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Rezar

Escribir, decidirse a escribir un poema, un poema a lo largo de días, cualidad, pacto, ha de parecerse a la antigua posibilidad curativa -curativa a fuerza de narrativa- de los almanaques de nuestra Infancia, leerlos en voz alta podía salvarnos del más temible de los males, la descreencia.

Rugosidad de la lengua —lengua arribando a dialecto por necesidades de belleza—, a punto de recoger como el agua dulce de la lluvia las tinas de la galería, los versos de un poema, combinaciones ¡cuánto tiempo, silencio entre verso y verso!, palabras que se yerguen en el punto de mayor hondura de una tierra entrerriana, ustedes, tinas, se iban llenando lentamente de la noche, grávidas de la lluvia que rendía pastizales, lluvia con estas palabras dentro.

A esas horas en que tu silencio aprieta, te lleva de la mano como al niño perdido.

 

(de: Apuntes para una reencarnación)

Arnaldo Calveyra (Argentina, Entre Rios, Mansilla, 1929-París, 2015)

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Poetas

La poesía viene y yo comedido
me ofrezco de puente para que llegue a otros.
Ella en el mundo de las analogías busca
relaciones ocultas y me las dicta.

Y es difícil ser fiel porque uno mete
palos de ciego, ocurrencias, vacío.
Ella aspira ha hermosura
de fondo y forma, quel poema dé
chispa y se hunda en tierra-tiempo donde
se pierda la firma del que transcribe.

Es que soñaste ser creador
pero la poesía te usa abusa
de tu ignorancia y te hace creer que sí,
quel poema es tuyo cuando sos
el muñeco del ventrílocuo Sol
Viento Camino Cielo Amor y Dolor.

 

 

Una importadora

La señora Alguien estuvo en Asia.
Lo que ella trajo de vuelta los sorprendería.
Bambúes, marfiles, jades y lacas,
Petardos que asustan como un demonio,
Recetas para el té con manteca,
Enredos sagrados para cuchichear:
Subterfugios para salvar el prestigio,
Un desarrollado gusto en jarrones,
Polémicas ya demasiado viejas para nombrar
Contra la invención americana—
Sobre todo de la producción en masa
Destinada a demostrar nuestra destrucción
¿Qué son los teléfonos, los rascacielos,
Las máquinas de afeitar, el periódico Sunday
Si no la forma más estúpida de evadir
Las verdades que le debemos a los asiáticos?
Pero su mejor exponente
Era una máquina para orar del Tibet
Que por medio de la energía de un arroyo en el jardín
Repetía constante Perdón, perdón;
Mientras el pintoresco mecanismo
Marcaba el ritmo de un reloj solar en la escena—
Las máquinas más primitivas
Produciendo en masa la venganza.
¿Enseñarle a esos asiáticos la producción en masa?
Enséñale a tu abuela cómo chupar un huevo.

 

An importer

Mrs. Someone’s been to Asia.
What she brought back would amaze ye.
Bamboos, ivories, jades, and lacquers,
Devil-scaring firecrackers,
Recipes for tea with butter,
Sacred rigmaroles to mutter,
Subterfuge for saving faces,
A developed taste in vases,
Arguments too stale to mention
‘Gainst American invention—
Most of all the mass production
Destined to prove our destruction.
What are telephones, skyscrapers,
Safety razors, Sunday papers
But the silliest evasion
Of the truths we owe an Asian?
But the best of her exhibit
Was a prayer machine from Tibet
That by brook power in the garden
Kept repeating Pardon, pardon;
And as picturesque machinery
Beat a sundial in the scenery—
The most primitive of engines
Mass-producing with a vengeance.
Teach those Asians mass production?
Teach your grandmother egg suction.

 

 

Robert Frost, San Francisco, 1874- Boston, 1963. De ‘In the clearing’. En The Poetry of Robert Frost, ‘The collected poems, complete and unabridged’, Henry Holt and Company, New York, 1979. Versión ©Silvia Camerotto

Tomado de http://desibilasypitias.blogspot.com.ar/

Las patrullas de la vegetación se detuvieron antaño sobre la estupefacción de las rocas. Mil palitos del terciopelo de seda se sentaron entonces a la manera de sastres.

Desde entonces, desde la aparente crispación del musgo adherido a la roca con sus lictores, en el mundo apresado en un enredo inextricable y atascado ahí abajo, todo se atropella, patalea, se sofoca.

Y no solo eso: los pelos han crecido, con el tiempo todo se ha ensombrecido más.

¡Oh preocupaciones de pelos cada vez más largos! Los profundos tapices, en posición de ruego cuando uno se les sienta encima, se levantan hoy con sus aspiraciones confusas. Así, se producen no sólo sofocaciones, si no ahogamientos.

Ahora bien, escalpar simplemente de la vieja roca austera y sólida esos terrenoos de felpa, esos felpudos húmedos, por saturación se hace posible.

 

Francis Ponge, De parte de las cosas (traducción de Alfredo Silva Estrada, Monte Ávila Editores, Caracas)