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Archivo de la etiqueta: poesía

Ahora me doy cuenta del principio del deseo: 

una brasa roza a otra brasa y brota la llama 

y la llama de pronto es luz, calor, historia y alimento, 

siempre y cuando alguien se incline sobre ella 

y en ella vuelque toda el alma por los labios entreabiertos. 

Al fin y al cabo, ninguna chispa enciende la pradera; 

sólo el corazón, cuando desea de corazón, arde y se expande. 

Alberto Szpunberg, en La academia de Piatock

Señor, mira mi cuerpo.
Mira mi cuerpo antes que yo lo llame
y él me llame, gritándonos
de lejos.
Mira mi cuerpo, este animal antiguo
como el río más antiguo
y joven, todavía, como el agua
cuando aprendía a nadar,
solo entre cerros.

Señor, mira mi cuerpo.
Mira mi cuerpo, torre de mi infancia,
mira mi cuerpo, cueva a la que vuelvo
siempre
a sentarme solo
ante tu fuego.

Señor, mira mi cuerpo
como yo lo veo.
Oh cazador del agua en los veranos,
oh cazador, de mi alma
prisionero.
Oh cazador sediento de su casa,
más antiguo que mi alma,
más joven que su miedo.

Lo amamantaron entre pajonales
donde ya te perdía
el viento, con tristeza.
Lo amamantaron entre pajonales,
oh cuerpo mío, antiguo cuerpo,
cueva para el amor,
torre para la guerra.

Señor, mira mi cuerpo. Es inocente.
Oh cueva de tu fuego,
oh torre joven.
Por los largos veranos que aún esperan,
por estar junto a mí,
que me perdone.

Héctor Viel Temperley

CRÍTICA DE LA ESPERA

I
La espera no tiene forma, sólo una periferia
irregular que se expande desde un centro
que todavía no ha llegado a la cita.

III
La espera en invierno: un pájaro helado
sobre una rama.
El pájaro, de carne. La rama, de tinta
limón.

IV
La espera estira el pescuezo para ver
quién no viene.

VII
La espera en verano: un pájaro sobre la
arena ardiente.
El pájaro, de carne. La arena, de arena.

XII
La espera en primavera: un pájaro a punto
de beber de una flor.
El pájaro, de carne. La flor, carnívora.

XVII
La espera en otoño: un pájaro confundido
entre hojas secas.
El pájaro, de carne. Las hojas, puro nervio.

XXVI
La espera de noche: un pájaro blanco que va
contra un muro negro.
El pájaro, de carne. El muro, no existe.

Tomado de La ficción del olvido

¿Cómo?

¿cómo sé yo que esa mosca no es un lápiz
que se transformó en mosca! ¿cómo sé yo
que yo no soy un lápiz que se transformó en
mosco? ¿cómo sé yo que no soy una mosca
que se transformó en mí? ¿cómo sé yo que
ese perro no es un limón que se transformó·
en ese perro? ¿cómo sé yo que ese árbol no es
otro árbol? ¿cómo sé yo si ese zapato no es
otro zapato? ¿cómo sé yo si ese camino
no es una culebra que se transformó en camino?
¿cómo sé yo si esa culebra no es
uno huincha de medir que se transformó
en culebra? ¿cómo sé yo que el aire no es
aire? ¿cómo sé yo que la nieve no es nieve?
¿cómo sé yo que lo piedra no es piedra?
¿cómo sé yo que no es gorrión? ¿cómo sé yo
que no es gaviota? ¿cómo sé yo que
no es tiuque? ¿cómo sé yo? ¿cómo sé?
¿cómo?

Claudio Bertoni

«Alguien, a quien jamás he conocido
visita una ciudad que ya no existe.
Sobre mi corazón suenan sus pasos»
(Cita de autor desconocido).

Nadie está suelto. Nadie solo.
Ni el más lejano.
Ni el que visita una ciudad desconocida
y que ahora está en ruinas.
Un visitante también desconocido.
Y sin embargo
desde allí llega un hilo delgadísimo
al que estamos atados.

Circe Maia, en Dualidades

A Alain-Fournier ……….

Estrellas rojas y blancas nacían de tus manos.
Era en 189… en la Chapelle d’Anguillon,
eran las estrellas eternas
del cielo de la adolescencia.
En la noche apagaste las lámparas
para que halláramos los caminos perdidos
que nos llevan hacia un laúd roto y trajes de otra época,
hacia una caballeriza ruinosa y un granero de fiesta
en donde se reúnen muchachas y ancianas que lo perdonan todo.

Pues lo que importa no es la luz que encendemos día a día,
sino la que alguna vez apagamos
para guardar la memoria secreta de la luz.
Lo que importa no es la casa de todos los días
sino aquella oculta en un recodo de los sueños.
Lo que importa no es el carruaje
sino sus huellas descubiertas por azar en el barro.
Lo que importa no es la lluvia
sino sus recuerdos tras los ventanales del pleno verano.

Te encontramos en la última calle de una aldea sureña.
Eras un vagabundo de barba crecida con una niña en brazos,
era tu sombra —la sombra del desaparecido en 1914-
que se detenía a mirar a los niños jugar a los bandidos,
o perseguir gansos bajo una desganada llovizna,
o ayudar a sus madres a desvainar arvejas
mientras las nubes pasaban como una desconocida,
la única que de verdad nos hubiese amado.

Anochece.
Y al tañido de una campana llamando a la fiesta
se rompe la dura corteza de las apariencias.
Aparecen la casa vigilada por glicinas, una muchacha
leyendo en la glorieta bajo el piar de gorriones,
el ruido de las ruedas de un barco lejano.

La realidad secreta brillaba como un fruto maduro.
Empezaron a encender las luces del pueblo.
Los niños entraron a sus casas. Oímos el silbido del
titiritero que te llamaba.
Tú desapareciste diciéndonos: «No hay casa, ni
padres, ni amor: sólo hay compañeros de juego».
Y apagaste todas las luces
para que encendiéramos
para siempre las estrellas de la adolescencia
que nacieron de tus manos en un atardecer de mil
ochocientos
noventa y tantos.

Jorge Teilier

Diez mil mosquitos unidos conforman un tigre; nueve mil mosquitos conforman un leopardo; ocho mil mosquitos, un orangután inmóvil. Un mosquito, por último, es solamente un mosquito.
Los mosquitos, junto con las sanguijuelas y los vampiros, pertenecen a una misma clase; a esta pueden agregarse los burócratas, los terratenientes y los capitalistas. Todos los seres vivientes pueden clasificarse de acuerdo con sus costumbres alimenticias, en carnívoros, herbívoros y chupasangres.
En los intersticios de la Historia, por todos lados se encuentran mosquitos. Presenciaron e incluso participaron de ejecuciones y descuartizamientos, sabotajes y venta de niños; sin embargo, a lo largo de las 25 dinastías, no hay ni una sola mención a los mosquitos.
Los mosquitos con los que nos topamos hoy en día son los descendientes de los de la época de Nuwa (Nuwa era una hermosa mujer, o al menos eso se afirma en La creación de los dioses). Nuwa tenía un amor innato por los mosquitos, pero en La creación de los dioses no se dice una palabra de esto.
La vida de un mosquito, sin embargo, es muy breve, comprendida casi entre un amanecer y un atardecer, o dos amaneceres y dos atardeceres, por lo cual un mosquito, en promedio, llega a ver durante su vida a unas cuatro o cinco personas, o unos veinte o treinta cerdos, o un caballo. Esto explica por qué que los mosquitos nunca han sido capaces de elaborar la noción del bien y del mal.
Cierta persona mantiene puertas y ventanas cerradas, por temor a que entren los mosquitos: esta persona se encuentra, de hecho, bajo la custodia de los mosquitos. Otra persona entra al baño de la esquina, y al ser picada descubre que la picazón es inusualmente fuerte pero tolerable.
Uno de los objetos de mi venida al mundo es ser mordido por los mosquitos. Insertan sus agujas en mi piel, se reúnen en mi sombra a disfrutar del fresco, pierden el conocimiento y mueren en mi respiración envenenada.
En la noche profunda, un hombre tendido en su cama, a medias despierto, a medias dormido, se da a sí mismo una cachetada. No es que esté reflexionando sobre sus propios errores, sino que ha escuchado el zumbido de un mosquito. Cuanto mayor es la fuerza con la que se golpea, más alta la probabilidad de matar un mosquito, más serio parece su mea culpa.
Entonces, ¿en quién se convierte un mosquito después de muerto? Ese hombre que pasa volando histéricamente frente a mí, zumbando, debió ser un mosquito en su vida anterior. Una chica demasiado delgada suele recordarnos también a un mosquito.
Proteger la naturaleza implica proteger a los mosquitos y demás, incluido al dios de la malaria. Proteger la naturaleza e impulsar a la vez la industria de las cremas antiinflamatorias: es hacer lo necesario para expulsar a los mosquitos de la naturaleza. Pero la realidad demuestra que esto es muy difícil.
Traerse un mosquito en el avión o en el tren, trasladarlo a una tierra extranjera, puede contribuir a agravar nuestra nostalgia e incrementar nuestra conexión con la tierra. Cada vez que abrimos una valija, un mosquito puede salir volando de su interior.
Los lugares en los que se ha posado un mosquito son indistinguibles, en apariencia, de aquellos en los que nunca se ha posado uno, como son indistinguibles los lugares que un ladrón ha tocado y aquellos que no. Sin embargo, al examinar de cerca las pisadas de un ladrón, por medio de una lupa, se observa la presencia de un mosquito muerto.

Xi Chuan, tomado de Eterna Cadencia

no se asuste señor
no soy una espía
no vengo a quitar empleos
no quiero cortar el gas
solo me detengo a mirar
la maravilla del vacío.
entre edificios, cómo le explico,
yace aquí un hueco único
Interrumpo mi ruta
me quito el casco,
dejo el interior de mi mochila en la vereda
para presenciar tranquila
el derrumbe.
Cuento los escombros
enumero los plantines, cardos, dientes de león
y enmarco los azulejos rotos
de la tina que alguna vez estuvo ahí.
no se asuste señor
no hago censos ni denuncias solo
amo lo que fue y todavía no es.

Catalina Guebel (inédito)

Renü

Mülefuy kiñe renü, tüye kimeleyew engün chi llum ñi üñfituam che mew kam ñi doy kümengeam küdaw mew… iney kimi chew muley tüfeychi renü. Trürkechi kiñe che azmaeyew wüla pepilan kimniekan chew mülefuy. Feychi

pichikechengefuiñ  pieiñ mew,¡ amukilmün fey püle!

                                                                                   we nütram

perimontu reke akun

tüfey trafn rüpü mew

kiñe rüpü Diadema püle

ka fill mapu püle

meñkufun kutranpiuke

wirarüfuli wezwez zungun pun mew

mongelwey

femngechi lelümwün

pu nemül mew

kiñe nemül

mütrowfi pülli

kiñe wëlngiñ nülawi

guitarra ñi züngun

mangelkonüenew

konün

kimkülen müte

fentrenchengeiñ

kimniefiñ kiñekeche

welu upen ñi pu üi

kiñe pengelwe mew wüluwi

pepilfekekuzaw

ülkantufengen kiñe rockbanda mew

trokiñülkantufengen nengemuwn fitruñkalül mew

zünguln chi cumbia ñi kom purruam

külafan kashni

zewman püllü zonüpülata mew

llochokünun kayulelu cuerda

ülkantun treike ñi llaufen mew

wente pülli koñmalelu

nien mapu kachu mew

mamull ka lewfü mew

ñomümün aukakawel

wirafülu ngeno witrantükuwe

kachutulu mi pu kuw mew

umautun pu namun inal mew

tüfey mew chalintükuwn

montuy tüfachi apill

katrülu rangiñ ñi mollfüñ

küpa ngümafiñ pu nemül

ngütrawfiñ ñi epe charcharüam

ñi küme nümün choyüwun yayü reke

trawüln iñche ñi trüran nelülelu

llapümn tüfachi yafü allfen em

kakülkünuley

rangiñ pu nemül ñi namuntun

kimlan müten

kimllükan

atregkenge

kiñekenüpeyüm nüyfingun neyen

waglüketrewa chefküingun pu lengleng

…..

ayüwiiñ yu ñuke

wirarümu femngechi rume

kimelfingu iñche ñi epu püñeñ

kiñe rupa miawuli

ñuili

petuenew iñche mew

femngechi rume

rangiñ kiñe püllau

nülalefuiñ pu nemül

lien chüngarün mew.

renü

Había unas cuevas de los brujos, allí les enseñaban el secreto para hacer daño a la gente o para ser el mejor en los oficios… Vaya a saber dónde estaban esas cuevas. Igual si alguno la encontraba después no recordaba. De chiquitos nos decían, no va a andar pasando por ahí…

                                                                                                           Testimonio oral reciente

como aparecida llegué

hasta ese cruce:

un camino a Diadema

el otro, al mundo

cargaba un dolor que se aliviaba

con gritarle extravíos a la noche

así fue que me solté en palabras

y en una de esas

se sacudió la tierra

una puerta se abrió

una voz de guitarra

me convidó a pasar

y entré

sin atenuantes.

éramos tantos ahí

algunos conocidos

pero olvidé sus nombres

en un mostrador se ofertaban

los oficios de la fama

vocalista en la banda de rock

ser una del coro y moverse con un cuerpo de humo

tocar la cumbia que haga bailar a todos

clavar la taba

hacer la suerte de billetes arrugados

desafinar la sexta cuerda

cantar a la sombra de los sauces

sobre la tierra regada

tener un territorio con pasto

leña y río

amansar potros

hacerlos galopar sin riendas

que vengan a comer el pasto de tus manos

ponerte a dormir a la orilla de sus cascos

y ahí me entregué

dejé escapar el deseo

que andaba coagulado por mi sangre

quiero llorar palabras

condensarlas a punto de estallar

que sus aromas me broten como en celo

juntar los pedazos de mí

que siguen sueltos

curar esta dura cicatriz

que se atraviesa en el andar

de las palabras

no supe más

aprendí el miedo

los ojos congelados

unas garras aferrándose del aire

y un aullido de perros rebotando por el cráneo

………..

“te amamos

 nuestra mamá”

 que me gritaran así

les enseñé a mis hijas

por si anduviera alguna vez

perdida

así me hallaron

en el medio de un charco

abriendo las palabras

con cuchillos de plata.

Tomado de https://www.agenciapacourondo.com.ar/cultura/poema-que-vuelve-liliana-ancalao