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Perro

yo ya sé
lo que es el amor.
yo aprendí a beber vino
cuando trabajaba
en la pampa de salamanca
al borde de la ruta 3.
aprendí a beber callado
mirando las martinetas
que se iban siguiendo la alambrada.
de vez en cuando un camión
como un incendio perforaba la tarde
y pasaba
dejando un suspiro en las retinas
de los perros.
a lo lejos había
un molino negro
el viento agitaba sus pedazos
molino deshecho
sin aspas para el vuelo
chaperío sin alas
llorando en pozo de la noche.
yo bebí borracho en las alturas
a mi no me digan nada.
perdí una camisa
buscando ovejas en la nieve
perdí los sentidos
mareado en una torre
que se alzaba como un sueño
en la chatura de la estepa/
un mirador creo que era.
y ya sé lo que es el amor
(por las noches yo dormía
en un catre adentro de una casilla)
después de apagar el alumbrado
(un lister a todo culo)
desaté los perros
y me quedé bebiendo
con los ojos mezclados con la noche
con la piel hecha un silencio
como un solo cuerpo enmudecido por la pampa.
en la pieza brillaban
por la luna
las latas de aceite supermóvil multigrado/
el viento ladraba a la ventana.
el viento es un perro desgraciado
aullando en las orejas del insomnio.
los vehículos pasaban en la ruta
con ráfagas de luz en esa pieza.
y por eso
yo ya sé lo que es el amor
yo recé borracho el padrenuestro
para que
un auto con dardos veloces pasara iluminando
el cuerpo de thelma tixou
que brillaba en el almanaque
de aquella noche de aquel invierno
de esos años.
thelma estaba espléndida en esas soledades
tenía un vestido rojo
que ardía ante mi boca
cuando las luces
la encendían como llama en pleno vuelo.
yo ya sé lo que es la sangre
cuando arde como aceite en la penumbra.
el cuerpo de ella era un planeta
girando en el abismo
y yo su único habitante/
me ataca como una sed cada vez que me acuerdo de esa diosa.
el amor es como apretar una foto de thelma tixou
en la garganta de la noche/
o el amor es otra cosa
animal que se espanta
que vuela lejos
y uno
no ha tenido el gusto.

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Le preguntaron a Shibli*:
“¿Quién te guió en el Camino?”
Él contestó: “Un perro. Un día lo vi, casi muerto de sed, de pie junto a la orilla.
“Cada vez que veía su reflejo en el agua, se alejaba asustado, creyendo que era otro perro.
“Finalmente, fue tal su necesidad que, venciendo su miedo se arrojó al agua: y entonces el ‘otro perro’ desapareció.
“El perro descubrió que el obstáculo, que era él mismo… la barrera que lo separaba de lo que buscaba, se había esfumado.
“De esta misma manera, mi propio obstáculo desapareció cuando supe que este era yo mismo; y mi camino me fue mostrado por primera vez a través de la conducta de… un perro.”

En “El camino del Sufi”

 

*Baghdad (861 – 946)

Tranquilos nosotros

Encontré a mi amigo Varela –como habíamos acordado- en la esquina de Bulevar España y Juan Paullier. Le grité peladoooo desde el otro lado de los autos porque no se chiflar y me percaté de que tenía un animal cachorro entre sus brazos. La noche anterior, cuando llegué a casa mi mujer también tenía uno similar en los suyos. Por un instante mi cerebro asociativo se imaginó que era el mismo perro de caramelo, lo que no tenía ningún sentido salvo en mi cabeza microcósmizante. ¿Y eso? Le pregunté al acercarme, de la misma exacta manera que lo había hecho el día previo con Camila y aquel que resultó ser de una amiga. Este también era una bola de piel marrón con ojos claros, parecido a un Labrador bebé, un poco más oscuro que el otro. Mi amigo lo sujetaba con cariño paternal. Me enterneció. Le froté las manos por el hocico y comenté acerca del color de sus ojos de agua. Se lo acababa de quedar, gracias al ofrecimiento del portero del edificio del apartamento de su madre. El cachorro era recién llegado del campo, sin dueño, y había encontrado uno en el pianista de mi banda, hombre con dedos de tentáculo y emociones profundas, aunque a veces escondidas. En su día más trágico lo vi emborracharse para el velorio de su padre, el psicoanalista. Él lo cuidó en su vieja casa con biblioteca histórica de la calle Comercio, hasta que se dejó ir. En el funeral vomitó el piso, despidiéndose del cáncer atmosférico que ingirió durante aquellos meses. La comunidad psicoterapéutica presenció el acto en silencio mortuorio.

Pero este Varela del perro nuevo era un muchacho resurgido, ya años después, sosteniendo una criatura joven con amor, ansiando llevarla a su hogar para presentarla a su mujer, quien –en sus palabras-deseaba la mascota más que el mismo, y no imaginaba la sorpresa. Pero antes teníamos que acudir a un compromiso inposponible: un partido de futbol 5, a 6 cuadras de ahí, y hasta ese campo de juego trasladó el bicho en brazos, recibiendo alabanzas de tres mujeres que cayeron rendidas a la gracia del perrito. Durante el trayecto pensó en posibles nombres. Capo y Macana eran los que tenía en mente hasta ese momento. A mí no se me ocurrió nada. Atravieso una de mis fases insulsas, de especia seca. Le hubiera pedido perdón por mi falta de ocurrencia, pero hasta esa intención se me extravió el fin de semana.

Cuando llegamos a la cancha le pedimos al canchero si podía cuidarlo mientras se jugara el match. Bueno, si yo estaba seco, este humano se encontraba directamente marchito. Dijo tener muchas cosas para hacer, y se mantuvo mirando hacia la pantalla. Gil. Salimos a la calle puteando, todavía faltaban 5 minutos y el resto de los jugadores no se había presentado. Enseguida encontramos a dos niñas de unos 10 años, con uniforme de gimnasia del colegio al que Varela acudió de chico. El Latinoamericano. Vinieron directo, enloquecidas. Salían de su casa e iban camino a los mandados con su madre que quedó quieta, presenciando los mimos. Les pregunté de inmediato si podían cuidarlo mientras jugábamos, lo hice con la determinación que traje de mi último viaje por Estados Unidos, cuando decidí que las cosas hay que decirlas. A veces me resulta, otras me olvido y sigo tímido. La respuesta SI de las gurisas fue inmediata. La madre desconfió un poco al principio, pero accedió después de que le ofrecí mi celular como seguro. Aunque no fue eso lo que la hizo aceptar sino nuestras caras de honestos, estoy seguro. Sé que hay gente que piensa mal de mi grupo de amigos y yo, pero en el fondo sabemos que estamos parados del lado del bien. Y soy capaz de pelear por eso. Ahí quedó la familia femenina, enloquecida con su adquisición por una hora. Una pelota peluda que camina como un juguete, mira con el alma y tiene espinitas por dientes. }}

Volvimos al club mansos. Jugamos un partido que no amerita ser mencionado. A la salida yo traía una nube de derrotado sobre mi cabeza que se fue extinguiendo con los minutos. V tocó timbre en el 101 del pequeño edificio común. Bajaron algo tristes, ya que probablemente soñaron con que no nos presentaríamos. En el ínterin lo habían llevado hasta su veterinario y hecho las averiguaciones pertinentes acerca de la salud de un cachorro con un mes de vida. Le sugirieron a mi amigo que lo desparasitara cuanto antes. Lo acariciaron por última vez, dieron la media vuelta y emprendieron camino hacia la escalera. La madre nos agradeció y explicó que un mes atrás habían perdido a su vieja mascota, un siberiano de diez años al que extrañaban tanto. Lo sentimos mucho, porque los perros duran menos que nosotros y cuando se hacen querer son como nobles joyas de los días. Horas más tarde el de Varela pasó a llamarse como en la canción de Eduardo Mateo: uh que Macana, uh, que te vayas.