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Coplas

Coplas para la tejedora

 
Cómo se te ovilla el tiempo
en su corazón de lana
sangrando en el movimiento
por las cribas de la trama.

En el aire vi unas manos
y en las manos la tibieza
y en lo tibio del hilado
el hielo de la tristeza.

Ven y téjeme las notas
en los puntos de la urdimbre
paso a paso y gota a gota
con tus agujas de mimbre.

Ay, Edilia si te olvidas
de anudar tus propios pasos
va a venir la noche un día
a dormírsete en los brazos.

En el sueño, tejedora,
donde tus lanas te alumbran
te soñás tejiendo auroras
en medio de la penumbra.

Artes de adivinadora
te cuentan lo sucedido
y tus lanas lo atesoran
en la piel de tu tejido.

Quién te habrá dado esa prisa
prendida en colores fuertes
y en los bordes de ceniza
lentitudes de la muerte.

Cuando sientas en tu hilado
que mi tiempo se ha vencido
dibujame un sol gastado
con las hebras del olvido.

Seis poemas de niños del taller de Mirta Colángelo en el Patronato de la infancia de Bahía Blanca.

 

Si lo ves al tiburón
salí nadando ligero
que si te clava los dientes
mamita, qué flor de “aujero”.

José Guzmán

 

Anoche soñé con vos
niña de ojos marrones
me decías mi negrito
cuando pelabas morrones.
Juan Vargas

 

De copete paradito
y su peinado de mister
el tero enamora teras
y si lo mirás perdiste

Antonela Pignotti

 

Elegante señorita
sube alto y muy veloz
la golondrina parece
una ilusión que voló

Yamila Calfumán

 

En el eucalipto
vive la bandada
de tordos muy negros
salen de la nada

Yamila Calfumán

 

La banana
es una anguila amarilla
le pego un mordiscón y chilla
anguila
amarilla
chilla

Isaías Vargas

 

 

Algunos en: elprocedimientodelainfancia.blogspot.com.ar/2007/02/seleccin-de-textos-i.html

Todos en: issuu.com/secretariadecultura/docs/basta_de_anecdotas

 

 

Mamá Rosa canta y conversa con la tierra, arrodillada frente al hoyo: “Para que vuelva a los potreros el novillo perdido. Para que la nieve y las heladas no perjudiquen los pastos… Para que los changos sean grandes y buenos. Para que el tigre y la víbora no mermen el ganado en los montes. Para que ella, Mamá Rosa, vieja, enferma y casi ciega, pueda dirigir futuras corpachadas …

Eusebio Colque también tiene algo que decir a la tierra. Se arrodilla. Y mientras habla, va depositando en el hoyo, lentamente, hoja tras hoja, la coquita de su chuspa, y algún fleco de su poncho. Por el tajo breve de sus ojos penetra, el crepúsculo montañés con su frío, su niebla y su misterio, y alimenta el espíritu de ese hombre de los caminos.

Y Eusebio murmura apenas: “Para que mis burritos no se me lo mueran. Para que mis pieses no se cansen aunque yo esté viejo. Para que mi mujer se sane de ese mal que no la deja respirar. Para que mi hijo que está en Yavi, no sea ingrato, y me lo traiga a mi nieto, así lo puedo ver, y acariciar, y contarle muchas cosas que él debe saber . . .”

Y el hoyo simbólico sigue recibiendo las ofrendas de Mamá Rosa, de Eusebio Colque, de Mamerto Mamaní, de todos, hasta de las puesteritas y de los changos del fogón, hasta del maestro de la escuelita de Molulo, abajeño que asiste, entre curioso y conmovido, a la ceremonia de la corpachada.

Dirigidos por Mamá Rosa, todos cantan la copla ritual:

“Que la Pachamama los reciba,

 regalitos de la tierra …

Que la Pacha nos ampare,

que multiplique la hacienda …

 Aunque se agrande el corral,

que se güelva cielo y tierra…”

El aire se pone más helado. El nublado se asienta, sobre el abra. Está cerrando la noche y el alma de las piedras está dolorida de murmullos. Por los listones de los ponchos, ruedan hasta temblar en la punta de los flecos, las lágrimas del ocaso.

Atahualpa Yupanqui, en El canto del viento

La copla

Pescador de mar adentro
Mi amigo siempre cantaba.
Un día volvió su copla
Con el adiós de la barca.

Vi correr sangre minera
Por un pan endurecido.
junto á la mano crispada
la luna se volvió trigo.

No me dé penas la vida,
Me sobra con la que tengo.
Como el quebracho del monte
Sobre el hachazo florezco.

Trabaja el indio en la piedra
Su socavón de silencio,
Y á su sombra se cobija
Mi corazón cancionero.

Lo siento gemir al viento
Cruzando montes de espinas.
Salgo al camino y le grito
Para servirle de guía.

Allá por el cielo arriba
Va la luna lastimada,
Como una copla perdida
Que ya no tiene guitarra.

Trabaja el indio en la piedra
Su socavón de silencio.
Y á su sombra se cobija
Mi corazón cancionero.

http://www.youtube.com/watch?v=o3-rb4zycqU