archivo

Rio

Ella…

Ella estaba enamorada de sí misma…
Oh, los espejos…

Oh, la embriaguez de plata
de ella
en el aire de los zarcillos…

Luego fue de los velos…
Las nubes del otoño
sólo,
sólo, ay, para una novia…
Los velos…

Y fue más tarde de las hojas…
pero de las hojas como joyas
del viento…
Las hojas…

Y con el tiempo fue del río…
mas lo mismo que un ala,
a veces invisible,
sí…
o una ramilla, al ras, midiendo
la danza…
Un ala y una ramilla
únicamente… ay,
del río…
El río…

Después, después, las cosas
con su perfume
séptimo…
Y ella, las cosas mismas
buscándose,
para la comunión?
para la adoración?

Y ella, las almas mismas
también,
buscándose las manos
en los laberintos,
tras de todas las rejas,
a través de todos los órdenes…
a través de todos
los mundos…

Las cosas y las almas…
Y al fin, ay, al fin…
el grito hacia el mar
o la noche…
El grito de la niña,
o de algo
que ya no se veía,
sobre el último
hilo…

En la ribera, es cierto,
sólo un hilo
llamando?
La pregunta a las estrellas
perdida, es cierto,
en el jamás?

Pero por qué, por qué,
a la vez,
menos que una vibración,
menos,
ella,
en la corriente de las profundidades
hacia la edad
verde…
sube, sube de repente, sube…
sin nombre,
desde todas las presiones?

Y por qué, por qué,
de repente en la luz,
quemada por un ángel,
por qué
sale de la luz, ella, corriendo…
corriendo
a los caminos de la sed,
con el vaso de agua en las manos,
y descalza,
por qué?…

En De las raíces y del cielo.

…las victorias regias que flotaban cerca de las orillas, las bandejas verdes y circulares, y al costado de cada una, en la punta de un tallo largo y medio sumergido que evocaba un cordón umbilical, la flor de un blanco rojizo que se había abierto en el atardecer, para relumbrar con un resplandor apagado durante la noche y volver a cerrarse al alba hasta el anochecer del día siguiente, las victorias regias que los indios guaraníes llamaban irupé y que le hicieron pensar a Pichón, a causa de esa flor un poco separada del círculo verde pero dependiente de él, igual que un planeta y su satélite, en esas diosas arcaicas y solitarias que, fecundándose a sí mismas, parían por entre sus miembros vigorosos un dios menor, blanco, espigado y frágil, con el que se elevaban en vuelo nupcial antes de abandonarlo a la mesa del sacrificio para hacerlo despedazar y perpetuar de ese modo su propio culto.

 

Juan José Saer, en La pesquisa

La ribera

En qué sueños la vi, la vi en qué realidad?
Era ella de flores y con árboles altos
por entre cuyas ramas gráciles el verano
era un vapor azul que lejano temblaba.
¿Era la dicha pura, era la imagen de
la dicha delicada y común que esperaba
aquí cerca como una presencia misteriosa,
o era la esperanza emergiendo del agua
y llamando al confín entre las ramas quietas
cuando se miran niñas y amarillas las flores,
eternas, frente a los secretos pasos fluidos
del tiempo, de qué tiempo, del sueño o de la vida?
En El ángel inclinado – 1937

Debaixo d’água tudo era mais bonito
Mais azul, mais colorido
Só faltava respirar
Mas tinha que respirar

Debaixo d’água se formando como um feto
Sereno, confortável, amado, completo
Sem chão, sem teto, sem contato com o ar
Mas tinha que respirar
Todo dia
Todo dia, todo dia
Todo dia
Todo dia, todo dia

Debaixo d’água por encanto sem sorriso e sem pranto
Sem lamento e sem saber o quanto
Esse momento poderia durar
Mas tinha que respirar

Debaixo d’água ficaria para sempre, ficaria contente
Longe de toda gente, para sempre no fundo do mar
Mas tinha que respirar
Todo dia
Todo dia, todo dia
todo dia
Todo dia, todo dia

Debaixo d’água, protegido, salvo, fora de perigo
Aliviado, sem perdão e sem pecado
Sem fome, sem frio, sem medo, sem vontade de voltar
Mas tinha que respirar

Debaixo d’água tudo era mais bonito
Mais azul, mais colorido
Só faltava respirar
Mas tinha que respirar
Todo dia

Agora que agora é nunca
Agora posso recuar
Agora sinto minha tumba
Agora o peito a retumbar
Agora a última resposta
Agora quartos de hospitais
Agora abrem uma porta
Agora não se chora mais
Agora a chuva evapora
Agora ainda não choveu
Agora tenho mais memória
Agora tenho o que foi meu
Agora passa a paisagem
Agora não me despedi
Agora compro uma passagem
Agora ainda estou aqui
Agora sinto muita sede
Agora já é madrugada
Agora diante da parede
Agora falta uma palavra
Agora o vento no cabelo
Agora toda minha roupa
Agora volta pro novelo
Agora a língua em minha boca
Agora meu avô já vive
Agora meu filho nasceu
Agora o filho que não tive
Agora a criança sou eu
Agora sinto um gosto doce
Agora vejo a cor azul
Agora a mão de quem me trouxe
Agora é só meu corpo nu
Agora eu nasco lá de fora
Agora minha mãe é o ar
Agora eu vivo na barriga
Agora eu brigo pra voltar
Agora
Agora
Agora

http://grooveshark.com/#!/s/Debaixo+D+gua+Agora/46lt5z?src=5

Despedida a Ortiz

Usted ha atravesado el mar
trayéndonos sus poemas como nubes que abren…
Nos ha traído usted
unos secretos, apenas de plata, de aquel río,
con no sabemos qué figura de su país entre los pliegues…

Hoy vuelve con las flores y las hierbas y las manos
del cariño de una ciudad
dividida en las montañas,
por el mismo río Yan Tsé, hojeado por Tu-Fou…
vuelve
hacia aquella ciudad, alta, asimismo, en sus noticias,
y seguramente clarísima
de sus ojos sobre las aguas y lejana, probablemente, algo lejana
de sus ojos sobre las islas…

Oh, si sus poesías, Ortiz, fueran una manta, allá, toda extendida
sobre los óleos de la profundidad
y las lámparas de sus montes y campiñas,
para defenderlos de las uñas que vienen todavía en el mundo con los vientos…

Pero sus amigos están alegres
de que ellas sean, ya, lo mismo que piedrecillas que frotaran el cielo
en el camino de esos humildes, también,
el “paraíso” de nacimiento para los demás frutos del azul
en las encarnaciones sin fin…

Adiós, Ortiz…
Usted, será para siempre otro latido
del corazón de esta ciudad, que sentimos, todos, verde…
Y con usted se van, a la vez,
en una campiña sin tiempo, palpitando igualmente con usted,
sus hermanos de Chun-King,
o sus hermanos en el anhelo de ir hasta la flor
que tiembla aquí, o allá, o más allá, en el espacio del “Tao”…

juan l y el arbol

 

Traducido por Juan L.Ortiz – 1957.