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Maldición

El juramento del cautivo

El Genio dijo al pescador que lo había sacado de la botella de cobre amarillo:
-Soy uno de los genios heréticos y me rebelé contra Salomón, hijo de David (¡que sobre los dos haya paz!). Fui derrotado; Salomón, hijo de David, me ordenó que abrazara la fe de Dios y que obedeciera sus órdenes. Rehusé; el Rey me encerró en ese recipiente de cobre y estampó en la tapa el Nombre Muy Alto, y ordenó a los genios sumisos que me arrojaran en el centro del mar. Dije en mi corazón: a quien me dé la libertad, lo enriqueceré para siempre. Pero un siglo entero pasó, y nadie me dio la libertad. Entonces dije en mi corazón: a quien me dé la libertad, le revelaré todas las artes mágicas de la tierra. Pero cuatrocientos años pasaron y yo seguía en el fondo del mar. Dije entonces: a quien me dé la libertad, yo le otorgaré tres deseos. Pero novecientos años pasaron. Entonces, desesperado, juré por el Nombre Muy Alto: a quién me dé la libertad, yo lo mataré. Prepárate a morir, oh mi salvador.

En La noche tercera.

(Texto extraído de la recopilación de JORGE LUIS BORGES Y ADOLFO BIOY CASARES. Editorial LOSADA)

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Un infierno

El agravio de tus labios, que juraron y engañaron,
embeleso de tu beso donde preso me quedé.
Un zarpazo fue tu abrazo y tu piel de seda y raso,
un infierno cruel y eterno donde el alma me quemé.
El hastío con su frío hizo nido en todo mío,
si quererte fue la muerte, el perderte es morir más.
Que misterio es el cariño que en la cruz de tu abandono,
todavía te perdono y te quiero mucho más.

Clavaste
sin temor, con toda el alma,
a traición y por la espalda
un puñal, ¿y para qué?
No ves
que estoy herido y te sonrío
que aún te llamo cielo mío
y que aún beso tu puñal.
¡No lo ves,
que pese a todo y contra todo
en el cielo o en el lodo
yo te quiero siempre igual!

Maldecirte, no seguirte, no quererte, aborrecerte,
libertarme de tus manos, rosa fresca, no podré.
Como un ciego tambaleo sin tu voz, sin tu sonrisa,
cielo y brisa, tierra y todo, me recuerda tu querer.
Siempre arde, noche y tarde, esa antorcha de tus ojos
en tu pelo soy abrojo que pretende ser clavel,
como hiedra que se aferra a la piedra inevitable,
de tu amor inolvidable aferrado me quedé.

Música: Francisco Rotundo
Letra: Reinaldo Yiso

Versón Jorge Falcón

El padre Pluche dice que yo en realidad tendría que haber sido una mariposa nocturna, pero luego hubo un error, y así llegué hasta aquí, pero no era exactamente aquí donde tenían que depositarme, de modo que ahora es todo un poco más difícil, es normal que todo me haga daño, he de tener mucha paciencia y esperar, es muy complicado, obviamente, transformar una mariposa en mujer.

Maldigo del alto cielo
La estrella con su reflejo
Maldigo los azulejos
Destellos del arroyuelo
Maldigo del bajo suelo
La piedra con su contorno
Maldigo el fuego del horno
Porque mi alma está de luto
Maldigo los estatutos
Del tiempo con sus bochornos
Cuánto será mi dolor.

Maldigo la cordillera
De los andes y de la costa
Maldigo señor la angosta
Y larga faja de tierra
También la paz y la guerra
Lo franco y lo veleidoso
Maldigo lo perfumoso
Porque mi anhelo está muerto
Maldigo todo lo cierto
Y lo falso con lo dudoso
Cuánto será mi dolor.

Maldigo la primavera
Con sus jardines en flor
Y del otoño el color
Yo lo maldigo de veras
A la nube pasajera
La maldigo tanto y tanto
Porque me asiste un quebranto
Maldigo el invierno entero
Con el verano embustero
Maldigo profano y santo
Cuánto será mi dolor.

Maldigo a la solitaria
Figura de la bandera
Maldigo cualquier emblema
La venus y la araucaria
El trino de la canaria
El cosmo y sus planetas
La tierra y todas sus grietas
Porque me aqueja un pesar
Maldigo del ancho mar
Sus puertos y sus caletas
Cuánto será mi dolor.

Maldigo luna y paisaje
Los valles y los desiertos
Maldigo muerto por muerto
Y al vivo de rey a paje
Al ave con su plumaje
Yo la maldigo a porfia
Las aulas , las sacrsitias
Porque me aflije un dolor
Maldigo el vocablo amor
Con toda su porquería
Cuánto será mi dolor.

Maldigo por fin lo blanco
Lo negro con lo amarillo
Obispos y monaguillos
Ministros y predicantes
Yo los maldigo llorando
Lo libre y lo prisionero
Lo dulce y lo pendenciero
Le pongo mi maldición
En griego y español
Por culpa de un traicionero
Cuánto será mi dolor.

Que pague con su carne.
Y que no pase de mañana o pasado.
Que trece Diablos Mujer, que trece Diosas de la Muerte
borren su nombre.
Que empiece un viento en su corazón que apague su vela.
Que muera en un camino.
Que le aplaste un carro.
Que le aplaste una bicicleta.
Y si se muere, voy a estar riendo.
Métele un cuchillo en su corazón,
clávale un clavo en su cuerpo.
Que una termita gigante crezca en su ombligo.
Una avispota. Una hormiga en su oreja.
Que penetre nueve veces en su cráneo
el veneno, los nueve venenos
de la Culebra de Cuatro Narices.
Aviéntale a la mierda su ánima.
Que los gusanos coman su alma, coman su miembro.
Que se agrande su panza.
Que se atragante con un frijol.
Dále chorrillo, sécale su semen
Hazle chiquita chiquita su verga.

Que no se vaya a escapar.
Agárrenlo.
Mátenlo en su cama.

Tonik Nibak, en Conjuros y ebriedades, Taller Leñateros, San Cristbóal, México

Cuando te acuerdes de mi cuerpo
y no puedas dormir
y te levantes medio desnuda
y camines a tientas por tus habitaciones
borracha de estupor y de rabia

en algún lugar de la Tierra
yo andaré insomne por algún pasillo
careciendo de ti toda la noche
oyéndote ulular muy lejos y escribiendo
estos versos degenerados.

 

R.I.P. Félix Grande