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Espejos

Mar del otoño, vienen
verdes tus olas, aunque ya debieran
estrellarse en espumas amarillas.
Me gustaría, mar, llegar mañana
a tus riberas y encontrarte todo
como un bosque caído.
Me internaría, mar, en ti pisándote
con la misma dulzura que las hojas,
de aquellas arboledas,
distantes del colegio,
que se iban muriendo hacia la playa.
Andaría por tí, mar del otoño,
hasta sentirme extraviado, hasta,
verme perdido entre tus olas secas.
¡Qué soledad entonces, qué alegría,
lejos, incluso, mar, de lo que amo,
en tus mudos dominios!
Pero no; que yo sé que no estás muerto,
que no te mueres nunca y nos ofreces,
en tu espejo continuo, lo que acaso
debiera ser la imagen verdadera
de nuestra simple infatigable vida.

 

Rafael Alberti

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https://www.youtube.com/watch?v=Hui8SPxir8w (versión de Goyeneche)

https://www.youtube.com/watch?v=6glSdphKZu4 (versión de Lidia Borda)

Estoy mirando mi vida
en el cristal de un charquito
y pasan mientras medito
las horas perdidas,
los sueños marchitos.
Y están tus ojos queridos
en el espejo de barro,
fantasmas de mi cigarro,
reproche y olvido,
consuelo y perdón.

Vuelven tus ojos lejanos
con el llanto de aquel día…
pensar que puse en tus manos
una culpa que era mía,
pensar que no te llamé
y me alegré
mientras estabas penando,
pensar que no te seguí
y me reí
cuando te fuiste llorando…
Y hoy que no vale mi vida
ni este pucho de cigarro
recién sé que son de barro
el desprecio y el rencor.

Así, midiendo tu pena,
noches y noches consumo,
buscando ver en el humo
del pucho que fumo
tu imagen serena.
Y al encontrarte perdida
entre cigarro y cigarro
sé que fue todo de barro,
de barro mi vida,
de barro mi amor.

Ella…

Ella estaba enamorada de sí misma…
Oh, los espejos…

Oh, la embriaguez de plata
de ella
en el aire de los zarcillos…

Luego fue de los velos…
Las nubes del otoño
sólo,
sólo, ay, para una novia…
Los velos…

Y fue más tarde de las hojas…
pero de las hojas como joyas
del viento…
Las hojas…

Y con el tiempo fue del río…
mas lo mismo que un ala,
a veces invisible,
sí…
o una ramilla, al ras, midiendo
la danza…
Un ala y una ramilla
únicamente… ay,
del río…
El río…

Después, después, las cosas
con su perfume
séptimo…
Y ella, las cosas mismas
buscándose,
para la comunión?
para la adoración?

Y ella, las almas mismas
también,
buscándose las manos
en los laberintos,
tras de todas las rejas,
a través de todos los órdenes…
a través de todos
los mundos…

Las cosas y las almas…
Y al fin, ay, al fin…
el grito hacia el mar
o la noche…
El grito de la niña,
o de algo
que ya no se veía,
sobre el último
hilo…

En la ribera, es cierto,
sólo un hilo
llamando?
La pregunta a las estrellas
perdida, es cierto,
en el jamás?

Pero por qué, por qué,
a la vez,
menos que una vibración,
menos,
ella,
en la corriente de las profundidades
hacia la edad
verde…
sube, sube de repente, sube…
sin nombre,
desde todas las presiones?

Y por qué, por qué,
de repente en la luz,
quemada por un ángel,
por qué
sale de la luz, ella, corriendo…
corriendo
a los caminos de la sed,
con el vaso de agua en las manos,
y descalza,
por qué?…

En De las raíces y del cielo.

Al llegar a cada nueva ciudad el viajero encuentra un pasado suyo que ya no sabía que tenía: la extrañeza de lo que no eres o no posees más, te espera al paso en los lugares extraños y no poseídos. Marco entra en una ciudad: ve a alguien que vive en una plaza una vida o un instante que podrían ser suyos; en el lugar de aquel hombre ahora hubiera podido estar él si se hubiese detenido en el tiempo tanto tiempo antes, o bien si tanto tiempo antes, en una encrucijada, en vez de tomar por un camino hubiese tomado por el opuesto y al cabo de una larga vuelta hubiera ido a encontrarse en el lugar de aquel hombre en aquella plaza. En adelante, de aquel pasado suyo verdadero o hipotético, el queda excluido; no puede detenerse; debe continuar hasta otra ciudad donde lo espera otro pasado suyo, o algo que quizás había sido un posible futuro y ahora es el presente de algún otro. Los futuros no realizados son sólo ramas del pasado: ramas secas.
-¿Viajas para revivir tu pasado? -era en ese momento la pregunta del Kan, que podía también formularse así: ¿Viajas para encontrar tu futuro? Y la respuesta de Marco:
-El otro lado es un espejo en negativo. El viajero reconoce lo poco que es suyo al descubrir lo mucho que no ha tenido y no tendrá.

Corona

En la mano me come el otoño su hoja: somos amigos.
Pelamos el tiempo de las nueces y les enseñamos a andar:
el tiempo vuelve a la cáscara.

En el espejo es domingo,
en el sueño se duerme,
dice verdad la boca.

Mi ojo desciende hasta el sexo de la amada:
nos miramos,
nos decimos algo oscuro,
nos amamos mutuamente como amapola y memoria,
dormimos como vino en las conchas,
como mar en el rayo sanguino de la luna.

Estamos abrazados en la ventana, nos ven desde la calle:
¡es hora de que se sepa!
Es hora de que la piedra se apreste a florecer,
de que al desasosiego le lata un corazón.
Es hora de que sea hora.

Es hora.

 

 

 

(Poema extraído de AMAPOLA Y MEMORIA. Traducción y notas de Jesús Munárriz. Edición bilingue. Hiperion)

Corona

En mi mano el otoño come su hoja: somos amigos.
Extraemos el tiempo de las nueces y le enseñamos a caminar:
regresa el tiempo a la nuez.

En el espejo es domingo,
en el sueño se duerme,
la boca dice la verdad.

Mi ojo asciende al sexo de la amada:
nos miramos,
nos decimos palabras oscuras,
nos amamos como se aman amapola y memoria,
nos dormimos como el vino en los cuencos,
como el mar en el rayo sangriento de la luna.

Nos mantenemos abrazados en la ventana, nos ven desde la calle:
tiempo es de que se sepa,
tiempo es de que la piedra pueda florecer,
de que en la inquietud palpite un corazón.
Tiempo es de que sea tiempo.

Es tiempo.

 

 

En La arena de las urnas– 1948
Versión de José Ángel Valente