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Pérdida

No me dejes
hay que olvidar
Todo se puede olvidar
lo que ya se fue
Olvidar el tiempo
de los malentendidos
Y el tiempo perdido
para aclararlos
Olvidar esas horas
que mataban a veces
a golpes de porqués
al corazón de la felicidad
No me dejes
No me dejes
No me dejes

Yo te ofreceré
perlas de lluvia
venidas de países
donde no llueve
Yo escabaré la tierra
hasta después de mi muerte
para cubrir tu cuerpo
de oro y de luz
Yo haré un reino
donde el amor será rey
donde el amor será ley
donde serás reina
No me dejes
No me dejes
No me dejes

Yo te inventaré
palabras locas
que tú comprenderás
Yo te hablaré
de esos amantes
que han visto por dos veces
arder sus corazones

Yo te contaré
la historia de un rey
que murió por no haber
podido encontrarte
No me dejes
No me dejes
No me dejes

Se ha visto a menudo
resurgir el fuego
del antiguo volcán
que se creía demasiado viejo

Existen
tierras quemadas
que dan más trigo
que un mejor abril
Y cuando viene la noche
para que un cielo arda
el rojo y el negro
¿acaso no se unen?
No me dejes
No me dejes
No me dejes

No voy a llorar más
No voy a hablar
Yo me ocultaré allí
para mirarte
bailar y sonreír
Y a escucharte
cantar y después reír
Déjame volverme
La sombra de tu sombra
La sombra de tu mano
La sombra de tu perro
No me dejes
No me dejes
No me dejes
No me dejes

Está bloqueado en el barrio
marítimo.

Quisiera
continuar.

La calle
-perdida- ¿adónde conduce?

Está en total oscuridad.

La vista
-bajo el sol estridente-
se le incinera.

Nada
(leyó una voz en latín)
más oscuro que la luz.

(Nil obscurius luce.)
Se extravía.

(El camino
¿empieza aquí? ¿Aquí termina?)

Giorgio Caproni. Traducción de Juana Bignozzi, en Diario de poesía 46 (Invierno 1998)

La pérdida es una experiencia que conduce hacia un nuevo camino. Una nueva oportunidad
para empezar a pensar de otro modo. La pérdida no es el final de las cosas, sino el final
de una manera determinada de pensar. Quien cae en un sitio se levanta en otro. Esa es la
ley de la vida.

 

Kader Abdolah, en El reflejo de las palabras