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Llorar

Humedades

nunca conocí a alguien tan bueno como don genaro /

visitaba pacientemente a los amantes infelices /

les hablaba horas enteras de las bellezas de la vida

les traía esperanzas envueltas en papelitos arrugados /

se la pasaba soplándoles la frente /

las nubes de soledad y abandono que se les amontonaban allí /

y fatalmente llovían sobre él / dejándolo hecho sopa /

don genaro apenas si alcanzaba a cubrirse un peroné / una falangeta /

mientras el resto de sus 102 huesitos enloquecían de humedad /

se ponían a llorar como niños / empeorando el caso /

clamaban contra los amores desdichados que les hacían tanto mal /

exigían que el propio Dios intervenga

que Dios se alce de las rodillas de juana inés / donde descansa feliz /

para poner orden acá /

para que nadie ame en vano /

para que vos misma pasés por acá / en una palabra /

la desgracia de don genaro era el reuma /

le llenaba de plomo doloroso los pies /

a todo el mundo le decía para qué llora / mijito /

acá lo que mata es la humedad /

tenemos la ciudad más linda del mundo / decía

frente al río más ancho del mundo /

bajo la dictadura militar más asesina del mundo /

para qué vas a llorar / y menos por una mujer

don genaro hacía fogatas contra el llanto en cualquier

esquina/

decía que acariciar es mejor que recordar/

tiraba al fuego mis recuerdos de vos/

incluso el día ese que nos amamos tanto que pasaban

lunas y soles sin querer/

ojalá esos recuerdos le sirvan a don genaro peara

espantar la humedad/

para tener los huesos tibios/

para andar por sabrosas libertades/

y maravillas y misterios de los que mejor no hablar/

yo no sé si quedarme sin recuerdos de vos es

quedarme sin vos/

la memoria se levanta a las 6 de la mañana y se pone

a trabajar/

viene del sueño y labra el sueño

donde soñé que me soñabas/ húmeda/

 

 

Juan Gelman, en Interrupciones II

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