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Gusto

Una noche mordí
aquella pepita,
el inconfundible
gusto de mí mismo.
Desde entonces huyo.
¿Qué es ese temblor
hacia el que corro,
ese viento del que no sé
si es el ser o el no ser?
Cuando me vuelvo
lamen mi cara
las llamas
de la ciudad incendiada.

 

Héctor Murena

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Si usted cree que es de amor este chamamé,
se equivoca porque la idea esa nunca fue.
Y de las cosas que a mi me gustan y me hacen feliz
hoy se me antoja sólo hablar de una, la que cuento aquí

No sé qué piensa señor Ramirez de mi cantar,
tanto dar vueltas y sin ir al grano para comenzar.
Y como veo que usted no lo han invitao hasta acá,
yo se lo cuento es de una receta para hacer chipá

Con harina de mandioca una taza más o menos,
se le agrega sal, pimienta y mucho queso de rallar.
Júntelo con la ricota, ponga tanta como pueda,
porque así no se endurece y crujen los chipá.

Se le agrega un par de huevos, margarina derretida
como unos 50 gramos suficientes y a amasar.
Queda masa amarilla medio chirle y pegajosa,
pero que si usted la agarra, la puede soltar.

Luego una fuente o asadera deberá agarrar,
ponerle aceite, manteca, huevo para despegar.
Con la masa ahora va a formar bolitas toditas igual,
pero tenga en cuenta cuando las coloque que van a leudar.

Con el horno a toda marcha ponga ya las asaderas,
con cuidado que no aplaste los riquísimos chipá.
Puede abrir el horno antes de que ya esté cocinado,
porque crecen por el queso y no van a bajar.

Cuando ve que están dorados mejor dicho ya tostados,
y se ve el queso rayado se los puede retirar.
Se los come bien caliente y si es usted inteligente,
en menos que canta un tema sabe hacer chipá.
Laura Vallaco

BAGNA CAUDA
«… el perfume que da el ajo
hace ir todos los males…»
(de una receta de la bagna cauda
traducida del piamontés)

 

Toma una cacerola
de la mesada.
Échale aceite de oliva
y asiéntala en la hornalla.
Con una cuchilla de asas
muerde, gasta
hasta desmigrarlas
unas cabezas de ajo
y un pequeño cardumen
de anchoas saladas.
y cuando crepite,
ahoga ese derroche
en un litro de nata.
Pero eso solo no basta
si la tierra
no entrega sus frutos
y el corazón no estalla.
Dilo:
¡qué a sabiendas
se sumerja
en la salsa!

 
María Teresa Andruetto

Natilla perfumada

 

Mejor
Que la leche pase,
Tibia,
Por obra de tus manos,
desde la vaca
al cuenco
asentado en tu vientre.
Si es así,
sólo bastará espesarla
a fuerza de harina
o de fécula,
mareando la blancura
con una vara
de madera.
No olvides perfumarla
con naranja seca,
con limón,
con ramas de canela.
Y volverás a ser niño
cuando la comas
bajo la luna llena.

María Teresa Anduetto
Palabras al rescoldo
(1993) Argos. Córdoba