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Estero

I
¿Vuelas con un retrato de ataúd con cuerpo de doncella?
Visitante de la vida del sueño.
¿Traes el cuerpo libre para cantar con la guitarra?

II
A veces el invierno se adelanta en los lugares
subtropicales.
Y no he visto jamás tanta delicada esperanza como ésta.

III
No quisiera despertar nunca de la extrema delicadeza
que hierve en los depósitos de los grandes inviernos.

IV
Potrillos de oro sanguineo y asombrado. Mas altos que el
invierno.

V
Un día llueve, y al día siguiente el invierno luminoso es
cálido.
¿La lluvia? Tétrica, pero rica, no pervertida.

VI
Este invierno he descubierto que hay palmeras celestes.
Extrañas. Con una ferocidad solar y lunar. Y sin nombre.

VII
Debe importarme el agua y el color.
Nada más.
Y la noche, cuando el agua desembarca todas las
apariciones.

VIII
Agua mía, floreada por el sol, el invierno es tu niño con
fiebre.
El niño que solo vende sus ojos a los sueños.

IX
Te odio, hechicera invernal que envenenas el estanque.
Te adoro, impura deseosa de los cuentos:
hada del sexo infantil.

X
Oh coraje y transparencia y peso y brutalidad celeste
del invierno en enero.
Como se descuelgan los monos para crecer y beber
en el color sagrado, mientras duermo mi sueño
brillante,
cautivo del estero.

 

Francisco Madariaga, El delito natal