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Alma

Fugaz, rara, la vida

Cabra entre las cabras, cedro
entre los cedros; agua fresca
en el chubasco, terrón reseco
en la sequía; carancho
tras el conejo, cuis en el buche
de la culebra; brote en el plantío,
remolino en la borrasca; pez
en el pico de la grulla, ratón
entre las patas de la tarántula.
Flor que nace de la flor, jabalí
que embiste bajo la lluvia, ardilla
que rápida asoma y se oculta.
Mi propio cuerpo germinando
en la tierra húmeda; mi alma…
que va en la brisa, que se precipita
con el aguacero, que susurra en
el disturbio del río, en la mudez
del presagio. Caravana salvaje
de la que somos parte; un día aves,
otro ciervos, otro hormigas, otro leones,
o vendaval o alud o luna llena…
Vanos, triviales, breves, leves,
somos chispazo, apenas un gesto
en el descomunal y secreto ajetreo.

 

César Bandín Ron

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No te detengas alma sobre el borde De esta armonía
que ya no es sólo de aguas, de islas y de orillas.
¿De qué música?

¿Temes alma que sólo la mirada
haga temblar los hilos tan delgados
que la sostienen sobre el tiempo
ahora, en este minuto, en que la luz
de la prima tarde
ha olvidado sus alas
en el amor del momento
o en el amor de sus propias dormidas criaturas:
las aguas, las orillas, las islas, las barrancas de humo lueñe?
¿O es que temes, alma, su silencio,
o acaso tu silencio?
Serénate, alma mía, y entra como la luz
olvidada, hasta cuándo?
en este canto tenue, tenuísimo, perfecto.

Una chica

El árbol ha entrado por mis manos,

la savia ha subido por mis brazos,

el árbol ha crecido en mi pecho –

hacia abajo,

las ramas salen de mí, como brazos.
Árbol eres,

musgo eres,

y las violetas en el viento.

Un niña – tan alta- eres,

Y para el mundo todo esto es un delirio.