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Caballo

amaba a los padres que llevaban a sus hijos de a caballo
delante de ellos
contra el pecho
los brazos que sujetaban las riendas
cubrían el cuerpo de los niños como un par de alas
los cuidaban
y aunque ello no fuese cierto
los míos solían roncar a dúo
como a mi oído
como de cuna
y decían que los caballos eran peligrosos
historias de terror acerca de una pierna trabada en un estribo
el desboque del animal
la cabeza del jinete azotada una y otra vez
a veces hasta la muerte
pero yo había sentido el corazón de un caballo
en la palma de mi mano de niño
su corazón era más grande que mi mano
y yo le agradecí al abuelo esa magia única
que hasta hoy recuerdo
porque mi corazón latió con esa fuerza
cuando no pude escapar de aquellas manos
y mi no
estaba roto
el infierno es la soledad de un niño
marcado
de noche
de noche yo escuchaba el tranco musical
de algún caballo en el campo
era triste
porque todo
absolutamente todo estaba triste
y entonces escuchaba mi corazón hasta dormirme
fantaseaba con ser ese caballo
me volvía inmenso
fuerte
solo en la noche
y
sin miedo

.

“En la turbia luz del monte, lento, ciego, apareció Apolo, el caballo con la estrella en la frente. Era la primera vez que yo veía un animal ciego. Preparé esta frase para decírsela a Heredia: “Una persona, capaz de hablar, de comprender, de razonar, aunque haya nacido ciega, a través de las palabras puede conocer el mundo de las formas, de los colores, del pensamiento; pero un animal ciego ¿en qué secretos laberintos vagará, preso de sus movimientos, como un autómata? ¿Qué manos, qué voz piadosa le enseñarán el mundo?” Dije:–Los animales son los sueños de la naturaleza.”

 

 

 

De “El impostor”, en Autobiografía de Irene