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Saludo

Escúchenme hermanitos míos
… Muy amados hermanitos míos
aquí de pie
les hablo
desde una esquina de mi discurso
desde un rincón de mi aliento
Muy amados hermanitos míos
estoy aquí
al pie del alto y gran palacio de las
escrituras
para ordenar con urgencia
mis palabras en sus oídos
para ordenarles con urgencia
mis palabras
en el gran oído de sus corazones
en el gran oído de sus profundos
corazones
Muy amados hermanitos míos
aquí de pie
les hablo
desde el dulce tronco de la dulce
estirpe
de la dulce lengua maya
de mis abuelos muertos
desde el dulce tronco de la dulce
estirpe
de la dulce lengua maya
de mis abuelas muertas
muy amados hermanitos míos.

 

 

U’yeneex in uídzineex
… In jet yámaj in uídzineex
ua’lakbalén uayé
kin t’anikeex
tu jun xuk’ in tzeek
tu jun tuuk’ in uik’
in jet yámaj in uídzineex
ua’lakbalén uayé
tu chun ka’anal noj naj dziib
u tial in jan jan tzolik
u uooj in t’an ta xikineex
u tial in jan ja tzolikteex
u uooj in t’an
tu noj xikín a uóleex
tu noj xikín a puksñík’aleex
in jet yámaj in uídzineex
ua’lakbalén uayé
kin t’anikeex
tu ki’ chun u ki’ ch’ibal u ki’ maya
t’an
in kimén noj mam
tu ki’ chun u ki’ ch’ibal u ki’ maya
t’an
in kimén noj mim
in jet yámaj in uídzineex

 

Wademar Noh Tzec,
Noj Bálam, 1998

 

“Persiste en el negro cubano, con tenacidad asombrosa, la creencia en la espiritualidad del monte. En los montes y malezas de Cuba habitan, como en las selvas de África, las mismas divinidades ancestrales, los espíritus poderosos que todavía hoy, igual que en los días de la trata, más teme y venera, y de cuya hostilidad o benevolencia siguen dependiendo sus éxitos o sus fracasos.

El negro que se adentra en la manigua, que penetra de lleno en un “corazón de monte”, no duda del contacto directo que establece con fuerzas sobrenaturales que allí, en sus propios dominios, lo rodean: cualquier espacio de monte, por la presencia invisible o a veces invisible de dioses y espíritus, se considera sagrado. “El monte es sagrado”, porque allí residen, viven, las divinidades. “Los santos están más en el monte que en el cielo”.

(…)

Dominio natural de los espíritus, muchas de los cuales han visto con sus propios ojos y más despiertos, algunos de mis más serios y convencidos informantes, viejos y jóvenes, el monte, lógicamente, es un lugar peligroso para que los que se aventuran en él sin tomar precauciones. Toda cosa aparentemente natural excede los límites engañosos de la naturaleza; todo es sobrenatural. (…) Para que el monte sea propicio al hombre y lo ayude en sus empeños, es menester “saber entrar en el monte”. (…) Cedo la palabra a Gabino Sandoval (…): “(…) el monte es como un templo. (…) Nosotros los negros vamos al monte como si fuese una iglesia (…) a pedirles lo que nos hace falta para nuestra salud y para nuestros negocios. (…) El monte encierra esencialmente todo lo que el negro necesita para su magia, para la conservación de su salud y de su bienestar; todo lo que le hace falta para defenderse de cualquier fuerza adversa, suministrándole los elementos de protección –o de ataque- más eficaces. No obstante, para que consienta en que se tome la planta o el palo o la piedra indispensables a su objeto, es preciso que solicite respetuosamente su permiso y, sobre todo, que le pague religiosamente con aguardiente, tabaco, dinero, y en ciertas ocasiones, con la efusión de la sangre de un pollo o de un gallo, el derecho, el tributo que todos le deben. (…) Dentro del monte, cada árbol, cada mata, cada yerba, tiene su dueño, y con un sentido de propiedad perfectamente definido””

 

CABRERA, Lydia (1993 [1985]), El monte, La Habana, Editorial Letras Cubanas