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El comercio no puede con los nísperos,

desde que son arrancados de la planta

hasta ser colocados en el mercado

se echan a perder. Los nísperos

frutos sin precio, reacios a las balanzas,

los he visto crecer en patios

con muros de rojos ladrillos

y verdes de un medicinal silencio

Plantar nísperos, observar su crecimiento,

probar sus frutos es un arte remoto

como vivir a orillas de un río

vivir un poco fuera del tiempo, o contemplar

las hojas a la hora de la puesta del sol.

 

Roberto Malatesta

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El vidrio quiebra pero no se derrite. El plástico se derrite pero no quiebra. Así son las gafas. Estructura plástica para lentes de vidrio. El espejo muestra, el vidrio deja ver. Así son los vidrios. El mármol es usado en las tumbas. La madera pulida no suelta astillas. Las burbujas cuando estallan no dejan trizas. El vidrio no se pudre, ni en la humedad, ni debajo de la tierra. Después de años enterrados los muertos miopes, restan apenas los huesos y las gafas. Y cuando no queden ya huesos aún estarán intactas las gafas. Si el vidrio es negro, los ojos desaparecen. Así son las gafas oscuras. Muestran pero no dejan ver. El hierro cromado no se oxida. El vidrio de la ventana retiene la lluvia pero deja pasar las escenas. El agua estancada espejea como la plata. Así es el agua. Si hay luz de un solo lado el vidrio espejea, como el agua estancada. La plata después de años ennegrece. Así es la plata. La piedra cuando toca fondo turba el agua. Así es la pérdida.
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(Traducción: Reynaldo Jiménez- Ivana Bollaro)

La noche y la mujer

¿Dónde empieza la una y termina la otra?

Flor
de la noche
hecha sólo
de resplandores,
pero brotada
de un suave secreto
del cosmos.

Con su más pura
vida
es forma de la sombra
que mira
y abre
blancas sonrisas.
Loca la noche de la ciudad la quema en reflejos.
¿Se muere en el día como una joya?

La noche de los árboles la entiende.
Y la calle iluminada
fija en ella su más viva y delicada pasión.

El alba sube (1933-1936)

 

No tengas nada en las manos
ni una memoria en el alma,

que cuando un día en tus manos
pongan el óbolo último,

cuando las manos te abran
nada se te caiga de ellas.

¿Qué trono te quieren dar
que Atropos no te lo quite?

¿Qué laurel que no se mustie
en lo arbitrios de Minos?

¿Qué horas que no te conviertan
en la estatura de sombra

que serás cuando de noche,
estés al fin del camino?

Coge las flores, mas déjalas
caer, apenas miradas.

Al sol siéntate. Y abdica
para ser rey de ti mismo.

Ricardo Reis

 

El ruido del mar

Hay un tejido, una red luminosa
que tiembla en la arena, por abajo del agua.
Se ve a través del verde transparente
como una temblorosa trama.

Cuando la ola rompe su espuma
quedan burbujas sueltas, chiquitas
sobre la piel del agua:
brillan intensa, nítidamente
en seguida se apagan.

Por la suave curva de las olas
sobre su lento avance
sobre su amplio movimiento seguro
la luz resbala.
Se deslizan los resplandores
por los movedizos toboganes del agua.

Ruido del mar, qué golpe derramado
qué entreverada voz y qué sonido
tan confuso y oscuro
cuando todo en derredor está tan claro.

Todos los límites
firmes y recortados
todo con su color tan decidido
los colores tocándose
uno al lado del otro, sin mezclarse.

Y parece que cada uno: limpio
y liso azul, rojo tejado
verdor brillante
diera un sonido puro e inaudible
y todos un acorde fuerte y claro.
Pero el ruido del mar no se comprende,
se desploma continuamente, insiste
una y otra vez, con un cansancio
con una voz borrosa y desgranada…

Y no se sabe
qué es qué quiere o qué pide
el turbio ruido oscuro
cuando todo en derredor está tan claro.