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Misterio

Ya escribió sus Tristias y se divierte

arrojando piedras y caracoles al mar.

Ovidio cumple cincuenta y nueve años

en su exilio de Tomis.

Está solo, enfermo y naturalmente abatido.

Las piedras son sus abuelas: él sabe escucharlas

y las reenvía de nuevo a casa.

Una de ellas revela una textura extraña

y habla en un idioma desconocido: late.

El poeta la lanza al cielo y desaparece

por la abertura de un rayo verde.

Me dirijo hacia las aguas

donde mi barca ya ha naufragado.

Es lo último que escribió

Christian Kupchik

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La noche y la mujer

¿Dónde empieza la una y termina la otra?

Flor
de la noche
hecha sólo
de resplandores,
pero brotada
de un suave secreto
del cosmos.

Con su más pura
vida
es forma de la sombra
que mira
y abre
blancas sonrisas.
Loca la noche de la ciudad la quema en reflejos.
¿Se muere en el día como una joya?

La noche de los árboles la entiende.
Y la calle iluminada
fija en ella su más viva y delicada pasión.

El alba sube (1933-1936)

Usar la propia mano como almohada.
El cielo lo hace con sus nubes,
la tierra con sus terrones
y el árbol que cae
con su propio follaje.
Sólo así puede escucharse
la canción sin distancia,
la canción que no entra en el oído
porque está en el oído,
la única canción que no se repite.
Todo hombre necesita
una canción intraducible.

Poemas de Caraguatá

 

III

Varios relojes invisibles miden
el pasaje de distintos tiempos.
Tiempo lento: las piedras
vueltas arena y cauce
del río.

Tiempo
de estiramientos:
despacioso, invisible
el reloj vegetal da la hora verde
la hora roja y dorada, la morada,
la cenicienta.

Todas acompasadas, silenciosas,
o con un son oscuro, que no oímos.

Apoyado a la vez en roca y árbol
un ser de parpadeos y latidos
un ser hecho de polvo de memoria
está allí detenido.

Y quiere penetrar disimuladamente
en otro ritmo, en otro tiempo
ajeno.

me puse a barrer de noche la casa
a empujar la tierra hacia la tierra

no se barre de noche /me dijo/
atrae las brujas les da aliento
para que vuelen

pensé en el viento que hace volar las nubes
pensé en mi primer mujer como una nube
como un río de agua por el cielo

pensé en algún machitún
un secreto de magia que hiciera llover
a mi mujer sobre la casa
amo su cuerpo desatándose como una tormenta
debajo de mi.

salí a la puerta para verla
me quedé un rato
con los ojos crucificados en la noche
el viento sólo trae hojas muertas en su baile

entré a la casa
mucho frío para estar hueveando afuera
y encima solo

planta / le dije /
esta mujer que ahora me falta
me va como piedrazo contra el hueso

a veces hay que hablar con las plantitas.

 

Jorge Spíndola, en perro lamiendo luna