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Dinero

Cuando lo conocí
vivía y comenzaba estudios de derecho
sin saber para qué en ambos casos.
Su clase lo tenía aprisionado como en un túnel;
él arremetía a puntapiés sus paredes
o grababa obscenidades a punta de cuchillo.
Sospechaba un error maligno
en el destino que le estaban perpetrando los suyos
y cuando terminó por confundir el engaño con el orden
ya estaba sometido y limpiamente afeitado.
Estudiante-abogado-casado-padre-abuelo,
sumergido, girando en la marea histórica nacional
sin conocer a fondo lo que proponían los hechos,
lo que no le evitó sacar conclusiones
en las que se instaló como en un traje duro.
Acumuló dinero, gozó-padeció una cuenta bancaria
donde un segundo corazón le palpitaba
y no dejó de latir cuando el otro estalló.
Ni un segundo dramático para entender que había fracasado;
no le dieron tiempo su título, su mujer, los tribunales,
su propia materialidad, el televisor, el automóvil;
el teléfono le impidió concluir un pensamiento privado.
Recuerdo haber bebido café en su correcto velorio
porque el mundo no había cambiado todavía.
Le destinaron un nicho aséptico en el cementerio
con un número de bronce en el mármol vertical.
Porque así concluye esta causa, doctor,
con una cifra velozmente superada
mientras el país lo olvida y prosigue
sus glorias e injurias por su propia cuenta.

 

Joaquín Gianuzzi, en Obra poética

Dinero

Yusuf ibn Jafar el-Amudi solía tomar sumas de dinero, algunas veces muy grandes, de aquellos que venían a estudiar con él.
Un distinguido legista, visitándolo una vez, dijo:
“Estoy encantado e impresionado por tus enseñanzas, y estoy seguro de que estás dirigiendo a tus discípulos del modo apropiado. Pero el tomar dinero a cambio de conocimiento no está de acuerdo con la tradición. Además, la acción se presta a tergiversaciones.”
El-Amudi dijo:
“Nunca he vendido ningún conocimiento. No hay suficiente dinero en la tierra para pagar por él. Por lo que respecta a las tergiversaciones, el abstenerme de tomar dinero no las evitará, porque encontrarán algún otro objeto. Más bien deberías saber que un hombre que toma dinero puede ser codicioso de dinero, o puede no serlo. Pero un hombre que no toma nada en absoluto está bajo la sospecha más grave de robar al discípulo de su alma. A las personas que dicen: ‘No tomo nada’, puede que las encuentres quitándoles la voluntad a sus víctimas.”

 

 
En La exploración dérmica