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Alma

 

No te detengas alma sobre el borde De esta armonía
que ya no es sólo de aguas, de islas y de orillas.
¿De qué música?

¿Temes alma que sólo la mirada
haga temblar los hilos tan delgados
que la sostienen sobre el tiempo
ahora, en este minuto, en que la luz
de la prima tarde
ha olvidado sus alas
en el amor del momento
o en el amor de sus propias dormidas criaturas:
las aguas, las orillas, las islas, las barrancas de humo lueñe?
¿O es que temes, alma, su silencio,
o acaso tu silencio?
Serénate, alma mía, y entra como la luz
olvidada, hasta cuándo?
en este canto tenue, tenuísimo, perfecto.

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Una chica

El árbol ha entrado por mis manos,

la savia ha subido por mis brazos,

el árbol ha crecido en mi pecho –

hacia abajo,

las ramas salen de mí, como brazos.
Árbol eres,

musgo eres,

y las violetas en el viento.

Un niña – tan alta- eres,

Y para el mundo todo esto es un delirio.

Me robaron el sol, pero yo lo encontraré.
He arreglado un encuentro secreto con él,
como quien va por un diario clandestino
o un material ilegal. Me llenaré el pecho
con grandes hojas de oro y lámparas para mi escondite.
Antes que hagan desaparecer mi alma la haré circular
de mano en mano en la noche.

entre dos parpadeos

y quedamos en vilo. Así la aparición

del colibrí.

De pronto, en la inviolada

tranquilidad,

vibra en el aire y está

-en vilo- en la flor roja

del hibisco.

No lo ahuyenten. Soy yo, en el transparente

vacío

girando alrededor. Soy él, prendido

del mantra:

el que liba

el gozo original en la corola

mojada.