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Separación

No sé bien por qué
exactamente un año después
estaba cocinando los mismos zapallitos rellenos
que te preparé para tu cumpleaños
no lo hice a propósito, no lo planee
ni siquiera lo pensé
fue como si la vida me empujara
a un extraño ritual
a una ceremonia precisa
para finalmente dejarte atrás
para mostrarme la diferencia en el tiempo
lo que se devora en el transcurso.

Del océano rodante de la multitud

Del incesante océano, de la turba, una gota se me acercó suavemente,
Murmurando: Te amo, pronto habré muerto,
larga es la distancia que he recorrido sólo para mirarte y para tocarte,
Porque no podía morir sin haberte visto,
Porque sentí el temor de perderte.

Ahora nos hemos encontrado, nos hemos visto, estamos salvados,
Vuelve en paz al océano, amor mío,
Yo también formo parte del océano, no somos tan distintos,
¡Mira que perfecta es la gran esfera, la cohesión de todas las cosas!
Pero a los dos nos va a separar el mar irresistible,
Esta hora nos ha de separar, pero no eternamente;
No te impacientes -aguarda un instante- mira, saludo al viento, al océano y a la tierra,
Cada día, al atardecer, te mando mi amor.

Walt Whitman

Estoy desterrado de vos. Mis pies pisan otras tierras, y la cosa es que viva yo en otras tierras sin mentirme, sin mentir. Plantitas delicadas pueden sobrevivir. El aire amigo -aunque no entiende nada de nada- podrá abrigarlas, darles luz. Respirarán, plantitas.

Yo iré a verlas de noche, escucharé su respirar, miradas que me miran fijamente, fuegos que queman la madera de vos, tierra que arde en cada mundo, derramada de vos, dura, solísima.

Despedida a Ortiz

Usted ha atravesado el mar
trayéndonos sus poemas como nubes que abren…
Nos ha traído usted
unos secretos, apenas de plata, de aquel río,
con no sabemos qué figura de su país entre los pliegues…

Hoy vuelve con las flores y las hierbas y las manos
del cariño de una ciudad
dividida en las montañas,
por el mismo río Yan Tsé, hojeado por Tu-Fou…
vuelve
hacia aquella ciudad, alta, asimismo, en sus noticias,
y seguramente clarísima
de sus ojos sobre las aguas y lejana, probablemente, algo lejana
de sus ojos sobre las islas…

Oh, si sus poesías, Ortiz, fueran una manta, allá, toda extendida
sobre los óleos de la profundidad
y las lámparas de sus montes y campiñas,
para defenderlos de las uñas que vienen todavía en el mundo con los vientos…

Pero sus amigos están alegres
de que ellas sean, ya, lo mismo que piedrecillas que frotaran el cielo
en el camino de esos humildes, también,
el “paraíso” de nacimiento para los demás frutos del azul
en las encarnaciones sin fin…

Adiós, Ortiz…
Usted, será para siempre otro latido
del corazón de esta ciudad, que sentimos, todos, verde…
Y con usted se van, a la vez,
en una campiña sin tiempo, palpitando igualmente con usted,
sus hermanos de Chun-King,
o sus hermanos en el anhelo de ir hasta la flor
que tiembla aquí, o allá, o más allá, en el espacio del “Tao”…

juan l y el arbol

 

Traducido por Juan L.Ortiz – 1957.

Un infierno

El agravio de tus labios, que juraron y engañaron,
embeleso de tu beso donde preso me quedé.
Un zarpazo fue tu abrazo y tu piel de seda y raso,
un infierno cruel y eterno donde el alma me quemé.
El hastío con su frío hizo nido en todo mío,
si quererte fue la muerte, el perderte es morir más.
Que misterio es el cariño que en la cruz de tu abandono,
todavía te perdono y te quiero mucho más.

Clavaste
sin temor, con toda el alma,
a traición y por la espalda
un puñal, ¿y para qué?
No ves
que estoy herido y te sonrío
que aún te llamo cielo mío
y que aún beso tu puñal.
¡No lo ves,
que pese a todo y contra todo
en el cielo o en el lodo
yo te quiero siempre igual!

Maldecirte, no seguirte, no quererte, aborrecerte,
libertarme de tus manos, rosa fresca, no podré.
Como un ciego tambaleo sin tu voz, sin tu sonrisa,
cielo y brisa, tierra y todo, me recuerda tu querer.
Siempre arde, noche y tarde, esa antorcha de tus ojos
en tu pelo soy abrojo que pretende ser clavel,
como hiedra que se aferra a la piedra inevitable,
de tu amor inolvidable aferrado me quedé.

Música: Francisco Rotundo
Letra: Reinaldo Yiso

Versón Jorge Falcón

Partir

Ahora parto caminando
el mundo desierto,
y mis zapatos y mis medias
no duelen.

Dejo atrás
buenos amigos en la ciudad.
Que se emborrachen bien
y luego duerman.

No piensen que marcho
hacia la oscuridad exterior
así como Adán y Eva
fueron sacados del paraíso.

Olviden el mito.
No hay nadie
con quien marcharme
ni nadie que me saque.

A menos que me equivoque
solo obedezco
el llamado de una canción:
“Estoy destinado a irme”.

Y puedo regresar
si no quedo satisfecho
con lo aprendido
en mi muerte.

 

Away

Now I out walking
The world desert,
And my shoe and my stocking
Do me no hurt.

I leave behind
Good friends in town.
Let them get well-wined
And go lie down.

Don’t think I leave
For the outer dark
Like Adam and Eve
Put out of the Park.

Forget the myth.
There is no one I
Am put out with
Or put out by.

Unless I’m wrong
I but obey
The urge of a song:
I’m—bound—away!

And I may return
If dissatisfied
With what I learn
From having died.

 

 

 

Robert Frost, San Francisco, 1874- Boston, 1963. De ‘In the clearing’. En The Poetry of Robert Frost, ‘The collected poems, complete and unabridged’, Henry Holt and Company, New York, 1979. Version ©Silvia Camerotto

Tomado de http://desibilasypitias.blogspot.com.ar/

Mañana zarpa un barco

Riberas que no cambian tocamos al anclar.
Cien puertos nos regalan la música del mar.
Muchachas de ojos tristes nos vienen a esperar
y el gusto de las copas parece siempre igual.
Tan sólo aquí en tu puerto se alegra el corazón,
Riachuelo donde sangra la voz del bandoneón.
Bailemos hasta el eco del último compás,
mañana zarpa un barco, tal vez no vuelva más.

Qué bien se baila
sobre la tierra firme.
Mañana al alba
tenemos que zarpar.
La noche es larga,
no quiero que estés triste.
Muchacha, vamos…
no sé por qué llorás.
Diré tu nombre
cuando me encuentre lejos.
Tendré un recuerdo
para contarle al mar.
La noche es larga,
no quiero que estés triste.
Muchacha, vamos…
no sé por qué llorás.

Dos meses en un barco viajó mi corazón.
Dos meses añorando la voz del bandoneón.
El tango es puerto amigo donde ancla la ilusión.
Al ritmo de su danza se hamaca la emoción.
De noche, con la luna, soñando sobre el mar,
el ritmo de las olas me miente su compás.
Bailemos este tango, no quiero recordar.
Mañana zarpa un barco, tal vez no vuelva más.

Música: Lucio Demare
Letra: Homero Manzi

Versión: Floreal Ruiz con Osvaldo Requena.