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Poesía

La mayor diferencia entre la prosa y la poesía no radica en una cuestión de ritmo, de música o de mayor o menor presencia del elemento racional. En estos rubros, en contra de la opinión corriente, prosa y poesía son iguales. La verdadera diferencia, diría la única, es que sólo hay una forma de escribir un poema, y es verso a verso, mientras no se escriben un cuento o una novela línea por línea. El cuentista y el novelista siempre saben un poco más de lo que están escribiendo; el poeta sólo sabe, de lo que escribe, el verso que lo tiene ocupado, y más allá de él no sabe nada; así, cada nuevo verso lo toma de sorpresa. Todo poema está fincado sobre la sorpresa de quien lo escribe y, en consecuencia, sobre su nula voluntad de construir algo, que se reafirma a cada paso, en cada verso. Siendo en mucha mayor medida que la prosa un arte de la escucha, la poesía debe ajustar cuentas con cada paso que da, antes de concebir el siguiente, y por eso carece de expectativas. La prosa, en cambio, es industriosa. Se dirige hacia un punto, todo lo nebuloso que se quiera, pero real. Como un hombre que avanza por un sendero en medio de una espesura sofocante, no puede ver más allá de unos cuantos metros, pero algo ve; la poesía es como un hombre en una cueva oscura, que antes de dar el siguiente paso debe afianzar ambos pies y encomendarse a Dios. En esto radica su mayor dificultad, pero también su condición más indolora con respecto a la prosa, que es dolorosísima, porque al admitir cierto grado de planeación, nunca se deja abandonar por completo y absorbe a su autor aun cuando éste no escribe, mientras que el poeta, no pudiendo planear nada, cuando interrumpe su poema para dedicarse a otra cosa, lo olvida fácilmente y no lo recuerda hasta el momento en que lo reanuda. La prosa es tiránica e implacable, pero juega limpio; la poesía es huidiza y engañosa: no concede nada, no promete nada. El último verso de un poema sella algo que un segundo antes no existía. No hay pues poemas truncos. En cambio, toda la prosa, en un sentido, es inconclusa.

 

Fabio Morabito, en El idioma materno

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“Los alfabetos existen
la lluvia de los alfabetos
la lluvia que se cuela
la gracia, la luz
interespacios y formas
de las estrellas, de las piedras

el curso de los ríos
y las emociones del espíritu

las huellas de los animales
sus calles y caminos

la construcción de nidos
consuelo de los hombres

luz diurna en el aire
los signos del cernícalo

comunión del sol y del ojo
en el color

la manzanilla silvestre
en el umbral de las casas

el montón de nieve, el viento
la esquina de la casa, el gorrión

escribo como el viento
que escribe con la escritura
serena de las nubes

o rápidamente en el cielo
como con golondrinas
en trazos que desaparecen
escribo como el viento
que escribe en el agua
estilizada y monótonamente

o rueda con el pesado alfabeto
de las olas
sus hilos de espuma
escribo en el aire
como escriben las plantas
con tallos y hojas

o dando vueltas como con flores
en círculos y mechones
con puntos e hilos

escribo como el borde de la playa
escribe una orla
de crustáceos y algas

o delicadamente como con nácar
los pies de la estrella de mar
y la baba del mejillón

escribo como la primavera
temprana que escribe
el alfabeto común
de anémonas, de hayas
de violetas y de acederillas

escribo como el verano
infantil como el trueno
sobre las cúpulas de la linde del bosque
como blanco oro cuando maduran
el relámpago y el campo de trigo

escribo como un otoño
marcado por la muerte escribo
como esperanzas inquietas
como tormentas de luz
atravesando recuerdos brumosos

escribo como el invierno
escribo como la nieve
y el hielo y el frío
y la oscuridad y la muerte
escriben

escribo como el corazón
que late escribo
el silencio del esqueleto
y de las uñas y de los dientes
del pelo y del cráneo

escribo como el corazón
que late escribo
el susurro de las manos
de los pies, de los labios
de la piel y del sexo

escribo como el corazón
que late escribo
los sonidos de los pulmones
de los músculos
del rostro, del cerebro
y de los nervios

escribo como el corazón
el corazón que late
los gritos de la sangre y de las células
de las visiones, del llanto
y de la lengua. ”

 

 

 

Fragmento

La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro. Pan de los elegidos; alimento maldito. Aísla; une. Invitación al viaje; regreso a la tierra natal. Inspiración, respiración, ejercicio muscular. Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia: el tedio, la angustia y la desesperación la alimentan. Oración, letanía, epifanía, presencia. Exorcismo, conjuro, magia. Sublimación, compensación, condensación del inconsciente. Expresión histórica de razas, naciones, clases. Niega a la historia: en su seno se resuelven todos los conflictos objetivos y el hombre adquiere al fin conciencia de ser algo más que tránsito. Experiencia, sentimiento, emoción, intuición, pensamiento no dirigido. Hija del azar; fruto del cálculo. Arte de hablar en una forma superior; lenguaje primitivo. Obediencia a las reglas; creación de otras. Imitación de los antiguos, copia de lo real, copia de una copia de la idea. Locura, éxtasis, logos. Regreso a la infancia, coito, nostalgia del paraíso, del infierno, del limbo. Juego, trabajo, actividad ascética. Confesión. Experiencia innata. Visión, música, símbolo. Analogía: el poema es un caracol en donde resuena la música del mundo….

 

 

En El arco y la lira

Los girasoles

Vení conmigo

al campo de girasoles

sus caras son discos radiantes,

sus columnas secas crujen

como mástiles de barcos,

sus hojas verdes

tan fuertes y tantas

llenan el día entero con las pegajosas

dulzuras del sol.

Vení conmigo

a visitar los girasoles,

son tímidos

pero quieren hacerse amigos;

tienen historias maravillosas

de cuando eran jóvenes

de la importancia del clima

de los cuervos errantes.

No tengas miedo

de hacerles preguntas.

Sus caras luminosas

que siguen al sol,

escucharán y todas

esas hileras de semillas

-una vida nueva en cada una-

esperan una cercanía más profunda;

cada una de ellas, aunque permanezca

entre una multitud, espera

en su soledad como un universo

separado. El largo trabajo

de transformar sus vidas

en una celebración

no es fácil. Vení

y hablemos con esas caras modestas,

el ropaje simple de las hojas,

las toscas raíces en la tierra,

tan erguidas, ardiendo.

 

 

 

The Sunflowers

Come with me
into the field of sunflowers.
Their faces are burnished disks,
their dry spines

creak like ship masts,
their green leaves,
so heavy and many,
fill all day with the sticky

sugars of the sun.
Come with me
to visit the sunflowers,
they are shy

but want to be friends;
they have wonderful stories
of when they were young –
the important weather,

the wandering crows.
Don’t be afraid
to ask them questions!
Their bright faces,

which follow the sun,
will listen, and all
those rows of seeds –
each one a new life!

hope for a deeper acquaintance;
each of them, though it stands
in a crowd of many,
like a separate universe,

is lonely, the long work
of turning their lives
into a celebration
is not easy. Come

and let us talk with those modest faces,
the simple garments of leaves,
the coarse roots in the earth
so uprightly burning.

Mary Oliver traducida por Alicia Genovese.

A los 55 años publiqué mi primera novela y cuando le regalé un ejemplar a mi madre, exclamó: libro, al fin!». «¿Y los otros libros, que», le pregunté, refiriéndome a la decena de volúmenes de relatos y poesía que he publicado. «Me encantan», cortó ella, y adiviné la frase que no quiso decir: «Pero no son propiamente libros». Después del primer momento de enfado pensé que tenía razón. Libros, lo que se dice libros, son las novelas, las memorias, los ensayos científicos y filosóficos. Por comodidad llamamos libros también a los cuentos y a los poemas reunidos en un volumen, aunque sepamos que el destino de cada poema y cada cuento es valerse por sí solo, fuera del libro que lo incluye, que se antoja un abrigo momentáneo. Cuentos y poemas conservan un vínculo con la oralidad del que carecen los otros géneros. En especial la poesía tiene que ver menos con la escritura que con el aliento, con la voz y el sonido. Puede decirse incluso que se escribe poesía a pesar de la escritura, a contrapelo de la sordera de la escritura, en contra de la arritmia y de la techumbre de la escritura. Así, poner título a una colección de poemas, que es un gesto clausurador, es desconocer la naturaleza antiescriturariay antilibresca de la poesía. Habría que regresar a la costumbre decimonónica de poner en las carátulas de los libros de poesía la palabra «Poemas» y en los de cuentos la palabra «Cuentos» o «Relatos». Porque los poetas y los cuentistas no son escritores, aunque creen que lo son. Sobre todo la poesía, con su apego a la repetición y a la memorización, manifiesta su aversión hacia el libro. Su persistencia en nuestra cultura puede verse como la señal de que el individuo se resiste a prescindir de su propio aliento. Los libros, con su portentosa artificialidad, con su tratamiento espiritual intensivo, han atenuado nuestro aliento hasta lo inverosímil. Los renglones de la prosa, metódicamente alineados, proponen una respiración artificial; en cambio, los versos de la poesía, que se resisten a convertirse en renglones, alientan nuestra respiración perdida.

 

Fabio Morábito, en El idioma materno

La única manera de recibir una creación es crearla de nuevo y tal vez recrearse con ella.

*

Hay seres que siempre serán demasiado creadores como para tener un destino.

*

La poesía es la sinceridad con la que habla en nosotros lo que no conocemos

*

No sabemos si todo está en su lugar o nada está en su lugar. Ni siquiera sabemos si hay un lugar para que todo esté o no esté en su lugar. Sin embargo sentimos que en la poesía todo está en su lugar porque no está en su lugar.

*

Hay que llegar a poder escribir una escritura negra, que no altere el negro de la superficie que está enfrente o adentro de nosotros. Y hay que llegar a poder escribir una escritura vacía, que penetre en el vacío y haga surgir al ser en él. Sólo los trazos de esas escrituras podrán sacar a flote la inescrutable escritura de los sueños.

*

Toda transformación interior nos cambia las palabras que usamos y todo cambio en nuestras palabras nos transforma de algún modo, lo cual vuelve a alterar nuestras palabras. Y así ilimitadamente. La rueda de las mutaciones mueve la rueda de las palabras. Y viceversa.

*

¿Qué palabra poner entre lo que una cosa es y aquello que en ella misma no es? En esa ecuación, más fina y rigurosa que toda matemática, reside la clave del poema.

*

Nos habita un concentrado sopor, que nadie consigue superar totalmente. Y hemos olvidado los lenguajes que podían exorcizarlo. Solo nos resta crear nuevos lenguajes, que recuperen las antiguas fórmulas liberadoras.

*

Solo cuando el poema muestra algo que no sabemos, pero que habita en nosotros, podemos creer que es poesía.

 

Roberto Juarroz, en Casi razoń