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Enojo

Decimos no I
(Poema diario para acompañar a los cumpas en su marcha contra la megaminería)

El cuerpo sabe hablar
y habla.

Dice camino
y dice no
a la muerte.

Dice camino
y dice no
al saqueo.

El cuerpo sabe hablar
y habla.

Dice marchemos
por la ruta
paso a paso
juntémonos las partes
los nosotros,
este cuerpo de agua
espesa
cosida con mil hilos
de memoria.

Esas lenguas de oro
que hoy brillan
su abundancia
son la sequía
de nuestra propia
sed.

Las espigas soñadas
no son nuestro
alimento
ni nuestro sueño.

El cuerpo sabe hablar
y habla.

Camina
con los ojos abiertos.

 

Decimos no II

El viento es la bandera.

 

Las sombras que resisten

bajo el sol

rodado

en la meseta

flamean entre alas

abiertas.

 

El cielo con sus lonas

guarda el vuelo

necesario.

 

Nos ampara.

 

El viento es la bandera.

 

¿Escuchás como

lleva nuestra voz?

 

No pasarán

por aquí

no pasarán.

 

El caminar retumba

en la meseta,

esa madre infinita

que improvisa la humedad

y el verdor

en lo reseco.

 

El viento es la bandera.

 

¿Escuchás como

lleva nuestra voz?

 

No pasarán.

 

Luciana Mellado, tomado de revista op. cit y de Comunicación patagónica

 

 

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Le tengo rabia al silencio

Le tengo rabia al silencio por lo mucho que perdí
le tengo rabia al silencio por lo mucho que perdí,
que no se quede callado quien quiera vivir feliz
que no se quede callado quien quiera vivir feliz

Un día monté a caballo y en la selva me metí
un día monté a caballo y en la selva me metí,
y sentí que un gran silencio crecía dentro de mí
y sentí que un gran silencio crecía dentro de mí.
Hay silencio en mi guitarra cuando canto el yaraví
hay silencio en mi guitarra cuando canto el yaraví,
y lo mejor de mi canto se queda dentro de mí
y lo mejor de mi canto se queda dentro de mí.
Cuando el amor me hizo señas todo entero me encendí
cuando el amor me hizo señas todo entero me encendí,
y a fuerza de ser callado, callado me consumí
y a fuerza de ser callado, callado me consumí.

 

Siento que, al doblar,
nos encontraremos ahí,
como beduinos
incontenibles.

En los umbrales
de la civilización,
que espera
con vino
y zozobra.

Traspasaremos
con un canto arrollador
sus arcos de mármol
y muerte.

Niños hermosos,
orgullosos de su integridad,
no extraña que callen
ante el peligro.

Profundos cristales,
frías cavidades.
Muecas groseras
estafadas.

Enriquecidos
exégetas tecnocráticos,
que con tus costillas
alzan emporios.

¡Cómo olvidar
a esos cómplices del dolor
codificando su pupilaje!

Promiscua belleza
lacera tímidos cuerpos,
tu impertinencia
disuelve miedos.

¡Vive en vos!, amigo mío, ya lo sé.
La ciudad se abre a tus pasos…

Cuando el tiempo
era más que inmensidad,
tu sombra brillaba
junto al diablo.

Y en esa vigilia,
la perpetua llama
siempre arrojó luz
a otros caminos.

Si esta noche no tengo respuestas,
esta noche
te mataré.
A vos,
nene blanco sigiloso.

Ese reguero
de incontables farsas…
ya es tiempo
de expiarlas.

semi-parado en un semi-punto indefinido de la tierra
semi-fumaré un semi-cigarrillo
semi-iré a mi semi-trabajo
semi-cumpliré con mis semi-tareas
semi-descansaré
cuando semi-vuelva a mi semi-casa
semi-derrumbada
semi-haré semi-cuentas semi-inútiles

semi-leeré semi-libros
semi-beberé semi-cervezas
me semi-informaré con semi-noticias
semi-escribiré semi-poemas
semi-saldré a la semi-noche
semi-cocinaré semi-alimento
semi-escucharé semi-música
semi-amaré las semi-cosas que me semi-rodean
semi-odiaré con semi-fuerza
semì-lloraré con semi-desconsuelo
semi-fracasaré
semi-putearé
semi-pensaré

semi-discutiré con otros semi-hombres
y otras semi-mujeres
sobre la semi-situaciòn de mi semi-país
que es una semi-colonia
semi-ubicada en un semi-punto
difuso de la tierra

hasta que lo único entero
sea el hartazgo

 

 

¡Máscaras! ¡Oh máscaras!
Máscara negra, máscara roja,
máscaras blanquinegras.
Máscaras de todo horizonte
de donde sopla el Espíritu,
os saludo en silencio.
Y no a ti el último Antepasado
de cabeza de León.
Guardáis este lugar prohibido
a toda sonrisa de mujer,
a toda sonrisa que se marchita.
Destiláis ese aire de eternidad
en el que respiro el aliento de mis Padres.
Máscaras de rostros sin máscara,
despojados de todo hoyuelo y de toda arruga,
que habéis compuesto este retrato,
este rostro mío inclinado sobre el altar de blanco papel.
A vuestra imagen, ¡escuchadme!
Ya se muere el África de los imperios,
es la agonía de una princesa deplorable.
Y también Europa
a la que nos une el cordón umbilical.
Fijad vuestros ojos inmutables
en vuestros hijos dominados que dan su vida como el pobre su última ropa.
Que respondamos con nuestra presencia
al renacer del mundo,
como es necesaria la levadura a la harina blanca.
¿Pues quién enseñaría el ritmo de las máquinas
y de los cañones al mundo desaparecido?
¿Quién daría el grito de alegría para despertar
a muertos y a huérfanos al amanecer?
Decid, ¿quién devolvería el recuerdo de la vida
al hombre de esperanzas rotas?
Nos llaman los hombres del algodón,
del café, del aceite,
nos llaman los hombres de la muerte.
Somos los hombres de la danza,
cuyos pies recobran fuerza
al golpear el duro suelo.

 
Léopold Sédar Senghor

El que atrasó el reloj

¡Che, Pepino!
Levantate ´e la catrera
Que se ha roto la tijera
De cortar el bacalao.
¿Qué te has créido?
¿Qué dormís pa´ que yo cinche?
¡Andá a buscar otro guinche
si tenés sueño pesao!
¡Guarda, que te cacha el porvenir!
¡Ojo! Que hoy anda el vento a la rastra,
El que tiene guita, lastra
Y el que no, se hace fakir!

¿Querés que me deschave
y diga quién sos vos?
¡Vos sos, che, vagoneta
el que atrasó el reloj!

¿Con qué herramienta te ganás la vida?
¿Con qué ventaja te ponés mi ropa?
¡Se me acabó el reparto ´e salvavidas!
Cachá esta onda: ¡Se acabó la sopa!
A ver si cobrás un poco ´e impulso
Pa´ que esta vida de ojo no se alargue,
Ya estoy en yanta de llevarte a pulso
Buscate un changador pa´ que te cargue.

Si hasta creo…
Que naciste de un carozo,
¡Sos más frío que un bufoso!
¡Ya no te puedo aguantar!
En la sangre…
Me pusiste un bombiya
Y hoy me serruchás la silla
Cuando me quiero sentar.
¡De esta, ya no te salva ni el gong!
¡Guarda, que se me pianta la fiera!
¡Levantáte ´e la catrera
que voy a quemar el colchón!

¿Querés que me deschave
y diga quién sos vos?
¡Vos sos, che, vagoneta
el que atrasó el reloj