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Preguntas

El ruido del mar

Hay un tejido, una red luminosa
que tiembla en la arena, por abajo del agua.
Se ve a través del verde transparente
como una temblorosa trama.

Cuando la ola rompe su espuma
quedan burbujas sueltas, chiquitas
sobre la piel del agua:
brillan intensa, nítidamente
en seguida se apagan.

Por la suave curva de las olas
sobre su lento avance
sobre su amplio movimiento seguro
la luz resbala.
Se deslizan los resplandores
por los movedizos toboganes del agua.

Ruido del mar, qué golpe derramado
qué entreverada voz y qué sonido
tan confuso y oscuro
cuando todo en derredor está tan claro.

Todos los límites
firmes y recortados
todo con su color tan decidido
los colores tocándose
uno al lado del otro, sin mezclarse.

Y parece que cada uno: limpio
y liso azul, rojo tejado
verdor brillante
diera un sonido puro e inaudible
y todos un acorde fuerte y claro.
Pero el ruido del mar no se comprende,
se desploma continuamente, insiste
una y otra vez, con un cansancio
con una voz borrosa y desgranada…

Y no se sabe
qué es qué quiere o qué pide
el turbio ruido oscuro
cuando todo en derredor está tan claro.

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LAS PREGUNTAS. Buenos Aires, 1998
¿si yo pregunto sabré?

pregunto como quien dispara una flecha
al corazón de la manzana: para claver el corazón

¿si arranco suave la heridora de la herida
sabré del corazón más que de la manzana?

¿la sangre que ella provoque derramar
es para mí?

pregunto como quien pregunta:
sólo por preguntar y oír la música

¿si el diapasón no suena bello a mis oídos
sabré más de la música que de los sonidos?

¿la felicidad que ella provoque escuchar
es para mí?

¿si yo pregunto sabré? ¿qué quiero preguntar?
¿si yo pregunto sabré qué quiero?
¿si yo pregunto sabré qué quiero preguntar?

 

Liliana Lukin

 

No te detengas alma sobre el borde De esta armonía
que ya no es sólo de aguas, de islas y de orillas.
¿De qué música?

¿Temes alma que sólo la mirada
haga temblar los hilos tan delgados
que la sostienen sobre el tiempo
ahora, en este minuto, en que la luz
de la prima tarde
ha olvidado sus alas
en el amor del momento
o en el amor de sus propias dormidas criaturas:
las aguas, las orillas, las islas, las barrancas de humo lueñe?
¿O es que temes, alma, su silencio,
o acaso tu silencio?
Serénate, alma mía, y entra como la luz
olvidada, hasta cuándo?
en este canto tenue, tenuísimo, perfecto.

Quizá todo esto

Quizá todo esto
esté sucediendo en un laboratorio.
Bajo una lámpara de día
y millones de lámparas de noche.

Quizá seamos una generación de prueba
vertidos de un recipiente a otro
agitados en las retortas,
observados por algo más que un ojo,
cada uno por separado
cogidos al final con pinzas.

Quizá de otro modo:
sin intervenciones.
Los cambios suceden por si mismos
conforme al plan.
La aguja gráfica dibuja lentamente
los zigzags previstos.

Quizá hasta ahora no haya en nosotros nada interesante.
Los monitores de control pocas veces se conectan.
Solo si hay una guerra, y de las grandes.
Algunos vuelos más allá del terrón de la Tierra.
O grandes migraciones del punto A al punto B.

Quizá al revés:
Solo les agraden los episodios.
He aquí una chiquilla en una gran pantalla
cosiéndose un botón a la manga.

Los sensores silban,
el personal acude.
¡Ay qué personaje es éste
con su pequeño corazón latiendo dentro!
¡Qué seriedad tan graciosa
al enhebrar la aguja!
Alguien exclama exaltado:
¡Avisen al Jefe,
que venga y lo vea él mismo!

Wislawa Szymborska

 

Y lo que siguió después de la lectura:

Quizá todo esto
esté sucediendo…
en una gran cabeza, con muchos piojos.
Nosotros somos los piojos.
Alguien está despiojando la gran cabeza de la Señora Mundo.
Justo ahora pasa ese pinchoso peine al lado de mi mano.
Ayyyyy….nooooooo….me caigoooo….

Emilia Chiaradia
(9 años)

 

 

De http://todo-lo-maravilloso.blogspot.com.ar/

Río de la Plata, el más ancho del mundo, ocupa la mitad de la página ochenta y siete,
donde una línea temblorosa como el dibujo de todas las aguas de todos los ríos
baja hasta ensancharse y desaparecer “en la mar que es el morir”.
El dedo que sigue esa línea también tiembla como si bogara sobre las aguas,
por encima de los bagres, la mugre, los barcos y el atardecer.
El hombre que después de años ha vuelto a abrir este libro, aunque tarde, recuerda la lección para mañana
y cierra los ojos un instante para repasar:
¿Ya se han sumado a esta línea los cuerpos arrojados desde un avión?
¿Cambia mucho el curso de un río cuando un corazón se deposita en el fondo de las aguas?
¿Qué ola de barro se encrespa inútilmente a la altura del codillo del Río de la Plata?
El hombre deja correr las páginas y acaricia el libro, se despide,
a través de la ventana observa la geografía por donde habrán de venir.
Szpunberg Alberto
en Su fuego en la tibieza, 1981.

Preguntas adioses reencuentros
XI

Y éste es el sol, no el del poema, sino el sol, el que
ilumina,
y ésta es la mujer que cegaba como un sol en el centro
de la noche,
y ésta es la luz, la que transparenta los árboles que
tiemblan en el aire como si palabras fuesen:

-¿Falta mucho para la ciudad siempre lejana?

-No sé, pero recuerdo como si fuese ahora: sobre sábanas muy blancas y encrespadas, todo el mar

redacciones

 

alguna vez sentiste la fragilidad de las cosas
el hilo delgado
la trama invisible que sostiene lo visible?

alguna vez viste el océano de nubes
su oleaje desatado sobre el mundo?

alguna vez supiste algo absolutamente
sin saber por qué?

alguna vez deseaste cruzar el mar
ser extranjero
hablar en lenguas
despertarte y no ser ese
pasajero en trance de todos los espejos?

alguna vez te viste y no eras vos
sino extranjero de tu propia cara
en tu casa y en tu cuerpo?

alguna vez tus manos no te hicieron caso
aves ajenas alzándose en tu contra?

alguna vez
te viste desde afuera
y tuviste deseos intensos
de deshacerte como lluvia
disolverte como un eco en la montaña?

de esas cosas no se habla en los diarios

/// tres sujetos fuertemente armados

 

Jorge Spíndola, en Perro lamiendo luna