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Archivo de la etiqueta: folclore

 

El gozante

Me dejo estar sobre la tierra porque soy el gozante.
El que bajo las nubes se queda silencioso.
Pienso: si alguno me tocara las manos
se iría enloquecido de eternidad,
húmedo de astros lilas, relucientes.
Estoy solo de espaldas transformándome.
En este mismo instante un saurio me envejece y soy leña
y miro por los ojos de las alas de las mariposas
un ocaso vinoso y transparente.
En mis ojos cobijo todo el ramaje vivo del quebracho.
De mi nacen los gérmenes de todas las semillas y los riego llorando con rocío.

Sé que en este momento, dentro mío,
nace el viento como un enardecido río de uñas y de agua.
Dentro del monte yazgo preñado de quietudes furiosas.
A veces un lapacho me corona con flores blancas
y me bebo esa leche como si fuera el niño más viejo de la tierra.

Miro los cachos del banano,
veo arañar sus dulces dedos de oro
y en las sandías
los genitales verdes del verano llenan mi corazón de poblaciones.
Siento que estoy tapado por luciérnagas
y que en mi pelo crece la niñez del relámpago.

Lo que pisa mi piel igual que arena lo traga para siempre.
La sombra de los pájaros es como un agua negra que acaricia mi nuca.
Una hormiga me deja su ají breve en la boca
y me voy a los tumbos en la noche
por el agujereado camino de los sapos.
¿Quién me arrima la paz de la tortuga?
¿Quién desempoza el tiempo de su cáscara?

Soy el que por la piedra lechosa del quirquincho
bebe en miel las abejas
como el rocío maduro de la música.
¿A dónde irán mis ojos llenos de hojas?
¿Por dónde en ellos vagará el cielo yéndose?

Me mira Dios y sé que aquí, yaciendo,
lo estoy haciendo despaciosamente.

De cara al infinito
siento que pone huevos sobre mi pecho el tiempo.
Si se me antoja, digo, si esperase un momento,
puedo dejar que encima de mi ingles
amamante la luna sus colmillos pequeños.

Miren mis ojos cuando yo estoy pensando a ver si es que les miento.
Zorros la cola como cortaderas,
gualacates rocosos,
corzuelas con sus ángeles temblando a su costado,
garza meditabundas
yararás despielándose,
acatancas rodando la bosta de su mundo,
todo eso está en mis ojos que ven mi propia triste nada y mi alegría.

Después, si ya estoy muerto,
échenme arena y agua. Así regreso.

 

Manuel Castilla

En el fondo del alma
Se ardió el silencio,
Para alumbrar la zamba
Para alumbrar la zamba
Que anda por dentro.

Flor de los yuyarales
Luz de madera
Olorando la tarde
Olorando la tarde
Cuando se quema.

Estribillo
Vuelvo cuando la copla
Se me desangra,
Y son la misma cosa
Y son la misma cosa
La flor, la zamba, ay
Y son la misma cosa
La flor, la zamba.
¡Ay! Y son la misma cosa
y son la misma cosa.
la flor, la zamba.

Rescoldo de mi tiempo
Fuego de zamba
Porque envidie tu sueño
Porque envidie tu sueño
Me hice guitarra.

Si una flor se brotara
Desde mi pecho
Yo mandare arrancarla
Yo mandare arrancarla
Para mi pueblo.

Letra y música: Hedgar Di Fulvio

Zamba del agua

Al nombrarte digo escarcha,
fuego dormido y sudor,
calles y esquinas mojadas
con lágrimas de ciudad;
lluvia que se eleva en flores,
primavera, espuma y sal.

Al nombrarte digo nubes,
savia, naufragio y amor,
arroyo que luego es vino,
luego sangre, luego adiós;
labios húmedos de besos,
madrugada, rocío y miel.

Manantial de augurios nuevos
por las venas del planeta,
luego emerges en espejos
en horizontes sin olas.
Magia del azul inmenso,
que en una sola gota está.

Al nombrarte digo hielo,
marea baja y café,
la orilla que no se alcanza,
el trago amargo y la sed;
todo blanco en la nieve,
lo negro en el profundo del mar.

Al nombrarte digo charcos,
quietud de estanque y cristal;
siembra, granizo y aljibe,
vista empañada al volver,
niebla que tiñe de ausencia
naranjales del Tucumán.

Manantial de augurios nuevos
por las venas del planeta,
luego emerges en espejos
en horizontes sin olas.
Magia del azul inmenso,
que en una sola gota está.

Poesía y música: Alberto Rojo

Para escuchar: http://www.goear.com/listen/cf942a1/zamba-del-agua-alberto-rojo