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Silencio

señalo alguna cosa
salimos del camino
para verlo

justo antes de la noche
en la orden de reunirse
garzas blancas sobre las ramas
de un árbol oscuro
a orillas del río
veinte o treinta
dispuestas como magnolias

por momentos algo las agita
se desordenan
un barullo
después mansas a esperar
la oscuridad

de este lado del río
la luna
se dobla
un pétalo
un perfume

pablo y las nenas de marta
hacen silencio
se les enfrían las caritas
con el último aire de la tarde

mañana vamos a dibujarlo
el árbol de las garzas
en mitad del otoño

las ramas vacías
se encienden como lámparas
preparando el sueño

observamos desde la otra orilla

el agua se torna más brillante
cuando baja el sol
hace un espejo

nunca vimos tantas

en cuclillas
la frente lastimada
entre las plantas bajas
un escondite

no volver a casa
mirarlas para siempre
encender un fuego
sobre la tierra
las rodillas mojadas

contarnos secretos
como las garzas

que ahora empiezan a hablar
mueven lento las cabezas
se hamacan
con la vista
buscan la luna

que ha quedado a medio camino
casi transparente
sobre el agua.

Laura Forchetti
(de su libro: temprano en el aire)

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Le tengo rabia al silencio

Le tengo rabia al silencio por lo mucho que perdí
le tengo rabia al silencio por lo mucho que perdí,
que no se quede callado quien quiera vivir feliz
que no se quede callado quien quiera vivir feliz

Un día monté a caballo y en la selva me metí
un día monté a caballo y en la selva me metí,
y sentí que un gran silencio crecía dentro de mí
y sentí que un gran silencio crecía dentro de mí.
Hay silencio en mi guitarra cuando canto el yaraví
hay silencio en mi guitarra cuando canto el yaraví,
y lo mejor de mi canto se queda dentro de mí
y lo mejor de mi canto se queda dentro de mí.
Cuando el amor me hizo señas todo entero me encendí
cuando el amor me hizo señas todo entero me encendí,
y a fuerza de ser callado, callado me consumí
y a fuerza de ser callado, callado me consumí.

 

Hablar del silencio: una paradoja

1
El dios que aparece en los libros creó al mundo a través de la palabra. ¿Qué hubiera sido capaz de crear si hubiera permanecido en silencio?
2
Si se persigue la extrema claridad, la nominación perfecta, se llega al silencio. Ese paraíso desolado.
3
Callarse. Hacer silencio. No son en absoluto comparables.
4
Una gramática del silencio. Una sintaxis del silencio. Lo imposible. Una serie de reglas en un territorio repleto de vacío. Estalla de tan lleno.
5
Hay gente que se defiende con sus palabras. Hay gente que se protege con su silencio. Ni unas ni otro merecen ser fruto de esos miedos.
6
El escritor francés Alphonse Allais compone la Marcha fúnebre compuesta para las exequias de un célebre hombre sordo.  El pentagrama está en blanco.
7
Por escrito, el silencio es bidimensional. En el aire, el silencio tiene cuerpo, volumen. A veces llega a aturdir.
8
El músico John Cage estudió con Arnold Schönberg. La leyenda dice que el maestro decidió no cobrarle siempre y cuando  prometiera dedicar su vida a la música. Schönberg descubre, tiempo después, que su discípulo carece de lo que él llama “talento natural para la armonía”. Le dice algo así como: “No vas a poder escaparte de esto. Es como si fuera un muro que nunca vas a poder saltar”. Cage le contesta que, entonces, va a dedicar su vida a golpearse contra ese muro.
 
 
9
1951. John Cage entra en la cámara anecoica de la Universidad de Harvard. Un habitáculo absolutamente aislado de toda onda sonora. Puro silencio. Eso espera  el músico. Sin embargo, oye dos sonidos: uno agudo y otro grave. Al salir de la cámara lo comenta con uno de los ingenieros. Le explican que el sonido agudo era su propio sistema nervioso. El sonido grave, su circulación sanguínea.
10
No es tan importante lo que somos capaces de decir. La verdad se construye en lo que somos capaces de oír.
11
1952. Cage compone 4´ 33´´. El intérprete no debe tocar ni una sola nota. La palabra “tacet” indica que hay que hacer silencio. Tres movimientos: el pianista que estrena la obra marca la duración de cada uno de ellos cerrando y abriendo la tapa del piano. Todo eso dura cuatro minutos y treinta tres segundos.  El público está desconcertado. Algunos, incluso, se enfurecen. Van a tardar en descubrir lo que Cage les ha ofrecido: recuperar aquellos sonidos del mundo que la música hubiera hecho desaparecer.
12
Hay quien sostiene que el silencio pertenece a la esfera del lenguaje. Podría decirse todo lo contrario: el lenguaje como un intento de liberación fallido; la libertad estaba en el lugar que se quiso abandonar.
13 
“El que calla otorga”, dice el refrán. Una falsa conclusión de los que creen en el lenguaje. Los fervorosos de la nominación. Los perseguidores de categorías, asustados en un mundo sin sentido.
14
El silencio es una forma  discursiva que no admite refutación.
 
 
15
El silencio no es ambiguo; es complejo. La ambigüedad está en el lenguaje. En esa insistencia tan humana de usar un martillo para sacar un tornillo.
 
 
16
Nuestra especie suele creer que el lenguaje es una de sus características. Enternecedor. En realidad, la especie es una de las funciones del lenguaje.
17
El lenguaje es una religión. Es necesario creer en él para encontrarle sentido. La fe es su única condición de existencia.
 
 
18
Lo importante no es qué se calla sino cómo se calla.
19
Lo implícito. Ese supuesto híbrido que camina entre el lenguaje y el silencio.
 
 
20
El hacer silencio es condición indispensable para escuchar. Lo uno implica a lo otro. Una verdad desatendida.
 
 
21
Ejercicio para comprender qué es el silencio: leer la obra de Herta Müller. Leerla en voz alta. Poner el oído en lo que no dice.
22
La vieja frase: dueño de lo que callas, esclavo de lo que dices. Una falsa oposición. No nos pertenecen ni las palabras ni los silencios. Nos atraviesan.
23
Arno Penzias nace en un momento difícil para ser judío en Alemania. 1933. Sus padres lo sacan del país cuando cumple seis años. En 1940, la familia reunida llega a Estados Unidos. A los 21 años Arno se recibe de Físico. Se dedica a la Radioastronomía. A mediados de la década del 60, él y su colega Robert Wilson están desconcertados: han captado una radiación cuyo origen no puede detectarse porque parece venir de todos lados. Constante. Uniforme. No importa hacia dónde orienten la antena.
Comienzan a conversar con otros científicos. A partir de estos intercambios comprenden que lo que han descubierto es la radiación de fondo: los ecos de la explosión que todos conocemos como el “Big Bang”. El retumbar del inicio del universo. Omnipresente. Inaudible para nuestra especie. En 1978 ambos reciben el Premio Nobel de Física.
24
 ¿Qué es el silencio si nada está en silencio? ¿Es el nombre que le ha dado nuestra cultura a aquello que no podemos oír?
25
El silencio que producen las dictaduras. Eso es totalmente otra cosa. Eso es puro lenguaje: lenguaje acechado y amordazado.
Eugenia Almeida
Publicado originalmente en Docta – Revista de Psicoanálisis
Año 13 N° 11 – Primavera 2015

La única técnica es la humildad: la absoluta conciencia de que uno es totalmente incapaz y que habrá que acercarse a las cosas con el sigilo absoluto de la mirada limpia.
Si nos acercáramos con el volumen excesivo de los nombres, las cosas saldrán disparadas.
Habría que aproximarse con la suave ignorancia, con la frágil tentación del desconocimiento: abrir una puerta y, simplemente, mirar. Mirar el sol que nunca vimos antes. Mirar el pájaro que se convierte en águila. Mirar el dolor sin precaución ni alegorías. Mirar el resultado de un silencio. Mirar una sombra que es mayor a la estatura.
Sólo así –y aún así, no del todo cierto- sería posible amar, sin añorar, todo aquello que no hemos vivido todavía.

 

Carlos Skliar, en su muro de Facebook

Toma un retazo de artaud, cualquiera.
Por ejemplo allí donde dice:
dilatar el yo de mi noche interna,
de la nada interna
de mi yo

O:
el hombre ha caído de su roca imantada.

Empieza a hilar.
Empieza desde el silencio a hilar.
No es una imagen.
Toma una hebra de hilo,
de lana, de seda, esparto, metal candente.
Borda, urde, teje.
Piensa en la hebra como en una voz.
La voz de un pájaro.

Borda, teje.
Presta atención.
Escucha el ritmo.
Escucha el ritmo del canto que te sigue.

Deja que habite el hilo
que se teje en tus manos, el telar.

Tradúcelo.
El ritmo, el canto, la hebra de esparto
o seda o hilo —quizás de espanto,
el hilo de metal rebelde y frío.
Ya la trama iniciada, interrumpida..
¿La oyes?
Es tu voz ahora.
No la voz con la que hablas, sino
la voz con la que se habla en ti.

Toma ahora un retazo de alguno
de los que enloquecieron de sus voces.
Por ejemplo:
Aúlla el frío blanco
cual los gritos helados de un espejo.

O:
Pero quién habla en la habitación llena de ojos. Quién dentellea
con una boca de papel.

Marídalos con hilos.
Téjelos.

¿Se va poblando la tela?
¿Va floreciendo la noche
en ella?

Entra. Habítala. Haz un hogar de leños
en un rincón cualquiera
y siéntate allí.
Sigue tejiendo, urdiendo, traduciendo
el crepitar de las llamas.
El ritmo
no lo olvides; el canto
—armónico del fuego.
Déjalo arder.
Hasta que se haya apagado la voz
del último rescoldo.
Junta un puñado de cenizas tibias.
Guárdalas dentro de una cáscara de nuez
-la encontrarás en el revés de la tela.

Tráela contigo.

Pon un pie en el portal, el marco,
el bastidor de la noche.

Sal. Vuelve.
Toma la nuez y plántala
en el seno del árbol más cercano,
aquel de ramas fuertes, retorcidas.

Ya no habrá silencio más
que donde tú lo busques.

Lo demás será el pájaro.
Pájaros
gorjeando en la copa.

 

Mercedes Rofféen La ópera fantasma, Bajo la luna