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Luz

Preguntas adioses reencuentros
XI

Y éste es el sol, no el del poema, sino el sol, el que
ilumina,
y ésta es la mujer que cegaba como un sol en el centro
de la noche,
y ésta es la luz, la que transparenta los árboles que
tiemblan en el aire como si palabras fuesen:

-¿Falta mucho para la ciudad siempre lejana?

-No sé, pero recuerdo como si fuese ahora: sobre sábanas muy blancas y encrespadas, todo el mar

¿Para qué creamos y nos jactamos de ser poetas? Para ser instrumentos de la luz.
(…)

La poesía siempre fue como un solo mensaje. Lo arruinaron después, con las escuelas del psicoanálisis, las modas. Entonces los inocentes creen que: “Ah, por ahí es” y se largan en tropel y no es así. Lo sencillo, eso es.
(…)
siempre los habitantes del misterio están ahí esperando que uno diga: “ah, vos sos mi amigo”. Siempre me atrajo el misterio. Pero no el misterio truculento, de novelón, sino el del ámbito, el misterio del acontecer.
(…)
el drama es uno solo. El drama de existir felizmente no se extingue ni se extinguirá nunca. Entonces cada uno lo aborda desde su puente, su puentecito. Eso es todo, nada más. Nada más, y es con la obligación de compartir eso que yo voy prodigando lo que sé con gran generosidad.
(…)
No somos seres extraordinarios porque nos decimos poetas, somos extraordinarios porque hemos tenido la suerte de nacer en este planeta, así como está, todo estropeado, pero con una historia de siglos y eso no se puede olvidar. Sucede como quien junta piedritas en la playa, “a ver”, dice, y junta las más simpáticas y las pone en una bolsita. Pero si uno se pone a ver y a dialogar con esa piedrita, esa piedrita tiene mucho que contar. Todo tiene mucho que contar.
(…)
Yo lo que más admiro en cualquier ser vivo es el respeto.
(…)
“la playa exalta mi sombra / en tanto el mar sea mar, no moriré”.
(…)
yo no creo en la muerte, yo creo que somos una vibración infinita. No soy de ninguna secta, no te asustes. Esa es la traducción verdadera, en mí, en otro será de otra forma, de las circunstancias del existir.
(…)
Lo “obvio”, un tema que le suele gustar a mi nieto: “obvio”, dice; bueno, lo obvio ponélo a un costado, y lo otro ya vendrá solito y descalzo.
(…)
Siempre te vas a encontrar con desconocidos, siempre es cuestión de no temerles, sino de averiguar a tiempo con qué intenciones vienen. Y que no se tergiversen mis palabras, que no se tergiverse el mensaje. Para mí, mi mensaje es la luz, ya con eso está bien, después cada uno le da el vuelo que cree. ¿Sabés lo que yo hago a veces? Caleidoscopios, mi padre me enseñó cuando era chica, viste que es una aparente ilusión. Así es la poesía, también.

 

En http://apuntesdeosvaldoaguirre.blogspot.com.ar/2007/04/que-late-late-late-late-entrevista.html

El corazón de las tinieblas

“Existía entre nosotros, como ya lo he dicho en alguna otra parte, el vínculo del mar. Además de mantener nuestros corazones unidos durante largos periodos de separación, tenía la fuerza de hacernos tolerantes ante las experiencias personales, y aun ante las convicciones de cada uno. El abogado, el mejor de los viejos camaradas tenía, debido a sus muchos años y virtudes, el único almohadón de la cubierta y estaba tendido sobre una manta de viaje. El contable había sacado la caja de dominó y construía formas arquitectónicas con las fichas. Marlow, sentado a babor con las piernas cruzadas, apoyaba la espalda en el palo de mesana. Tenía las mejillas hundidas, la tez amarillenta, la espalda erguida, el aspecto ascético; con los brazos caídos, vueltas las manos hacia afuera, parecía un ídolo. El director, satisfecho de que el ancla hubiese agarrado bien, se dirigió hacia nosotros y tomó asiento. Cambiamos unas cuantas palabras perezosamente. Luego se hizo el silencio a bordo del yate. Por una u otra razón no comenzábamos nuestro juego de dominó. Nos sentíamos meditabundos, dispuestos sólo a una plácida meditación. El día terminaba en una serenidad de tranquilo y exquisito fulgor. El agua brillaba pacíficamente; el cielo, despejado, era una inmensidad benigna de pura luz; la niebla misma, sobre los pantanos de Essex, era como una gasa radiante colgada de las colinas, cubiertas de bosques, que envolvía las orillas bajas en pliegues diáfanos. Sólo las brumas del oeste, extendidas sobre las regiones superiores, se volvían a cada minuto más sombrías, como si las irritara la proximidad del sol.”

La lluvia de verano

I

El más querido y no por eso
Menos cruel
De todos nuestros recuerdos, la lluvia de verano
Repentina, breve.

Salíamos, y era estar
En otro mundo
Nuestras bocas se embriagaban
Del olor de la hierba

Tierra
El manto de la lluvia se extendía sobre ti.
Aquello era como el seno
Que hubiese soñado un pintor.

 

II

Y de pronto en el cielo
Percibíamos
Ese oro que la alquimia
Había buscado tanto.

Lo tocábamos, brillante
Sobre las ramas bajas,
De aquello amábamos el gusto
Del agua, sobre nuestros labios.

Y cuando recogíamos
Ramas y hojas secas
Ese humo al final de la tarde, brusco, ese fuego,
Era también el oro.

 

Yves Bonnefoy, en La lluvia de verano

Poema de la curva

No es el ángulo recto lo que me atrae,
ni la línea recta,
dura, inflexible creada por el hombre.
Lo que me atrae es la curva libre y sensual;
la curva que encuentro en las montañas de mi país,
en el curso sinuoso de sus ríos,
en las olas del mar,
en el cuerpo de la mujer preferida.
De curvas está hecho todo el universo,
el universo curvo de Einstein.

Oscar Niemeyer (1907-1912)

 

La vida es un soplo. Documental sobre Oscar Niemeyer.

Director: Fabiano Maciel
Año: 2007
País: Brasil.