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Conjuros

Fugaz, rara, la vida

Cabra entre las cabras, cedro
entre los cedros; agua fresca
en el chubasco, terrón reseco
en la sequía; carancho
tras el conejo, cuis en el buche
de la culebra; brote en el plantío,
remolino en la borrasca; pez
en el pico de la grulla, ratón
entre las patas de la tarántula.
Flor que nace de la flor, jabalí
que embiste bajo la lluvia, ardilla
que rápida asoma y se oculta.
Mi propio cuerpo germinando
en la tierra húmeda; mi alma…
que va en la brisa, que se precipita
con el aguacero, que susurra en
el disturbio del río, en la mudez
del presagio. Caravana salvaje
de la que somos parte; un día aves,
otro ciervos, otro hormigas, otro leones,
o vendaval o alud o luna llena…
Vanos, triviales, breves, leves,
somos chispazo, apenas un gesto
en el descomunal y secreto ajetreo.

 

César Bandín Ron

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Vuelvo a 1937

Los veo en la entrada de la universidad,
veo a mi padre
bajo el arco de piedra ocre
con las tejas rojas brillando como platos
de sangre inclinados detrás de su cabeza, veo
a mi madre con unos pocos libros sobre la cadera
parada contra la columna de ladrillitos,
con el portón de hierro todavía abierto detrás,
las puntas de las espadas bajo el viento de mayo.
Están a punto de graduarse, están a punto de casarse,
son chicos, son tontos, lo único que saben es
que son inocentes, nunca le harían daño a nadie.
Quiero acercarme y decirles paren,
no lo hagan —ella es la mujer equivocada,
él es el hombre equivocado, van a hacer cosas
que ni se imaginan que podrían hacer,
van a hacerles cosas malas a sus hijos,
van a sufrir de un modo del que nunca oyeron hablar,
van a querer morirse. Quiero
acercarme a ellos, ahí bajo esa luz de fin de mayo, y decírselos,
que la cara de ella, linda y hambrienta se dé vuelta a mirarme,
con su cuerpo hermoso y lamentable intacto,
que la cara de él, apuesta y arrogante, se dé vuelta a mirarme,
con su cuerpo hermoso y lamentable intacto,
pero no lo hago. Quiero vivir.
Los levanto como los muñecos de papel, macho y hembra, que son
y los froto a la altura de la cadera como astillas de pedernal, como para
sacarles chispas, les digo
hagan lo que estaban por hacer, que yo voy a contarlo.

 

Ya escribió sus Tristias y se divierte

arrojando piedras y caracoles al mar.

Ovidio cumple cincuenta y nueve años

en su exilio de Tomis.

Está solo, enfermo y naturalmente abatido.

Las piedras son sus abuelas: él sabe escucharlas

y las reenvía de nuevo a casa.

Una de ellas revela una textura extraña

y habla en un idioma desconocido: late.

El poeta la lanza al cielo y desaparece

por la abertura de un rayo verde.

Me dirijo hacia las aguas

donde mi barca ya ha naufragado.

Es lo último que escribió

Christian Kupchik

Siento que, al doblar,
nos encontraremos ahí,
como beduinos
incontenibles.

En los umbrales
de la civilización,
que espera
con vino
y zozobra.

Traspasaremos
con un canto arrollador
sus arcos de mármol
y muerte.

Niños hermosos,
orgullosos de su integridad,
no extraña que callen
ante el peligro.

Profundos cristales,
frías cavidades.
Muecas groseras
estafadas.

Enriquecidos
exégetas tecnocráticos,
que con tus costillas
alzan emporios.

¡Cómo olvidar
a esos cómplices del dolor
codificando su pupilaje!

Promiscua belleza
lacera tímidos cuerpos,
tu impertinencia
disuelve miedos.

¡Vive en vos!, amigo mío, ya lo sé.
La ciudad se abre a tus pasos…

Cuando el tiempo
era más que inmensidad,
tu sombra brillaba
junto al diablo.

Y en esa vigilia,
la perpetua llama
siempre arrojó luz
a otros caminos.

Si esta noche no tengo respuestas,
esta noche
te mataré.
A vos,
nene blanco sigiloso.

Ese reguero
de incontables farsas…
ya es tiempo
de expiarlas.

Luna llena de mil secretos

dale a esta planta suficientes frutos

y a mí, un largo cabello.

 

Luna venerada por mis ancestros

muéstrame el día fértil

y sembraré el maíz con orejas de conejo.

 

Luna llena no guardes más silencios

deja que mis hijos hallen en su vida

estos secretos.

 

CHUNUBTASEL

K’ucha’al setel jch’ulme’tik li k’usi jnae

ak’o satinuk li momol li’e

xchi’uk li vu’une nat jol xa va’kbun.

 

K’anbalal jch’ulmetik ta me’el mol

ak’bun kil li sk’ ak’ alil stak’ oy k’usi xch’ie

yu’un ta jts’un ka’i ixim chikin t’uluk yilel li yanale.

 

setel jck’ulmetik mu xa masuk xa ts’iji

ak’bo li jnich’ontake oyuk no’ox ta skuxleje

li k’usi oy ta jol ko’on li’e.

 

Enriqueta Lúnez

Soy mujer mi mujer.

Soy niña mi niña.

 

Soy mujer la mujer

Soy niña la niña.

Yo sé trabajar.

Soy niña mi niña.

Mis pies trabajan.

Mis manos saben.

Soy mujer mi mujer.

Me hiciste mujer.

Me regalaste mujer.

Mujer de las Flores.

Madre de Cielo.

 

Mujer de las Rosas.
Niña de las Rosas.

 

Florida Mujer de las Rosas

Niña de las Rosas en Flor.

 

Me diste niña

Me labraste niña.

 

Me sacaste niña.
Me sacaste mujer.

Me metiste una mujer adentro.

 

Mujer del Huipil de Seda.

Niña del Huipil de Seda.

 

Mujer del Huipil de Lana.

Niña del Huipil de Lana.

 

Soy niña mi niña.

Soy mujer mi mujer.

 

Me diste mi ánima.

Me regalaste mi muerte.

Me metiste mi alma adentro.

Soy la mujer del Huipil Araña.

Soy la niña del Huipil Araña.

Mujer de la Flor de Bromelia.

Mujer de la Flor de Konkon.

La luna está llena.

La mujer está en flor.

Mi niña mi niña.

Mi mujer la mujer.

Dame mi cabeza,

mete en mi corazón

tus tres agujas,

tus tres telares, tus jícaras,

las puntas de tus husos.

Soy niña mi niña.

Soy mujer mi mujer.

 

Loxa Jiménes Lópes, en Conjuros y ebriedades, del Taller Leñateros