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Descubrimientos

Leo que el capullo
del cerezo sakura,
y también el capullo del durazno
y el de la ciruela, caen al suelo
apenas mecidos por la brisa
sin estar plenos.

Su momento de mayor belleza
es allí, sobre la hierba.
Tras la caída
se hacen completos.

Los miro y bajo el tibio sol
aprendo.

Mañana voy a partir hacia Europa. De donde mandaré mis textos para este periódico.

Mi sede será Londres. Y de allá planearé mis viajes. Por ejemplo, voy a París a ver de nuevo la Mona Lisa, pues la extraño. Y a comprar perfumes. Y sobre todo a reclamar en la Maison Carven porque no fabrican más mi perfume, el que más combina conmigo, Vert et Blanc. También iré al teatro. Y a la Rive Gauche.

Volveré entonces a Londres donde permaneceré una, dos semanas. Y seguiré a mi amada Italia. Roma antes. Después Florencia.

En Roma, por intermedio de conocidos mutuos, entraré en contacto con Onassis, y existen posibilidades de combinar un crucero por el Mediterráneo.

Iré a Grecia, que solo conozco de rápida pasada. Necesito realmente ver de nuevo la Acrópolis.

Y necesito volver a ver las pirámides y la Esfinge. La Esfinge me intrigó: quiero enfrentarla de nuevo, cara a cara, en juego abierto y limpio. Voy a ver quién devora a quién. Tal vez nada ocurra. Porque el ser humano es una esfinge también y la Esfinge no sabe descifrarlo. Ni descifrarse a sí misma. En lo que nosotros nos descifrásemos, tendríamos la llave de la vida.

Quiero tomar baños de mar en Biarritz, porque allá vi las olas más altas, el mar más compacto y más verde y turbulento. Y majestuoso. No quiero volver a ver San Sebastián.

Pero quiero volver a Toledo y a Córdoba. En Toledo volveré a ver los El Greco.

Hallaré en Europa la primavera, lo que ya en sí es motivo para un viaje allá. Iré a Israel, esa comunidad antigua y la más nueva: quiero ver cómo se vive bajo patrones diferentes.

¿Y Portugal? Tengo que volver a Lisboa y Cascais. En Lisboa buscaré a mi amiga y gran poeta Natércia Freire. Y le daré un texto mío, atendiendo a su pedido de colaboración para el Suplemento de Letras y Artes (Diario de Noticias de Lisboa), suplemento que ella dirige. Iré al Chiado y de nuevo pensaré en Eça de Queirós. Necesito releerlo. Sé que me va a gustar de nuevo —como si fuera la primera lectura— el suculento estilo de Eça.

Volveré a Londres, donde la pasaré de descanso y teatros y pubs dos semanas.

De allá pegaré un salto a Liberia, en Monrovia. Estuve en Liberia, pero no llegué a ir a la capital.

Si alguien piensa que gané la Lotería Deportiva, está equivocado. Lo mejor de la historia es que viajaré sin gastar un centavo. Solo gastaré lo que gaste en las compras. Después les enseñaré cómo se consigue tal formidable trueque: no es imposible, tanto que yo lo conseguí y sin mayores esfuerzos. No, no fue porque yo tenga charme: cuando tengo charme es sin sentir y sin querer, simplemente ocurre. El charme, quiero decir.

Llegará el momento en que no pueda más de añoranzas de Brasil. Volveré vía Nueva York, donde me quedaré dos semanas, perdiéndome en la multitud. La multitud de Nueva York es el medio más fácil de que una persona esté sola. Si me siento demasiado sola acudiré a nuestro Consulado. Para volver a ver brasileños y de nuevo poder usar nuestra difícil lengua. Difícil pero fascinante. Sobre todo para escribir. Les aseguro que no es fácil escribir en portugués: es una lengua poco trabajada por el pensamiento y el resultado es poca maleabilidad para expresar los delicados estados del ser humano.

Y —por fin— volveré a Río. Antes daré un salto a Belém do Pará, para volver a ver a mis amigos Francisco Paulo Mendes, Benedito Nunes (¿cuál es su dirección?, por favor, escríbanme) y tantos otros importantes para mí. Ellos, ya van a ver, ya me olvidaron. Yo no me olvidé de ellos. En Belém pasé seis meses muy felices. Estoy agradecida a esta ciudad.

Una vez en Río, y después de abrazar a todos los amigos, iré a Cabo Frío por una semana, a casa de Pedro y Míriam Bloch. Volveré después a Río y, toda renovada, recomenzaré mi lucha diaria y sin gloria y enigmática.

Sí. Todo eso.

Pero si tan solo fuera de verdad…

El hecho es que hoy es 1º de abril y desde niña no engaño a nadie en este día. Infelizmente no veo manera de hacer este viaje sin dinero. Onassis entró en el 1º de abril de puro metido que es. En verdad no tengo mucho interés en conocerlo.

Disculpen la broma. Pero es que no lo resistí.

Clarice Lispector, en Descubrimientos

Amenaza

Podés vivir por años al lado

de un gran pino, honrada de tener

un vecino tan venerable, aun cuando

suelta sus agujas encima de tus flores

o te despierta en medio de la noche

tirando grandes piñas en tu patio.

Y sólo cuando, antes de amanecer

durante el equinoccio vernal, un año, el viento

se levanta y se levanta, trayendo la imagen

de barcos arrojados como cáscaras de nuez

entre enormes murallas de olas que avanzan,

te das cuenta de que siempre,

debajo del respeto, debajo de tu fe

en la belleza del pino, está

el miedo de que un día se caiga

sobre tu casa, sobre tu cama,

sobre lo frágil de la segura

cotidianeidad a la que casi

te has acostumbrado.

 

Threat

 

You can live for years next door/ to a big pinetree, honored to have/ so venerable a neighbor, even/ when it sheds needles all over your flowers/ or wakes you, dropping big cones/ onto your deck at still of night./ Only when, before dawn one year/ at the vernal equinox, the wind/ rises and rises, raising images/ of cockleshell boats tossed among huge/ advancing walls of waves,/ do you become aware that always,/ under respect, under your faith/ in the pinetree’s beauty, there lies/ the fear it will crash some day/ down on your house, on you in your bed,/ on the fragility of the safe/ dailiness you have almost/ grown used to.

 

Traducción de Jacqui Behrend.

Placeres

Me gusta descubrir
lo que no ve
una vista simple, pero está

dentro de algo de otra naturaleza,
en reposo, escindido.
Plumas de vidrio, ocultas

en la pulpa blanca: las espinas de calamar
que arranco y dejo
en el colador cuchillada a cuchillada—

Afiladas por la velocidad como para traspasar
un corazón, pero frágiles, la materia
desmintiendo el diseño

Oh una fruta, el mamey

envuelto en la piel áspera y marrón, la carne
rosa-ámbar y el carozo:
el carozo, una gema de madera tallada y

pulida, de color nuez, con la forma
de una castaña de Pará, aunque más grande,
tan grande como para llenar
la palma hambrienta de una mano.

Me gusta el tallo jugoso que crece
por la hoja más basta,
y el resplandor amarillo manteca
de la copa ceñida donde la campaña
se abre fría y azul en una mañana calurosa.

Obligado o traicionado por mí mismo a decir cómo hago mis cuentos, recurriré a explicaciones exteriores a ellos.No son completamente naturales, en el sentido de no intervenir la conciencia. Eso me sería antipático. No son dominados por una teoría de la conciencia. Eso me sería extremadamente antipático. Preferiría decir que esa intervención es misteriosa. Mis cuentos no tienen estructuras lógicas. A pesar de la vigilancia constante y rigurosa de la conciencia, ésta también me es desconocida. En un momento dado pienso que en un rincón de mí nacerá una planta. La empiezo a acechar creyendo que en ese rincón se ha producido algo raro, pero que podría tener porvenir artístico. Sería feliz si esta idea no fracasara del todo. Sin embargo, debo esperar un tiempo ignorado: no sé cómo hacer germinar la planta, ni cómo favorecer, ni cuidar su crecimiento; sólo presiento o deseo que tenga hojas de poesía; o algo que se transforme en poesía si la miran ciertos ojos. Debo cuidar que no ocupe mucho espacio, que no pretenda ser bella o intensa, sino que sea la planta que ella misma esté destinada a ser, y ayudarla a que lo sea. Al mismo tiempo ella crecerá de acuerdo a un contemplador al que no hará mucho caso si él quiere sugerirle demasiadas intenciones o grandezas. Si es una planta dueña de sí misma tendrá una poesía natural, desconocida por ella misma. Ella debe ser como una persona que vivirá no sabe cuánto, con necesidades propias, con un orgullo discreto, un poco torpe y que parezca improvisado. Ella misma no conocerá sus leyes, aunque profundamente las tenga y la conciencia no las alcance. No sabrá el grado y la manera en que la conciencia intervendrá, pero en última instancia impondrá su voluntad. Y enseñará a la conciencia a ser desinteresada.

Lo más seguro de todo es que yo no sé cómo hago mis cuentos, porque cada uno de ellos tiene su vida extraña y propia. Pero también sé que viven peleando con la conciencia para evitar los extranjeros que ella les recomienda.

 

Tomado de ciudadseva

Transpiração

(Alzira Espíndola e Itamar Assumpção)

A inspiração vem de onde?

Pergunta pra mim alguém

Respondo talvez de Londres

De avião, barco, bonde

Vem com meu bem de Belém

Vem com você nesse trem

Nas entrelinhas de um livro

Na morte de um ser vivo

Nas veias de um coração

Vem de um gesto preciso

Vem de um amor, vem do riso

Vem por alguma razão

Vem pelo sim, pelo não

Vem pelo mar gaivota

Vem pelos bichos da mata

Vem lá do céu, vem do chão

Vem da medida exata

De dentro da tua carta

Vem do Azerbaijão

Vem pela transpiração

A inspiração vem de onde?

De onde?

Vem da tristeza, alegria

Do canto da cotovia

Vem do luar do sertão

Vem de uma noite fria

Vem olha só quem diria

Vem pelo raio, trovão

No beijo dessa paixão

 

Transpiración

(Alzira Espíndola e Itamar Assumpção)

¿De dónde viene la inspiración?

me pregunta alguien.

Respondo: tal vez de Londres,

en avión, barco o bondi

o con mi amor de Belén

viene con vos en el tren.

En las entrelíneas de un libro,

en la muerte de un ser vivo,

en las venas de un corazón.

Viene de un gesto preciso

De un amor, de la risa,

y por alguna razón.

Por el sí, por el no.

Viene por el mar gaviota,

por los bichos del mato

viene del cielo, del suelo,

de la medida exacta,

dentro de tu carta,

viene de Azerbaiján.

Por la transpiración

¿De dónde viene la inspiración?

De la tristeza, alegría

del canto de una alondra

o del luar del sertón.

Viene de una noche fría

Viene, mirá vos, quién diría

por el rayo, el trueno

en el beso de esa pasión.

Hemos llegado a una ciudad sagrada.
Preferimos ignorar su nombre:
así le podemos dar todos los nombres.
No encontramos a quién preguntar
por qué estamos solos en la ciudad sagrada.
No conocemos qué cultos se practican en ella.
Sólo vemos que aquí forman un solo filamento
el hilo que une toda la música del mundo
y el hilo que une todo el silencio.
No sabemos si la ciudad nos recibe o nos despide,
si es un alto o un final del camino.
Nadie nos ha dicho por qué no es un bosque o un desierto.
No figura en ninguna guía, en ningún mapa.
Las geografias han callado su ubicación o no la han visto.
Pero en el centro de la ciudad sagrada hay una plaza
donde se abre todo el amor callado
que hay adentro del mundo.
Y sólo eso comprendemos ahora:
lo sagrado
es todo el amor callado.

Existe un hermosísimo idioma, cuyas palabras parecen casitas hechas con hongos. A su lado, palidecen las más bellas letras rúnicas.
Lo descubrí una tarde y, no, lejos: aquí, nomás, mientras avanzaba entre las boticas de los eucaliptos, a la hora en que las paredes se colman de estrellas, y desde los árboles y el cielo, caen pastillas y perlas, vi el idioma, y lo entendí, enseguida, como si siempre, hubiera sido el mío.

«La práctica del movimiento me llevó a descubrir al hombre humanamente.
Cuando sucede esto, se siente el verdadero amor.
La práctica de la expresión me permitió descubrir la necesidad que tenemos de liberarnos y el miedo que tenemos de que esto se produzca.
La práctica del ritmo me permitió conectarme con mi mundo emocional y a través de él, descubrir los ritmos de cada pueblo, desde el nuestro. (No confundir ritmo con coreografía o compás).
El Hatha Yoga me permitió descubrir el mundo en sus distintas dimensiones, mis resonadores y mi responsabilidad en la relación entre mi personalidad y mi ego, y entre mi esencia y mi sensibilidad y cómo estaba yo ubicada en todos estos aspectos y qué relación tengo Yo personalidad con todo esto.
La Plástica Griega me permitió conocer e identificar la expansión psicofísica y tener la experiencia de lo que realmente significa un instante armónico entre el cosmos y mi todo.
La información y la comunicación telepática me permitió sacar conclusiones y me ayudó a meterme a experimentar lo que intuía.
La intuición fue mi acicate para buscar informarme permanentemente.
Tenía miedo y no quería equivocarme. El miedo a equivocarme me llevó a informarme en todo lo que podía encontrar y como no encontré muchas explicaciones, me entregué a experimentar personalmente.
Como no podía ni puedo quedarme con lo que adquiero y necesito exteriorizarlo, comencé a contar lo que me acontecía. Contando, encontré quienes se interesaron en hacer la experiencia y así pude experimentar y comprobar. Descubrí las leyes.
Por suerte encontré muchas personas a quienes les interesaba lo que hacía y hago. Desde luego que cada uno sigue la experiencia mientras lo necesita y esté en el campo de su interés.
Lo que he descubierto no es nuevo. Es tan antiguo, bueno, como el hombre…»
Susana Rivara de Milderman del Libro: «Hacia el equilibrio entre la Ética y la Estética«