archivo

Archivo del Autor: martinbroide

Tres siglos ya que se adoptó el calendario chino lunar, al que se añade, cuando hace falta, un mes intercalar. En la literatura de esta época jamás se oye hablar del sol, de ese jactancioso indiscreto; es la luna la soberana y la que dispone a los corazones. Cuando está llena aumenta en un cincuenta por ciento las posibilidades de un pretendiente. Observar su ascensión por encima de un panorama bien escogido (Tsuki-mi) es, aún hoy día, uno de los pasatiempos favoritos del mes de septiembre. …Al festival de las flores de cerezo le sigue el de las malvarrosas, el de los lirios, el de las azaleas, y más tarde la fiesta de Tanabata, que celebra la conjunción de las estrellas del boyero y la hilandera. Octubre es la época de los arces, cuyo resplandor hace que los bonzos se distraigan al rezar en la profundidad de sus templos. Todo el año gira alrededor de las flores, las hojas, los retoños y las espigas de arroz, así como de las constelaciones. La geomancia china y sus prohibiciones de toda clase gobiernan igualmente la existencia. El Noreste es por lo general nefasto; Saturno peligroso; las Buenas Direcciones cambian de un día para otro. Al anochecer se tiene buen cuidado de orientar el lecho, y no se emprende el camino ni se toma la menor decisión sin antes consultar los almanaques. Al salir de viaje se quiebra una rama de pino (longevidad) que promete un retorno feliz, y del comportamiento matinal de las arañas se extraen conjeturas respecto a los proyectos amorosos. Existe una Oficina imperial de los Presagios a la que los gobiernos de las más lejanas provincias tienen la obligación de notificar todo aquello que escape a lo ordinario. Cuando una «auspiciosa nube» apareció en una prefectura del Norte, todos los prisioneros fueron liberados.

 

Nicolás Bouvier, en Crónica japonesa

LA FUERZA DEL NO HACER

No hacer nada requiere fortaleza,
los débiles sucumben sin trabajo,
lo inventan si escasea, no pueden con el ocio.
Por el contrario el que no hace nada resiste
todas las tentaciones que atañen al trabajo.
Entonces es llevado al borde del barranco
tal como Cristo, arrójate, tómalo todo, adórame.
Y en su desierto del no hacer
persiste adusto y pobre,
cultiva la gran fuerza del que sabe
cuál es su sitio y su destino entre los hombres.
No hacer nada requiere fortaleza,
su origen es el don y a su conocimiento
sólo acceden aquellos para el cual son llamados.

Roberto Malatesta

 

de Cuaderno de no hacer nada

Que florezcan cien plantitas, que se abran

Chlorophytum como sum Variegatum o Phalangium, también conocida como Lazo de Amor, Holandé Errante o Cola de Novia, que en largos vástagos colgando…
Dembo, Botánica

Los lazos de amor en el patio son un poco de baldío,
les brotan hijos que primero se alzan hacia el cielo
y se inclinan después, dominan la gravedad tan dulcemente
que se acunan en el viento, cabecean con las primeras lluvias de abril
y sólo insinúan pequeñas raíces en el aire donde nacen.
Nacen sabiendo, eso sí, sabiendo esperar la tierra donde arraigarse
y echar nuevos hijos al mundo, nuevos lazos de amor:
de alguna manera, no sé cómo, los brotes sospechan
que abajo hay baldosas y que vivir no es sólo largarse:
tienen la ventaja de esperar, avanzar, retroceder,
sin jugarse a todo o muerte en cada primavera.
Mientras tanto, hay que saber hamacarse y ellos lo saben:
en toda coyuntura siempre habrá un poco de baldío para nuevos lazos de amor,
también la tenacidad de abrazar toda la tierra
y pequeños yuyos, imperceptibles combates que socaven
y hagan saltar las baldosas, den que nacer.

Alberto Szpunberg, en Su fuego en la tibieza

Mi amigo guarda botellas

Mi amigo guarda las botellas
fundamentales de su vida.
No es apego al alcohol
ni a las fiestas,
yo sé que él reverencia lo que pasa
y una botella es cáscara del tiempo.
Sumaron tantas que
él tuvo que sacarlas de su casa.
Ahora contra un árbol en su patio
son como vainas verdes que un día restallaron.
Será por eso que él mira a lo lejos
como buscando bosques.
Quizás quien reverencia lo que fluye
ya participa de aquel sitio
donde las cosas varan
y donde al fin se sabe
el nombre verdadero.

 

Roberto Malatesta, en La estrella roja

Descubro una hoja escrita por mi hija,
diversos tipos de letras, dibujos y símbolos,
lo cierto es que ya no reconozco a la chiquilla,
alguien que así escribe ha madurado y amenaza
con dejar rezagada a la infancia.
Me da un poco de miedo todo ese proceso,
me detengo a indagar dónde
estoy representado en tal escritura
¿Seré esa “o” inconclusa, el apóstrofe diminuto,
o acaso el tilde omitido?

 

Roberto Malatesta, en La estrella roja

Una pared

que da justo

a la puerta de mi casa

dice te amo

cada vez que salgo

la leo

en diagonal

está

la esquina del chapista

con el chapista

siempre

en el medio del portón

las partes de arriba de la pared

tiene puntas

de botellas rotas

para que los gatos

no hagan nido entre los fierros

parece un palacio

 

Roberta Iannamico, en Tendal