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Archivo de la etiqueta: teatro

En tiempos antiguos, cuando todo era uno, no había distancia. Por eso nadie viajaba sino dentro de sí. Tampoco había tiempo y nada transcurría. Pero una vez, un rayo cayó sobre una piedra y la partió, y un pedazo rodó cuesta abajo. Sucedió que las piedras se miraron, y se reconocieron. Dijeron: “estamos lejos”, y se pusieron a caminar. Y cuando se encontraron decidieron seguir viajando. Cada uno esconde lo que ama. Lo que es precioso. Así, la tierra guarda 5 en socavones sus riquezas. Los hombres buscan lo que la tierra oculta porque reciben poco de lo que ella ofrece bajo el sol, y se rebelan a su miseria. Cavan túneles agradecidos y temerosos, para que la tierra no se enoje y los sepulte con ella.
César Brie, en Las abarcas del tiempo

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Cuando alguien muere en este pueblo, su amigo más íntimo hereda sus ropas, para que el día de los santos se vista con ellas y vaya a visitar al amigo fallecido. Si dejas en la tumba los zapatos del muerto él podrá caminar por la tierra que lo vio vivo. Si apoyas un pinkillo, o una quena donde fue enterrado, el viento soplará para que escuche un huayño. Si no creen en esto pregúntense por qué se sienten solos, si no bailan dentro de ustedes aquellos que amaron, si no cantan en nosotros nuestros muertos. La muerte es como un viaje y si vamos a despedir un amigo, es mala educación darle las espaldas antes que haya desaparecido. El muerto está de espaldas y las espaldas no son ausencia todavía. Dejemos morir dulcemente a nuestros muertos. Es triste olvidarlos antes del olvido.

 

César Brie,  en Las abarcas del tiempo

PENÉLOPE:

Esperaré hermana mía, hasta que acabe mi aliento.
Yo moriré creyendo que la mano que se acerca
para cerrarme los ojos, es la mano de mi amado
que regresa a despertarme.
Yo creeré que los golpes del agua contra las rocas
son el llamado a mi puerta del marido que retorna.
Yo veo todo y estoy ciega,
todo espero y ya no queda
más que el viento en las ventanas
donde se asoma mi cara
al atardecer, al alba, a la noche, a la mañana,
mirando todos los mares,
oyendo el vacío de la tierra.

 

César Brie, en La odisea

ATENEA:
Penélope esposa, tu cama vacía son cientos de camas
tu hijo pequeño no es único hijo.
Edificios llenos de niños sin padres,
casas acosadas por los pretendientes.
por deudas, parientes, por falsos amigos.
Penélope, un nombre y miles los rostros
que esperan, que miran la nave que nunca
traerá de regreso a sus seres queridos.

Los pretendientes las arrastran y las abandonan en el proscenio

MUJER:
El viaje, la ausencia, el destino, la furia
la angustia, el regreso, el naufragio, el dolor.
Esta vieja historia la contaba un ciego.
¿Cuándo comenzó? ¿Quién partió primero?
¿Para qué se fueron, quién los expulsó?

MUJER 2:
Los otros Ulises ¿de dónde vinieron?
Palestina, Irán, Uganda, Uruguay
Paraguay, Bolivia, India, Pakistán.

MUJER 3:
Nacieron un día, nadie les contó
que ya desde niños no había lugar
ni espacio para ellos, nunca se escondieron,
no hay donde esconderse una vez nacidos.

PENÉLOPE:
Nosotras viajamos dentro de nosotras.
¿Quien relata ahora nuestras odiseas?
¿El llanto en la noche, el eterno insomnio?
Nosotras viajamos sin salir del pueblo.
Nosotras sabemos, por eso esperamos.
Es nuestra esperanza la que los protege,
allí donde están les llega como eco,
se vuelve nostalgia y los hace volver.

ATENEA:
Cada uno en su sitio:
latinos, chicanos, negros, bolivianos,
tamiles, afganos, no osen moverse.
Reciban miseria, la guerra, el tormento
como quien recibe la lluvia en invierno.
El cielo es inmenso y la tierra estrecha.
Ninguno se mueva. No queda lugar.

(Las mujeres se van )

César Brie, en La odisea

PENÉLOPE:
Ya no cantes Femio, no quiero llorar.
Soy fiel a una sombra que nunca regresa
tu canto es un viento que aviva la llama
y enciende un dolor que había sepultado
dentro de mi cuerpo.
¿Mi cuerpo? Una tumba
donde cada día entierro a un ausente.
Música y palabras no pueden bastarme,
dan vida a un fantasma que no me desviste,
que no me acaricia, que no me sostiene.
Quedan en el suelo. Entra Telémaco
TELÉMACO:
Déjalo que cante. Para ti la ausencia
tiene un rostro, un cuerpo, un tono de voz,
es una nostalgia llena de rumores, de risas, miradas,
pero para mí esa ausencia nada significa.
A través del canto puedo imaginar
ese que lamentas no tener contigo.
El canto me ayuda a ver a mi padre
a sentirlo cerca. Eso que te duele,
que te quita el aire, me ayuda a vivir.
César Brie, en La odisea