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Instante

Vuelvo a mi casa por la noche
recorriendo el camino del arroyo:
en el fondo, entre piedras, pasa el agua
negra, veteada de reflejos,
en un lento murmullo solitario,
mientras transcurren en lo alto
de la hilera de árboles,
más silenciosas, las constelaciones.
Aquí me quedaría
para siempre,
en esta calle oscura
de tierra apisonada,
asomado al susurro del arroyo
que dice hora tras hora su secreto
como el otro, callado, de los astros
indescifrable para siempre.

 

Pablo Anadón, en El trabajo de las horas

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La tormenta

Giorgione se inspiraba en la tormenta
para exaltar la calma pensativa.
La atención hace igual: no se lamenta,

se vuelca en la mirada detenida,
como una fuente. Arriba,
el rayo, abajo el esplendor

de la tarde dorada, suspendida
como una flor.
La mujer amamanta, el caminante

respira resplandor.
Todo vibra sereno y delicado
sin límites precisos. Una ruina

es un único ahora del color,
como el árbol, el puente o la cortina
de nubes. La atención

es su fuente:
el mundo es diferente,
ahora o nunca.

 
Hugo Padeletti, en Guirnaldas para un luto

“Toda protesta política profunda es invocar una justicia ausente, y la acompaña la esperanza de que en el futuro esa justicia quede establecida; esta esperanza, sin embargo, no es la razón primera para protestar.La gente se manifiesta porque no hacerlo es demasiado humillante, demasiado aplastante, demasiado letal. La gente protesta (monta una barricada, toma las armas, se va a huelga de hambre, se toma de las manos para gritar o escribe) con el fin de salvar el momento presente, sin importar lo que traiga el futuro.”

“Las cosas obedecen al soplo vital. Se nace para gozar. Y gozar ya es nacer. En cuanto a mí nada sé. Lo que tengo me entra por la piel y me hace actuar sensualmente.
No quiero sacrificar mi día de hoy por el de mañana. Estoy un poco asustada. No sé adónde me llevará esta alegría suelta como un caballo.
Quisiera sacarle una foto a este instante.
Hoy es martes y este martes está hecho del más puro aire y la más pura felicidad. Cada minuto que pasa es un milagro que no se repite”.

 

Ver la poesía

Mi primer poema hablaba del mar. La maestra preguntó como al pasar si alguien me había ayudado en casa y recuerdo haber pasado buen rato con los puños apretados debajo del banco.
Escribía y recitaba en las fiestas familiares. Torturaba a mis primos disfrazándolos de pastores o reyes, haciéndoles memorizar pequeños parlamentos.
Luego fue la lucecita de una radio Spica en las noches escuchando a Tom Luppo recitar en el Subamarino Amarillo.
Una tarde sobre la calle Corrientes compré mis dos primeros libros de poesía. Hotel pájaro de Enrique Molina y Antología poética de Olga Orozco; fue una revelación. Como una advertencia en la puerta de acceso a mi cuarto podía leerse:

¨Corrompidos por un resplandor de ríos y de grandes sorpresas
hemos perdido
para siempre la paciencia de las familias.
Fuimos demasiado lejos. Libres y sin esperanza como despúes del veneno y del amor
nuestra fuerza es ahora una garra de sol
los labios mas infieles
y apenas nos reconocemos por esas extrañas costumbres
de tatuarnos el
alma con la corriente¨

Esos versos de Molina fueron casa y talismán. Compré 22 de esos libritos del Centro Editor para repartir entre los amigos. Con la poesía de Orozco comenzó un diálogo para toda la vida.
Pero la experiencia que más me acerca a la poesía no está vinculada a los libros sino a mi padre. Íbamos en su camioneta roja hacia el sur atravesando una zona de sierras y atardecía. De pronto él apagó el motor de la F100 que siguió la pendiente suave hasta detenerse. En la radio sonaba Mozart.
Vi la silueta de mi padre cruzando el sol, danzando recortadas sobre los violetas del cielo.
Él me enseñó que la poesía es detenerse a mirar.

 

Marisa Negri. Poesía en la Escuela. Septiembre 2011.

http://poesiaenlaescuela.blogspot.com.ar/

Lo pequeño, lo ínfimo, lo que se quiebra delante de un mínimo roce; aquello que es inútil, inservible; lo que dura poco menos que un instante que de por sí ya es mínimo, lo que deshecha el oro, la turbia civilización y la blasfemia; incluso lo que no se recuerda demasiado, lo impar, lo insuficiente, el zapato suelto sin cordones, lo incompleto, lo débil, la manzana a medio comer, la fragilidad del tiempo, de la sílaba y de la arena; lo dócil, lo que no se pronuncia porque todavía no es palabra, lo que no se calla porque por ahora no es silencio, el árbol o la flor que quizá brote, o un niño demasiado arropado o en desamparo: éste es el mundo.

 

Carlos Skliar, publicado en su muro de facebook