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Tristeza

semi-parado en un semi-punto indefinido de la tierra
semi-fumaré un semi-cigarrillo
semi-iré a mi semi-trabajo
semi-cumpliré con mis semi-tareas
semi-descansaré
cuando semi-vuelva a mi semi-casa
semi-derrumbada
semi-haré semi-cuentas semi-inútiles

semi-leeré semi-libros
semi-beberé semi-cervezas
me semi-informaré con semi-noticias
semi-escribiré semi-poemas
semi-saldré a la semi-noche
semi-cocinaré semi-alimento
semi-escucharé semi-música
semi-amaré las semi-cosas que me semi-rodean
semi-odiaré con semi-fuerza
semì-lloraré con semi-desconsuelo
semi-fracasaré
semi-putearé
semi-pensaré

semi-discutiré con otros semi-hombres
y otras semi-mujeres
sobre la semi-situaciòn de mi semi-país
que es una semi-colonia
semi-ubicada en un semi-punto
difuso de la tierra

hasta que lo único entero
sea el hartazgo

 

 

Razones

cuando era chico
tenía un perro en el fondo de mi casa
y nunca jugaba con él
lo tenían atado
cuando lo soltaban, me encerraba y lo miraba
desde la ventana
no era malo
nunca había mordido a nadie
cuando me pedían que le diera huesos
se los tiraba desde lejos
cuando muró quedé muy contento
y muy triste a la vez
sentí que nunca podría amar a alguien
mi madre me dijo que no fuera tan dramático
que dejara para despúes

Extrañamiento

Apareció nun árbol de la plaza, supe
no era paloma casera sino
venida del campo. Oí su canto salvaje:
kuúu ku ku kuúu.
Lamentábase, decía que
este mundo de la ciudá es confuso es
puro ruido.

Lloraba eso y tomé la palaba, dije
te asusta la ciudá y viniste
a compartir conmigo tu extrañamiento
pero no necesito ayuda gracias no
quiro escuchar conferiencias tristes.

La paloma voló seguramente
para no insistir con su lamento.
O sea: nun banco de la plaza quedé ntrinstecido
e iba kuúu ku ku kuúu runrunear yo también
pero tuve miedo
no fuera que algún transeúnte pudiera pensar
¿qué le pasa a este güevón?
Por eso es quedé pensativo, mudo, claro:
Allá en los lejos campos de mi querer
la soledá no andaba adentro de uno,
sino afuera y sin hacer ruido.

 

Jorge Leónidas Escudero

Sí, las rosas
y el canto de los pájaros.
Toda la hermosura del mundo,
y la nobleza del hombre,
y el encanto y la fuerza del espíritu.
Sí, la gracia de la primavera,
las sorpresas del cielo y de la mujer.
¿Pero la hondura negra, el agujero negro,
obsesionantes?

Sí, Dios, lo divino,
a través de la rosa y del rocío,
y del cielo móvil de unos ojos,
¿pero el vacío negro, el horror vago y permanente de la sombra?

Sí, muchachas en la tarde,
niños en los jardines,
paisajes que suenan como melodías perfectas,
versos de Rilke o de Brooke,
entusiasmo generoso de las jóvenes almas
capaz de cambiar el mundo,
belleza del sacrificio y del ideal,
y el amor, y el hijo y la amistad,
¿pero el vacío negro, el escalofrío intermitente del abismo?

 

 

 

En  El alba sube

El poeta

Hora, de mí te alejas.
El batir de tus alas me hace heridas.
Solo ¿qué puedo hacer yo con mi boca?
¿Y con mi noche? ¿Y con mi día?

No tengo amada, ni tengo casa,
ni ningún sitio en que vivir.
Todas las cosas, a las que me entrego,
se enriquecen y me disipan.

(Poema extraído de CARTAS A UN JOVEN POETA. POEMAS. Traducción, selección y notas: Oscar Caeiro. Editorial Losada)