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Casa

UNA CASA VOY A ESCRIBIR

La casa donde me críe la hizo mi abuelo. Las ventanas por donde vi el afuera sintiéndome en un adentro las hizo él. Él ya no estaba cuando yo nací. Dejó una casa de chapas y ladrillos a medio terminar, hizo los muebles de madera, el aparador, la mesa, las puertas, las ventanas desde donde miré llover y nevar. La casa, igual que el hombre que la levantó, ya no existe. O sí existe porque la llevo en mi, vivo adentro de ella aún y algunas veces sueño que tomo mate con mi abuela y me habla de ese hombre que no conocí. O si conocí, porque cada mañana de mi infancia me peiné en un espejo con un marco de madera que hizo él. El espejo tenía una calcomanía de Carlos Gardel, tu abuelo la pegó me decían y cosas así. La casa, el espejo, la abuela, el aparador, la mesa, hacían un adentro para mi. Algunas veces caían ollas y cosas en medio de la noche y la abuela se levantaba a echar a mi abuelo muerto, ándate de acá ya no estés metiendo boche, ándate Juan Bautista tu lugar ya no es entre nosotros, ya no vuelvas a esta casa déjanos vivir en paz mañana te llevaré velas pero éstas no son horas, deja descansar que en un rato amanece y hay que hacer muchas cosas y así. Le pegaba unos insultos también para que no viera su corazón blando le hablaba con desprecio ándate no tienes nada que andar haciendo por acá yo voy a hacer mi vida de mujer y vos ya estás muerto déjate de joder aquí. Al otro día cortábamos unas flores del geranio uno claveles, agarrá unos rojos que esos le gustaban a él decía la abuela y bajábamos al cementerio municipal a dejar unas flores pero el abuelo estaba enterrado en el otro, en el km 5, y pocas veces se podía ir hasta allá. Con la abuela dejábamos las flores al pie de la cruz grande del cementerio, prendíamos una vela en un lugar lleno de velas detrás de un vidrio y nos volvíamos. Pasábamos a pedir un kilo de carne fiado al almacén el morocho y regresábamos a esa casa que ya no está. Hablo de un mundo que ya no existe, unas ventanas que se disuelven y se rehacen en mi memoria como el viento que se arremolinaba ahí afuera, cuando había casa y había un adentro para decir así. Había una palangana en una silla y un fuentón con lana junto al fuego, venga ayúdeme a escarmenar esta lana decía ella y le daba vueltas al huso desenroscando la lana. El huso tenía una piedra en la base que le daba peso y lo hacía bailar como un trompo mientras el hilo de lana engordaba en él. El huso aún gira y gira sobre el suelo con lana que ella torció, aunque la casa y ella ya no están. Vivo así, en un adentro que se esfuma y regresa en sueños, un ruedo de sus faldas gira sin escándalo, no tira ollas del aparador que ya no está, no me levanto a decirle que se vaya, no llevo flores a ninguna parte le pongo su nombre a la Eufemia que planté afuerita de la ventana que no está. En este afuera sopla el viento más fuerte que conocí, a veces pasa volando una sábana que ella perdió, yo sé que tal vez se disolvió en el mar o se hizo tierra en algún rincón de esos que hace el viento por ahí, no me engaño de eso, la tela se corrompe se deshace o desteje, el algodón no resiste tantos años rodando por ahí, la sábana era blanca se le voló una vez y me mandó a buscarla anduve en los patios de los vecinos, vecina no vió una sábana grande los perros me ladraban no vi nada fíjate en lo de la millacheo capaz, ahí yo vi algo blanco de un árbol me dijo la señora navarro, yo fui y lo único que había era el ciruelo de la julia lleno de flores, será por eso, no sé, que en primavera me da por pensar en esa sábana no sé. En sueños pasa volando y ya sé que no está y las flores del ciruelo me hacen estornudar y los perros grandes que me ladran al pasar me dan un escalofrío en la espalda que me obligan a cruzar de vereda. Anoche soñé con ella, o tal vez sólo la recordé entre sueños no se bien. Capaz hoy vaya el cementerio aunque nada de esto habite ahí. La sábana real se hace más blanca tras la ventana donde su algodón no se corrompe, la ventana era azul o era marrón? No no, la ventana es verde, está dividida en cuatro vidrios, en cada uno yo hice dibujos sobre el vapor. Las pavas hervían en la cocina y los vidrios se ponían blancos como una hoja perfecta donde escribir. Esta es mi casa de aire voy a escribir, esta es la casa que hizo aquel hombre que nunca conocí, voy a escribir. El dedo índice se me mojaba de escribir entre la ventana y el vapor. Lo untaba en la tierra del marco y hacía un barro diminuto sin para qué por puro goce de acariciar una textura suave como de arcilla que se iba haciendo tibia hasta secarse quieta en la piel. En la tierra que trae el viento voy a escribir. Voy a escribir sábana blanca y luego la dejaré volar. Voy a escribir una casa para sentarme a la mesa a escribir, la mesa era de madera cubierta de un hule verde floreado, voy escribir, mientras hierve el agua y todo se evapora entre los vidrios y el afuera se disuelve, una casa pasa volando voy a escribir. Voy a escribir.

 

Jorge Spíndola (en su muro de facebook)

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Que esta casa se llene con olores de la cocina
y con sombras y juguetes y nidos de ratones
y rugidos de furia y cascadas de lágrimas
y hondos silencios sexuales y sonidos
de origen misterioso nunca explicados
y tesoros y regalos y miles de desechos
y un flujo como un viento cálido pero más lento
soplando las hojas de los árboles y libros y años
de pez de la vida de un niño revoloteando plateados
rápido, rápido en la lenta ráfaga incesante
que ondula las cortinas un momento
todos esos años desde ahora, hacia atrás.
Que puedan los umbrales y los marcos bendecidos
bendecir a cada paso.
Que puedan los techos pero no los cuartos conocer la lluvia.
Que las ventanas conozcan claramente
la rama y la flor del manzano.
Y que podáis estar en casa
como la música está en el instrumento.

 

Ursula Le Guin (traducción de Diana Bellessi)

Así de simple

Ésta es
como tantas
una simple
pequeña
historia de mujer.
Los poemas que callo
que cocino
que doblo
los guardo
porque en casa
todos trabajan
y yo también.

 

 

En Para que sepan de mí. ´´Los poemas de este libro ¨rodaron por muchas manos antes de ser editados en 1988, en Buenos Aires…¨: Laura cuenta que en la época de la dictadura no podía enviar cartas a los amigos exiliados sin correr el riesgo de que fueran violadas, y eso era muy peligroso. Un día empezó a mandarles ¨papelitos¨ como para evitar que se perdiera todo contacto. Los papelitos eran poemas que circulaban allá lejos, de mano en mano…”* Ahora aquí reunidos por editorial Calibroscopio.

*Prólogo Laura Robledo

Monumento al mar

Paz sobre la constelación cantante de las aguas
Entrechocadas como los hombros de la multitud
Paz en el mar a las olas de buena voluntad
Paz sobre la lápida de los naufragios
Paz sobre los tambores del orgullo y las pupilas tenebrosas
Y si yo soy el traductor de las olas
Paz también sobre mí.

He aquí el molde lleno de trizaduras del destino
El molde de la venganza
Con sus frases iracundas despegándose de los labios
He aquí el molde lleno de gracia
Cuando eres dulce y estás allí hipnotizado por las estrellas

He aquí la muerte inagotable desde el principio del mundo
Porque un día nadie se paseará por el tiempo
Nadie a lo largo del tiempo empedrado de planetas difuntos

Este es el mar
El mar con sus olas propias
Con sus propios sentidos
El mar tratando de romper sus cadenas
Queriendo imitar la eternidad
Queriendo ser pulmón o neblina de pájaros en pena
O el jardín de los astros que pesan en el cielo
Sobre las tinieblas que arrastramos
O que acaso nos arrastran
Cuando vuelan de repente todas las palomas de la luna
Y se hace más oscuro que las encrucijadas de la muerte

El mar entra en la carroza de la noche
Y se aleja hacia el misterio de sus parajes profundos
Se oye apenas el ruido de las ruedas
Y el ala de los astros que penan en el cielo
Este es el mar
Saludando allá lejos la eternidad
Saludando a los astros olvidados
Y a las estrellas conocidas.

Este es el mar que se despierta como el llanto de un niño
El mar abriendo los ojos y buscando el sol con sus pequeñas manos temblorosas
El mar empujando las olas
Sus olas que barajan los destinos

Levántate y saluda el amor de los hombres

Escucha nuestras risas y también nuestro llanto
Escucha los pasos de millones de esclavos
Escucha la protesta interminable
De esa angustia que se llama hombre
Escucha el dolor milenario de los pechos de carne
Y la esperanza que renace de sus propias cenizas cada día.

También nosotros te escuchamos
Rumiando tantos astros atrapados en tus redes
Rumiando eternamente los siglos naufragados
También nosotros te escuchamos

Cuando te revuelcas en tu lecho de dolor
Cuando tus gladiadores se baten entre sí

Cuando tu cólera hace estallar los meridianos
O bien cuando te agitas como un gran mercado en fiesta
O bien cuando maldices a los hombres
O te haces el dormido
Tembloroso en tu gran telaraña esperando la presa.

Lloras sin saber por qué lloras
Y nosotros lloramos creyendo saber por qué lloramos
Sufres sufres como sufren los hombres
Que oiga rechinar tus dientes en la noche
Y te revuelques en tu lecho
Que el insomnio no te deje calmar tus sufrimientos
Que los niños apedreen tus ventanas
Que te arranquen el pelo
Tose tose revienta en sangre tus pulmones
Que tus resortes enmohezcan
Y te veas pisoteado como césped de tumba

Pero soy vagabundo y tengo miedo que me oigas
Tengo miedo de tus venganzas
Olvida mis maldiciones y cantemos juntos esta noche
Hazte hombre te digo como yo a veces me hago mar
Olvida los presagios funestos
Olvida la explosión de mis praderas
Yo te tiendo las manos como flores
Hagamos las paces te digo
Tú eres el más poderoso
Que yo estreche tus manos en las mías
Y sea la paz entre nosotros

Junto a mi corazón te siento
Cuando oigo el gemir de tus violines
Cuando estás ahí tendido como el llanto de un niño
Cuando estás pensativo frente al cielo
Cuando estás dolorido en tus almohadas
Cuando te siento llorar detrás de mi ventana
Cuando lloramos sin razón como tú lloras

He aquí el mar
El mar donde viene a estrellarse el olor de las ciudades
Con su regazo lleno de barcas y peces y otras cosas alegres
Esas barcas que pescan a la orilla del cielo
Esos peces que escuchan cada rayo de luz
Esas algas con sueños seculares
Y esa ola que canta mejor que las otras

He aquí el mar
El mar que se estira y se aferra a sus orillas
El mar que envuelve las estrellas en sus olas
El mar con su piel martirizada
Y los sobresaltos de sus venas
Con sus días de paz y sus noches de histeria

Y al otro lado qué hay al otro lado
Qué escondes mar al otro lado
El comienzo de la vida largo como una serpiente
O el comienzo de la muerte más honda que tú mismo
Y más alta que todos los montes
Qué hay al otro lado
La milenaria voluntad de hacer una forma y un ritmo
O el torbellino eterno de pétalos tronchados

He ahí el mar
El mar abierto de par en par
He ahí el mar quebrado de repente
Para que el ojo vea el comienzo del mundo
He ahí el mar
De una ola a la otra hay el tiempo de la vida
De sus olas a mis ojos hay la distancia de la muerte

La casa en el aire

junio 29

El terreno fue desmalezado
y la tierra apareció rugosa
como la piel de un recién nacido;

apilados los troncos
dominada la zarza en lo bajo
entré y con una vara
marqué la zona para rellenar,
poco alcanzado por el sol
un limo informe;
al darme vuelta
vi el círculo de árboles
donde iba a estar la casa
y permanecí en su interior
como en un campo gravitatorio;
era el aire, un soplo,
una bienvenida; concluía
un país extranjero
y el páramo invernal,
despoblado el monte
a machete, se reordenaba
con los nuevos
accesos de la luz;
supe de los lugares que te eligen
y se convierten en un centro
sólo con mostrarte
que hay tierra alrededor
que en un giro
se oxigena el futuro;
a la extensión desprovista,
me entregué, sin votos,
a esa soleada austeridad
me confié, sin liturgias;

la vara era tibia
como la primera chispa
y el comienzo, ése

 

 
septiembre 8

Echar arena fue traumático
dos barcos descargaron
armando largas tuberías
y el terreno comenzó
a emparejarse
y pensar en las plantas
encontró la prolija
aspereza del relieve

Los vecinos decían
que la hojarasca y el barro
de las mareas luego, sedimentan
van mezclando de oscuro
ese amarillo extranjero
ese color de otras costas
en una hibridación inevitable,
después el pasto crecería

Trepadoras secas tironeé
colgadas de árboles enormes
y espinas, poco visibles,
hicieron lo suyo
sin bondad artificiosa,
pero mientras duraba el mate, vi
un arbusto medio escondido
entre una parva mustia:

un membrillo que echaba
cantidad de flores blancas,
marfiles anticipos de otras,
rodeado, como estaba, por la arena;
confabulado, el libro
que traía en mi bolso
también se situó en el sitio
del devenir:

muestra tu rostro, decía Rũmĩ,
porque el huerto y el jardín de rosas
son mi deseo

y un sol nuboso de invierno
el desierto persa, quizás
o el amante más hostil
resistieran su pedido,
pero estas ramas se alargaron
como una cesta de mimbre
y las flores del membrillo fueron
talismanes, un nudo atado
contra la aridez

Restaba tomar la paciencia
que tienen los ojos del lugar,
nimio, el indicio alcanzaba
para agujerear la negación
y encenderla;
la tarde caía en los claros de rojo
que empezó a volcarse
como un vino temprano

No creo en los grandes
hacendados de la poesía,
en los latifundistas de la tinta.

Creo
en el ovejero de las letras,
que con los perros rigurosos
de las situaciones cotidianas
van trashumantes
con su piño de ideas
afrontando cuero al cielo
la palabra,
para darnos abrigo.

Ellos son los que saben
que no es cuestión
de esperar la esperanza,
sino de ganarla.
.
Los arquitectos de la literatura
que sigan con sus escuadras,
compases y balanzas.

Nosotros,
– peones constantes –
a fuerza de imagen
construiremos
la justa casa del hombre.

 

Julio José Leite.

Señor: es hora. Largo fue el verano.
Pon tu sombra en los relojes solares,
y suelta los vientos por las llanuras.

Haz que sazonen los últimos frutos;
concédeles dos días más del sur,
úrgeles a su madurez y mete
en el vino espeso el postrer dulzor.

No hará casa el que ahora no la tiene,
el que ahora está solo lo estará siempre,
velará, leerá, escribirá largas cartas,
y deambulará por las avenidas,
inquieto como el rodar de las hojas.

 

Rainer Maria Rilke