
llena de una soledad casi indolora,
mirando la tierra como si ver la tierra
fuese mi versión de tener un alma. Entonces
divisaría a mi amado,
en la puerta del cielo—
no la de las constelaciones, ni la de los
pentángulos ni la de las boreales,
una puertita, como las de los gatos,
en la parte de abajo de la puerta del cielo,
detrás de la cual está la nada. Y él me dice que se tiene que ir,
que ya es hora. Y no me pregunta
si quiero ir con él, pero siento
que le gustaría que fuera. Yo no creo
que sea una nada viviente, donde los no-seres
pueden hacer una especie de amor ultraterreno, creo
que es la nada más nada y que
al pasar esa puerta vamos a desvanecernos juntos.
Qué alegría tan intensa agarrarle el brazo,
y apretarlo contra mi corazón
como hacen dos amantes que pasean,
y dar el paso.