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Podría darles decenas de ejemplos de mediadores que, cada uno con su reflexión
propia, hacen que la lectura sea un arte profundamente vivo. Todos saben que lo que está actuando es una transmisión de experiencia. Transmitir el gusto por la lectura es un asunto relacionado con la propia apetencia del mediador por esta actividad; con su disponibilidad hacía el otro, su capacidad de observar y de interrogar sus propias maneras de actuar; con la reflexión, los conocimientos y la intuición a la hora de sentir cuales son las obras que van a resonar para tal o cual persona; pero también con una calidad de presencia, una energía, un deseo, una vitalidad; una habilidad que permite recuperar, detrás del texto, la voz de su autor, un ritmo, un movimiento, una melodía, unas «tierras adentro» de sensaciones, de emociones, un cuerpo.
En todas las partes del mundo, quizá sean una minoría los que estén interesados en la
experiencia de la lectura y en el contacto con las obras de arte, pero se trata de una minoría muy activa y a menudo muy inventiva. En estos tiempos tan brutales, preservan unos momentos de transmisión cultural que escapan a la obsesión cuantitativa y al barullo ambiente para proteger un espacio de pensamiento, una dignidad y una parte de libertad, de sueño, de algo inesperado.

 
Leer y hacer uso de una biblioteca escolar:
¿y eso, para qué sirve hoy en día?
Michèle Petit. Santiago de Compostela, 2011

 

https://leer.es/documents/235507/353837/Michele_Petit.pdf/243b4211-5311-4c74-8476-f381815a5a4f