archivo

Vacío

NO ES PARA HABLAR DE MÍ QUE ESCRIBO
de la glicina: cayó
su lluvia ligera
azul–
violácea–
celeste.

No es para hablar de la glicina
que la comparo con una lluvia
y adjetivo esa lluvia.

Es para detener este momento nocturno:
la casa en calma
y los pensamientos que ennoblecidos velan
por un ordenamiento
que lo abarque todo.


La trama


Las historias que se cuentan de madres a hijas
en la noche, para que la hija duerma,
nunca tienen final. Son las madres quienes
caen rendidas por el sueño antes de llegar a él.
La hija insiste, pregunta, pero casi siempre
es inconexa la respuesta. Entonces
permanece despierta, imaginando.
Ése es el origen del insomnio y los poemas.

Podando los geranios, me veo

como soy, semidesnudo en el calor,

tratando de sostener un pequeño universo

de oscurecidos tonos, marchitos de lluvia y sol,

cabizbajos y temblorosos al sentir las tijeras

mientras separo las flores marchitas de entre las vivas,

como el hombre solitario llena su vacío con palabras,

no por consuelo ni para señalar lo que es bueno,

sino para decir algo verdadero y corpóreo

que sea prueba de su existencia. 

no se asuste señor
no soy una espía
no vengo a quitar empleos
no quiero cortar el gas
solo me detengo a mirar
la maravilla del vacío.
entre edificios, cómo le explico,
yace aquí un hueco único
Interrumpo mi ruta
me quito el casco,
dejo el interior de mi mochila en la vereda
para presenciar tranquila
el derrumbe.
Cuento los escombros
enumero los plantines, cardos, dientes de león
y enmarco los azulejos rotos
de la tina que alguna vez estuvo ahí.
no se asuste señor
no hago censos ni denuncias solo
amo lo que fue y todavía no es.

Catalina Guebel (inédito)

LA FUERZA DEL NO HACER

No hacer nada requiere fortaleza,
los débiles sucumben sin trabajo,
lo inventan si escasea, no pueden con el ocio.
Por el contrario el que no hace nada resiste
todas las tentaciones que atañen al trabajo.
Entonces es llevado al borde del barranco
tal como Cristo, arrójate, tómalo todo, adórame.
Y en su desierto del no hacer
persiste adusto y pobre,
cultiva la gran fuerza del que sabe
cuál es su sitio y su destino entre los hombres.
No hacer nada requiere fortaleza,
su origen es el don y a su conocimiento
sólo acceden aquellos para el cual son llamados.

Roberto Malatesta

 

de Cuaderno de no hacer nada

 

Cada cosa es un mensaje,

un pulso que se muestra,

una escotilla en el vacío.

Pero entre los mensajes de las cosas

se van dibujando otros mensajes,

allí en el intervalo,

entre una cosa y otra,

conformados por ellas y sin ellas,

como si lo que está

decidiera sin querer el estar

de aquello que no está.

Buscar esos mensajes intermedios,

la forma que se forma entre las formas,

es completar el código.

O tal vez descubrirlo.

Buscar la rosa

que queda entre las rosas.

Y aunque no fueran rosas.

Usar la propia mano como almohada.
El cielo lo hace con sus nubes,
la tierra con sus terrones
y el árbol que cae
con su propio follaje.
Sólo así puede escucharse
la canción sin distancia,
la canción que no entra en el oído
porque está en el oído,
la única canción que no se repite.
Todo hombre necesita
una canción intraducible.