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Espíritu

“la playa exalta mi sombra / en tanto el mar sea mar, no moriré”.

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Cuando me muera deberé cruzar el río

 

Cuando me muera deberé cruzar el río
Qué perro hará de guía si no tengo
un perro flaco que olerá mi cobardía
irá a mi lado

Y estará la vieja en la balsa
Le entregaré dos llankas
para que me cruce
Las piedras arrancadas de cuajo
de mi garganta
de mi estómago
crecidas en los dolores
en los gritos que no pude gritar
cuando se agrandaban mis ojos
y hacía que vivía

Entregaré esas piedras
y no habrá más
seguro lágrimas
porque no pude encontrarle el secreto a esta vida
porque me fui
detrás de los fantasmas
buscando tramas
y arañas
y cántaros
y hojas

¿reconocerá la vieja su valor?

Subiremos con mi perro
La balsa se deslizará en la tarde
hacia el oeste

Arribaremos
Y tiene que estar allí mi hermana menor
tiene que estar
no puede ser la muerte una nada para un pájaro
para quien ha pintado con pinceles el fuego
Ella tendrá cicatrices visibles en los ojos
sus ojos más certeros aún
hurgarán en mí
hasta sacarme las espinas
me dibujará el rostro con sus dedos
una huella de choique
arderá el fuego sobre piedras azules
comeremos corazones palpitantes
y mi hermana pintará un kultrun en el aire
con la sangre

Después no sabré
si soy un caballo
o un resuello
si es el viento una trutuka
y saldremos galopando
a desparramar las estrellas del río
y en el movimiento circular
sabré de una vez
qué es ser un guerrero que corre libre hacia la muerte
qué visiones lo ardían

Regresaremos al mallín
y habrá la gente alrededor del fuego
las ollas tiznadas y la luna
y cada hoja de los álamos brillando

Entonces me recordaré
de ellos tan lejos
y moriré de nuevo

de los barrios planes de vivienda
creciendo en vértigo
en la ciudad con horizonte
las bolsas de nylon y las estrellas allí
entre los cables del alumbrado público.

Cielo futuro

Si me imagino mi muerte, estaría acostada boca arriba,
y mi espíritu subiría hasta la piel de mi panza para desprenderse
como una hoja de papel manteca con la forma de una chica, girando
hasta quedar boca abajo y, como la alfombra del genio,
saldría volando bajito
sobre nuestro planeta— al futuro cielo:
ser invulnerable, y poder ver sin
restricción ni interrupción ni límite
andar por el aire, y mirar, mirar,
nada muy distinto de la vida, estaría
llena de una soledad casi indolora,
mirando la tierra como si ver la tierra
fuese mi versión de tener un alma. Entonces
divisaría a mi amado,
en la puerta del cielo—
no la de las constelaciones, ni la de los
pentángulos ni la de las boreales,
una puertita, como las de los gatos,
en la parte de abajo de la puerta del cielo,
detrás de la cual está la nada. Y él me dice que se tiene que ir,
que ya es hora. Y no me pregunta
si quiero ir con él, pero siento
que le gustaría que fuera. Yo no creo
que sea una nada viviente, donde los no-seres
pueden hacer una especie de amor ultraterreno, creo
que es la nada más nada y que
al pasar esa puerta vamos a desvanecernos juntos.
Qué alegría tan intensa agarrarle el brazo,
y apretarlo contra mi corazón
como hacen dos amantes que pasean,
y dar el paso.