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Injusticia social

Una canción para Soweto

En la garganta de Soweto

El lenguaje del diablo cae

cuchillada

Sílabas de garra para triturar y dejar

crudo

La lengua de los jóvenes

niña

Aprendiendo a cantar

Su propio nombre

Donde ella diría

                              agua

Le enseñarían a llorar

                                        sangre

Donde ella ahorraría

                              césped

Le enseñarían a anhelar

                                           Arrastrándose en el 

                                                    tumba

Donde ella alabaría

                                 padre

Le enseñarían a orar

                                          Alguien por favor 

                                          No lo lleves   

                                              lejos

Donde se besaría con la boca

                                           mi tierra

Le enseñarían a tragar

                                              Este polvo

Pero las palabras viven en el espíritu de su rostro y eso

El sonido ya no cederá a la borradura imperial

Donde dibujarían

                               sangre

Ella beberá

                     agua

Donde profundizarían

                                  la tumba

Ella evocará

                            césped

Donde tomarían

                               Padre y familia

Ella estará de pie

                     Bajo el sol se quedará

Donde le enseñarían a tragar

                                                       Este polvo

Ella se besará con su boca

                                          mi tierra

Y quédate

Con la canción de Soweto

permanecer

Con la canción de Soweto

 

 

tu voz está oscura
de besos que no me diste/
de besos que no me das/
la noche es polvo de este exilio/

tus besos cuelgan lunas
que hielan mi camino/ y
tiemblo
debajo del sol/

tu boz sta escura
di bezus qui a mí no dieras/
di bezus qui a mí no das/
la nochi es polvu dest’ixiliu/

tus bezus inculgan lunas
qui yelan mi caminu/y
timblu
dibaxu dil sol/

Decimos no I
(Poema diario para acompañar a los cumpas en su marcha contra la megaminería)

El cuerpo sabe hablar
y habla.

Dice camino
y dice no
a la muerte.

Dice camino
y dice no
al saqueo.

El cuerpo sabe hablar
y habla.

Dice marchemos
por la ruta
paso a paso
juntémonos las partes
los nosotros,
este cuerpo de agua
espesa
cosida con mil hilos
de memoria.

Esas lenguas de oro
que hoy brillan
su abundancia
son la sequía
de nuestra propia
sed.

Las espigas soñadas
no son nuestro
alimento
ni nuestro sueño.

El cuerpo sabe hablar
y habla.

Camina
con los ojos abiertos.

 

Decimos no II

El viento es la bandera.

 

Las sombras que resisten

bajo el sol

rodado

en la meseta

flamean entre alas

abiertas.

 

El cielo con sus lonas

guarda el vuelo

necesario.

 

Nos ampara.

 

El viento es la bandera.

 

¿Escuchás como

lleva nuestra voz?

 

No pasarán

por aquí

no pasarán.

 

El caminar retumba

en la meseta,

esa madre infinita

que improvisa la humedad

y el verdor

en lo reseco.

 

El viento es la bandera.

 

¿Escuchás como

lleva nuestra voz?

 

No pasarán.

 

Luciana Mellado, tomado de revista op. cit y de Comunicación patagónica

 

 

Cuando me muera deberé cruzar el río

 

Cuando me muera deberé cruzar el río
Qué perro hará de guía si no tengo
un perro flaco que olerá mi cobardía
irá a mi lado

Y estará la vieja en la balsa
Le entregaré dos llankas
para que me cruce
Las piedras arrancadas de cuajo
de mi garganta
de mi estómago
crecidas en los dolores
en los gritos que no pude gritar
cuando se agrandaban mis ojos
y hacía que vivía

Entregaré esas piedras
y no habrá más
seguro lágrimas
porque no pude encontrarle el secreto a esta vida
porque me fui
detrás de los fantasmas
buscando tramas
y arañas
y cántaros
y hojas

¿reconocerá la vieja su valor?

Subiremos con mi perro
La balsa se deslizará en la tarde
hacia el oeste

Arribaremos
Y tiene que estar allí mi hermana menor
tiene que estar
no puede ser la muerte una nada para un pájaro
para quien ha pintado con pinceles el fuego
Ella tendrá cicatrices visibles en los ojos
sus ojos más certeros aún
hurgarán en mí
hasta sacarme las espinas
me dibujará el rostro con sus dedos
una huella de choique
arderá el fuego sobre piedras azules
comeremos corazones palpitantes
y mi hermana pintará un kultrun en el aire
con la sangre

Después no sabré
si soy un caballo
o un resuello
si es el viento una trutuka
y saldremos galopando
a desparramar las estrellas del río
y en el movimiento circular
sabré de una vez
qué es ser un guerrero que corre libre hacia la muerte
qué visiones lo ardían

Regresaremos al mallín
y habrá la gente alrededor del fuego
las ollas tiznadas y la luna
y cada hoja de los álamos brillando

Entonces me recordaré
de ellos tan lejos
y moriré de nuevo

de los barrios planes de vivienda
creciendo en vértigo
en la ciudad con horizonte
las bolsas de nylon y las estrellas allí
entre los cables del alumbrado público.

En el subte

El chico y yo estamos cara a cara.
Sus pies son enormes, dentro de las zapatillas negras
atadas con cordones blancos que forman un entramado complejo como un
conjunto de cicatrices intencionales. Estamos arraigados a
lados opuestos del vagón, una pareja de
moléculas adheridas a una barra de luz
moviéndose rápidamente a través de la oscuridad. Él tiene la
mirada fría y casual de un ratero,
alerta debajo de los párpados entrecerrados. Viste
de rojo, como el interior del cuerpo
expuesto. Yo llevo un abrigo de piel oscura, la
piel entera de un animal tomada y
usada. Miro su cara implacable,
él mira mi abrigo de piel, y no
sé si estoy en su poder ─
él podría quitarme el abrigo con tanta facilidad, el
maletín, la vida ─
o si es él quien está en mi poder, la forma en que estoy
viviendo su vida, comiendo la carne
que él no come, como si le sacara
la comida de la boca. Y él es negro
y yo soy blanca, y sin intención ni
propósito debo aprovecharme de su oscuridad,
de la misma manera en que él absorbe las vigas asesinas del
corazón de la nación, como el algodón negro
absorbe el calor del sol y lo retiene. No hay
manera de saber lo fácil que
me hace la vida esta piel blanca,
esta vida que él podría quitarme con tanta facilidad
quebrándola contra su rodilla como un palo así como
quiebran su espalda, la
vara de su alma que cuando nació era oscura y
líquida y rica como un brote
listo para impulsarse hacia cualquier luz disponible.