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Semilla

Los días van tan rápidos en la corriente oscura que toda salvación
se me reduce apenas a respirar profundo para que el aire dure en mis pulmones
una semana más, los días van tan rápidos
al invisible océano que ya no tengo sangre donde nadar seguro
y me voy convirtiendo en un pescado más, con mis espinas.
Vuelvo a mi origen, voy hacia mi origen, no me espera
nadie allá, voy corriendo a la materna hondura
donde termina el hueso, me voy a mi semilla,
porque está escrito que esto se cumpla en las estrellas
y en el pobre gusano que soy, con mis semanas
y los meses gozosos que espero todavía.
Uno está aquí y no sabe que ya no está, dan ganas de reírse
de haber entrado en este juego delirante,
pero el espejo cruel te lo descifra un día
y palideces y haces como que no lo crees,
como que no lo escuchas, mi hermano, y es tu propio sollozo allá en el fondo.
Si eres mujer te pones la máscara más bella
para engañarte, si eres varón pones más duro
el esqueleto, pero por dentro es otra cosa,
y no hay nada, no hay nadie, sino tú mismo en esto:
así es que lo mejor es ver claro el peligro.
Estemos preparados. Quedémonos desnudos
con lo que somos, pero quememos, no pudramos
lo que somos. Ardamos. Respiremos
sin miedo. Despertemos a la gran realidad
de estar naciendo ahora, y en la última hora

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El ángulo de la vida

es una semilla.

Las trabajosas hileras

que nos dieron años de respiración.

El secreto del árbol

consiste en proyectar la luz,

la luz de los rayos del cosmos

y las últimas fuerzas que resucitan desde el fuego del centro.

Y el atisbo del fin

es el desierto interminable

inmerso en la finitud

de la que nace el árbol.

II

Enumeramos ahora ciertas cosas:

CUERPO, CIELO, PALABRA Y ACTO.

Cuerpo es el sin fin, donde experimentamos cada

sensación por separado, como granos de arena y cada

sensación en su totalidad, como arena.

Cielo es el punto al que nuestra vista identifica

más velozmente, por cubrirlo todo.

Palabra es la cara de la voz y es el sitio intermedio

entre el cuerpo y el cielo.

Acto fue el de los hombres que, al verse atrapado

en el paraíso, intentaron escapar del cielo.

III

Feliz es el día

Feliz es la noche

Feliz es el cielo

Por cambiar todo el tiempo

sin moverse de sitio.

Äjte’ te’ dzundy
mokaya’
mojk’jäyä
Kedgä’kätpatzi jojmorambä äj’ nwirun’jindam
ngobigbatzi äj’ dzokoyjin tumdumäbä tämbu
jindire’ suñ’gomujsibätzi yä’ Nasakobajk
Nä’ tzambatzi te’ kotzojk’ komi
ojnayajpatzi jach’tanä’ram
Dzemiajpatzi te’ joyjoyeram’
äj’ ore’ maka yayi’angas
mumu’is yajk mujsä juche nkätu äj’ iri yä’ Nasakobajkäjsi

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Soy el sembrador
protector de esta tierra
la flor del maíz
Observo con mis ojos antiguos
elijo con el corazón cada semilla
no es en balde mi conocimiento del mundo
Converso con el dueño del cerro
riño con las plantas malignas
Soy el provocador de los seres invisibles
mi voz se escucha hasta los confines de las montañas
porque nadie podrá negra mi paso por el universo

 

Mikeas Sánchez, en Mojk´jäyä / Mokaya, Editorial Pluralia