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Archivo de la etiqueta: árabe

Habito esta casa

este dominio

de derecho camino

este carril del tiempo

este movimiento

este punto donde como un sol

infla y se reabsorbe

el instante

 

habito mi parte de vivir

la causa perdida del ausente

el eco y la edad de la mañana

la voz que dice el amor

el otro ritmo de las islas

 

habito el nombre secreto

de cada cosa

las palabras

el surgimiento

el destello provocado

por sus metamorfosis

 

habito el vuelo la angustia

y el reposo

la otra orilla

donde fusionan los contrarios

y esta intersección de palmas

donde se despliega el canto

 

habito las llenas

colinas del día

y las revelaciones de la noche

 

habito todos los tiempos

aquel de entera inocencia

y aquel que sobrevive

al inesperado mañana del poema

 

habito en las franjas del mundo

en la espuma y el viento

este imposible lugar

a las puertas del silencio

 

sombra a la luz

dando cuerpo a la sombra

y forma a la forma

soy

y no soy aún

 

Amina Saïd, Arenas funámbulas, El Perro y la rana, Caracas, 2006 (traducción de Myriam Montoya)

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Todos los ciegos pedían en nombre de Dios, y me­diante la limosna podía obtenerse de Él algún favor. Empezaban con Dios, terminaban con Dios y repetían su nombre diez mil veces al día. Todas sus letanías contenían su nombre de varias formas, pero la letanía a la que se aferraban desde un principio permanecía inal­terable. Son arabescos acústicos en torno a Dios, pero mucho más expresivos que ópticos. La mayoría confiaban únicamente en su nombre, y sólo a éste clama­ban. Hay en ello una obstinación terrible; se me pre­sentaba Dios como un muro al que acometiesen siempre por el mismo lugar. Pienso que los mendigos se man­tienen mejor gracias a sus fórmulas que a lo mendigado. La repetición de la misma letanía caracterizaba al vo­cero. Se le queda a uno grabado, llega a conocérsele, está siempre ahí; expresa una concreta identidad precisa al igual que su letanía. No sabremos nada más de él, cuida de protegerse, la letanía también es su frontera. En un lugar semejante él es exactamente eso; lo que vocea, ni más ni menos; un mendigo ciego. Pero la letanía también es una multiplicación, cuya rápida y re­gular repetición hace de ella un conjunto. Se da en ello una particular capacidad de postulación: reclama para muchos y acopia para todos. «¡Piensa en todos los men­digos, piensa en todos los mendigos! Dios te bendice por todos los mendigos a los que des.»

 

Elías Canetti, en Las voces de Marrakesh

EL COLOR DEL AGUA

Tu color es el color del agua,

oh cuerpo del lenguaje

allí donde el agua es

levadura, rayo o fuego.

El agua se enciende y se convierte en rayo, se convierte

en levadura y en fuego,

en nenúfar

que pide mi almohada

para dormir…

Oh río del lenguaje,

viaja conmigo dos días, dos semanas por la levadura de los secretos,

recogeremos mares, descubriremos madreperlas,

lloveremos rubíes y ébano,

aprenderemos que la magia

es un hada negra

que no se enamora más que de el mar.

Viaja conmigo, aparece aquí… desaparece allí…

y pregunta conmigo, oh río del lenguaje,

por la concha que muere para convertirse

en nube roja

de lluvia,

en isla

que camina o vuela,

pregunta conmigo, oh río del lenguaje,

por una estrella cautiva

en las redes del agua

que lleva entre sus pechos

mis últimos días.

Pregunta conmigo, oh río del lenguaje,

por una piedra de la que brota el agua,

por una ola de la que nace la roca,

por el animal del almizcle, por una paloma de luz.

Desciende conmigo por el tragaluz de las tinieblas

al lugar

donde habita el tiempo roto

para que el lenguaje sea

un poema que se viste con el rostro del mar.

Traducción de María Luisa Prieto