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Archivo de la etiqueta: poesía

Leyendo a Ritsos

Empezar
por acontecimientos
mínimos.

Como quien empieza
una canción
con solo
un par de notas.

Pero arrastrando
otras.
Imperceptiblemente.
Circe Maia, en Dualidades

XVIII

Y es la hiedra que trepa entre las grietas y echa gajos,
y es el picaflor que bebe la dulzura y alza el vuelo,
y es la hormiga que se alimenta de raíces y abre el camino,
y es la frente que se inclina y da contra la piedra,
y es la sangre la que hace polvo tanta grandeza,
tanta eternidad desmoronada hasta el absurdo.

¿Cómo es que tropezamos con nosotros mismos?

Alberto Szpunberg, en El síndrome Yessenin

No quiero hablar de mí
sólo decir
que viajaría quilómetros
para caminar por lugares ‘diferentes
tomar una taza de café
en bares donde nadie me conoce
ver el humo caliente desprendiéndose
hacia la luz de la tarde

decir que busco en esos bares
una mujer
que cuando
sacuda su cabello
provoque tormentas en el mar

o que simplemente
soy lo que no soy

Pero no quiero hablar de mí

 

 

Gabriela Sánchez (heterónimo de Jorge Accame)

De todos modos, creer para crecer y crear:
ya distinguimos los chingolos de los gorriones
y sabemos que el pasaje Bollini solo dura dos cuadras,
pero, aún así, nos acompaña.

Truena sordamente, como si desde arriba nos hablaran,
y aunque es confuso entender lo que nos dicen
-siempre es confuso lo que los de arriba nos dicen-,
¿alcanzaremos a ver tanta belleza desde alguna ventana?
¿hay una puerta para entrar al mundo?
¿un balbuceo?
¿una palabra?

No sé:
perdí el papel donde tenía la dirección exacta.

 

Alberto Szpunberg, en Sol de noche

SI ELLA
si ella
(dulcemente)
se viste
de aceituna
seré tenedor
para pincharla
y llevarla
a mi boca
si
se disfraza
de agua
seré recipiente
para contenerla
(indefinidamente)

si
se pone
la máscara de Edelmira
seré Tartufo
para engañarla
pero con éxito

si
se convierte
en pájaro
seré nido
para guarecerla
en plena tormenta

ahora bien:

si ella
se pinta
de ella

yo
estaré aquí

en este lugar
esperandola

Fugaz, rara, la vida

Cabra entre las cabras, cedro
entre los cedros; agua fresca
en el chubasco, terrón reseco
en la sequía; carancho
tras el conejo, cuis en el buche
de la culebra; brote en el plantío,
remolino en la borrasca; pez
en el pico de la grulla, ratón
entre las patas de la tarántula.
Flor que nace de la flor, jabalí
que embiste bajo la lluvia, ardilla
que rápida asoma y se oculta.
Mi propio cuerpo germinando
en la tierra húmeda; mi alma…
que va en la brisa, que se precipita
con el aguacero, que susurra en
el disturbio del río, en la mudez
del presagio. Caravana salvaje
de la que somos parte; un día aves,
otro ciervos, otro hormigas, otro leones,
o vendaval o alud o luna llena…
Vanos, triviales, breves, leves,
somos chispazo, apenas un gesto
en el descomunal y secreto ajetreo.

 

César Bandín Ron

Cena de los muertos

Abran sus tumbas,
abran sus ojos,
padre muerto,
madre muerta:

Vengan a descansar sus corazones.
Vengan a descansar su sangre.
Ya llegamos a su fiesta.
Vengan a recibir sus ocotes
para alumbrar su camino
a nuestra casa.

Vamos a comer.
Vamos a beber
un poquito
su atole,
su tortilla.
Y un traguito como antes tomaban
para mantener abierta su mirada.

Ya no nos vamos a ver.
Ya pasó el tiempo en que comimos juntos
en su mantel de la Tierra.
María Álvares Jimenes, Me´ Avrila, en Conjuros y ebriedades