archivo

Percepción

En la antigua igua filosofía india budista existe un concepto llamado “Samadhi” que se refiere a un nivel concreto de concentración. Según y cómo se aborda, es una noción bastante sencilla de comprender. Cuando leemos un libro, estamos concentrados en leer el libro. Cuando vamos a pescar, nos concentramos únicamente en los movimientos y temblores del hilo de pesca. Cuando fregamos el suelo, no hacemos nada más que fregar el suelo.

En cuanto a la vida cotidiana, cuando emprendemos una acción sencilla, trataremos de concentrarnos completamente en lo que estamos haciendo. También trataremos de sentirnos envueltos y apoyados por toda la energía que despliega el universo. Normalmente, nuestros pensamientos están diseminados por todas partes. Fregamos el suelo pero nos “olvidamos” de lo que estamos haciendo y acabamos pensando en lo que pasó ayer, en los ruidos que hacen los vecinos, o en la deuda con la compañía del gas. En un estado semejante es imposible absorber la energía del universo. El objeto de nuestra concentración no es lo importante, sino la propia acción de concentrarse. Desarrollar esta capacidad de concentración nos ayuda a entrar en el estado de Samadhi. Una vez que lo hemos alcanzado empezaremos a sentir la existencia de “algo más” que nuestra energía personal.

(…)

Yo trato de aplicar esta práctica a mi vida cotidiana. Cuando me levanto por la mañana y me lavo los dientes, trato de concentrarme únicamente en “lavarme los dientes”. Desgraciadamente, siempre me distraigo, entonces intento poner toda la atención en la actividad de cepillar los dientes, pero resulta que me encuentro a mí mismo pensando en cosas como, por ejemplo: “Hoy no puedo dejar de ir al banco… después tengo que hacer una llamada… espero que hoy el metro no vaya muy lleno…” Es muy difícil concentrarse únicamente en lavarse los dientes.

 

Yoshi Oida, en El actor invisible

Anuncios

A tua presença
Entra pelos sete buracos da minha cabeça
A tua presença
Pelos olhos, boca, narinas e orelhas
A tua presença
Paralisa meu momento em que tudo começa
A tua presença
Desintegra e atualiza a minha presença
A tua presença
Envolve meu tronco, meus braços e minhas pernas
A tua presença
É branca verde, vermelha azul e amarela
A tua presença
É negra, negra, negra
Negra, negra, negra
Negra, negra, negra
A tua presença
Transborda pelas portas e pelas janelas
A tua presença
Silencia os automóveis e as motocicletas
A tua presença
Se espalha no campo derrubando as cercas
A tua presença
É tudo que se come, tudo que se reza
A tua presença
Coagula o jorro da noite sangrenta
A tua presença é a coisa mais bonita em toda a natureza
A tua presença
Mantém sempre teso o arco da promessa
A tua presença
Morena, morena, morena
Morena, morena, morena
Morena

Elogio del caminar

Una caminata se inscribe en los músculos, la piel, es física y remite a la condición corporal que es la de lo humano. Manera de recuperar la infancia en el júbilo del esfuerzo, de la tenacidad, del juego. Como un niño que juega y desaparece en su acción, el caminante se disuelve en su avance y recupera sensaciones, emociones elementales que el sedentarismo de nuestras sociedades ha vuelto escasas.

Lo que es importante en la caminata no es su punto de llegada sino lo que en ella se juega en todo momento, las sensaciones, los encuentros, la interioridad, la disponibilidad, el placer de vagabundear… muy simplemente existir, y sentirlo. Ella se encuentra lo más lejos posible de los imperativos contemporáneos donde toda actividad debe ser provechosa, rentable. La caminata es inútil, como todas las actividades esenciales. Superflua y gratuita, no conduce a nada de no ser a sí mismo tras innumerables desvíos. Nunca está subordinada a uno objetivo sino a una intención, la de recuperar su aliento, un poco de ligereza, unas ganas de salir de su casa. El destino no es más que un pretexto, ir más más allá que a otra parte, pero la próxima vez será a otra parte más que allá. En este sentido, la caminata es la irrupción del juego en la vida cotidiana, una actividad consagrada solamente a pasar algunas horas de paz antes de volver a casa con una provisión de imágenes, de sonidos, de sabores, de encuentros…

Caminar es un largo viaje a cielo abierto y al aire libre del mundo en la disponibilidad de lo que viene.

(Fragmentos extraídos de CAMINAR: ELOGIO DE LOS CAMINOS Y DE LA LENTITUD, de David Le Breton. Traducción: Víctor Goldstein. Waldhuter editores)

El Pacto

Cuando nadaba en dulce oscuridad, nada sabía del pacto de nacer. La
vida es, ciertamente, una de sus cláusulas. También la muerte y el dolor,
el amor, la alegría, el mero padecer, y el daño que hacemos, el
daño que nos hacen, el espejo celeste donde miramos nuestro estar
sobre la tierra. A ella nos ata la cadena que se balancea sobre todos los
abismos del mismo abismo: ser.
¿Cuándo es delicia este yugo? ¿O deleite, dejamiento de sí, profunda
sangre? ¿Cuándo es cosmos mi pedacito de papel, tan escrito y tachado
por todos y por mí? ¿Qué dice el libro humano? ¿En qué balanza
pesan esas tintas? ¿Las palabras del puro comenzar?
La vida es acto que conoce y cada acto, introducción al otro no saber.
La inteligencia y el instinto encienden fuegos en la noche. Pero es
del infinito que estamos exiliados.
Así, en tu secreto, crece el árbol que sueña el sueño donde un gallo,
una piedra y la tristeza miran al mundo entero y lo ponen en la boca
de un niño para que el sol beba.

“SENTISCO en latín no tiene equivalente en nuestro idioma, es el inicio de un proceso, el momento en el que una sensación comienza a hacerse perceptible, el instante que separa las sensaciones que nos poseen porque no las percibimos, de aquellas cuya percepción nos permitiría reaccionar, actuar con un tono ajustado a la acción. El poeta portugués Fernando Pessoa (1888-1935) escribía: Sentir es pensar sin ideas, y por eso sentir es comprender. ”

 

Conversaciones con Gerda Alexander de Violeta Gainza