archivo

Canciones

Transpiração

(Alzira Espíndola e Itamar Assumpção)

A inspiração vem de onde?

Pergunta pra mim alguém

Respondo talvez de Londres

De avião, barco, bonde

Vem com meu bem de Belém

Vem com você nesse trem

Nas entrelinhas de um livro

Na morte de um ser vivo

Nas veias de um coração

Vem de um gesto preciso

Vem de um amor, vem do riso

Vem por alguma razão

Vem pelo sim, pelo não

Vem pelo mar gaivota

Vem pelos bichos da mata

Vem lá do céu, vem do chão

Vem da medida exata

De dentro da tua carta

Vem do Azerbaijão

Vem pela transpiração

A inspiração vem de onde?

De onde?

Vem da tristeza, alegria

Do canto da cotovia

Vem do luar do sertão

Vem de uma noite fria

Vem olha só quem diria

Vem pelo raio, trovão

No beijo dessa paixão

 

Transpiración

(Alzira Espíndola e Itamar Assumpção)

¿De dónde viene la inspiración?

me pregunta alguien.

Respondo: tal vez de Londres,

en avión, barco o bondi

o con mi amor de Belén

viene con vos en el tren.

En las entrelíneas de un libro,

en la muerte de un ser vivo,

en las venas de un corazón.

Viene de un gesto preciso

De un amor, de la risa,

y por alguna razón.

Por el sí, por el no.

Viene por el mar gaviota,

por los bichos del mato

viene del cielo, del suelo,

de la medida exacta,

dentro de tu carta,

viene de Azerbaiján.

Por la transpiración

¿De dónde viene la inspiración?

De la tristeza, alegría

del canto de una alondra

o del luar del sertón.

Viene de una noche fría

Viene, mirá vos, quién diría

por el rayo, el trueno

en el beso de esa pasión.

Nada resulta superior al destino del canto.
Ninguna fuerza abatirá tus sueños,
porque ellos se nutren con su propia luz.
Se alimentan de su propia pasión.
Renacen cada día, para ser.
Sí, la tierra señala a sus elegidos.
El alma de la tierra, como una sombra, sigue a los seres
indicados para traducirla en la esperanza, en la pena, en la soledad.
Si tú eres el elegido, si has sentido el reclamo de la tierra,
si comprendes su sombra, te espera
una tremenda responsabilidad.
Puede perseguirte la adversidad,
aquejarte el mal físico,
empobrecerte el medio, desconocerte el mundo,
pueden burlarse y negarte los otros,
pero es inútil, nada apagará la lumbre de tu antorcha
porque no es sólo tuya.
Es de la tierra, que te ha señalado.
Y te ha señalado para tu sacrificio, no para tu vanidad.
La luz que alumbra el corazón del artista
es una lámpara milagrosa que el pueblo usa
para encontrar la belleza en el camino,
la soledad, el miedo, el amor y la muerte.
Si tú no crees en tu pueblo, si no amas, ni esperas,
Ni sufres, ni gozas con tu pueblo,
no alcanzarás a traducirlo nunca.
Escribirás, acaso, tu drama de hombre huraño,
solo sin soledad …
Cantarás tu extravío lejos de la grey, pero tu grito
será un grito solamente tuyo, que nadie podrá ya entender.
Sí, la tierra señala a sus elegidos.
Y al llegar el final, tendrán su premio, nadie los nombrará,
serán lo anónimo,
pero ninguna tumba guardará su canto …

Tu nombre y el mío

Hoy se respira viento sur
Ese que nace del frío
Horno de barro calienta el sol
De los lugares perdidos

Vuelve la calma de tu voz
Con la corriente del río
Manto de cielo sobre el tendal
Teje tu nombre y el mío

Campo de colores se cubre en tu luz
Deja la lluvia caer,
Riega los suelos del sur
Moja la nueva cosecha que vendrá

Tu cuerpo calma mi dolor
Y se dibuja el camino
Manto de cielo sobre el tendal
Teje tu nombre y el mío

Hoy se respira viento sur
Ese que nace del frío,
Horno de barro calienta el sol
De los lugares perdidos

Mujer del barro

Todo sucedió en un pueblo de alfareros. Uno de esos pueblos que todavía sobreviven cuestionando al hombre cotidiano, a lo largo y a lo ancho de la cordillera andina.
Todos sus habitantes trabajaban el barro como si fueran pequeños dioses dando vida a las cosas. Porque el barro está ligado al hombre desde su origen, se reconozca o no su paternidad.
En este pueblo del que hablo, vivía una mujer que fabricaba los mejores cacharros, las mejores y mas cantarinas vasijas, una suerte de pájaros sonoros que parecían encerrar luz.
Como sucede en todas partes desde que el mundo es mundo y sinó que va a ser, otra alfarera envidiaba los cacharros que fabricaba la mujer del milagro.
Entonces resolvió adoptar una actitud acorde a sus sentimientos: se convirtió en espía, para saber si existía algún secreto, alguna forma especial en la obra de la mujer del barro.
Pacientemente, durante horas y horas, las mismas y pacientes horas que emplean los espías y delatores, vigiló el taller de su rival.
Nada: no pudo descubrir nada.
Porque el barro era el mismo y la mujer lo amasaba cantando, la mezcla era la misma y la mujer la trabajaba cantando; el cocido era el mismo y la mujer encendía la leña cantando.
Nada, ni los colores que semejaban sangre y oro y que la mujer pintaba cantando, tenía la mas mínima diferencia.
Desesperada, la otra alfarera envidiosa robó un cántaro de la mujer y lo llevó a su casa para descubrir el secreto.
Una vez sola, encerrada como se encierran los que carecen del sentido del homenaje a la vida, del diálogo, de semejanza y del humor, rompió la vasija de un solo golpe.
El hombre, en definitiva, no es tanto misterio.
Lo que sucede es que a veces no alcanza a comprender las cosas y se altera su forma de vivir. Un pensamiento es más fuerte que la historia, porque es capaz, precisamente, de torcer el curso. Y todo porque entonces, del interior de la vasija, de cada pedazo roto, salió el canto de la mujer que trabajaba cantando. Y ya sabemos, el amor a lo que se hace produce lo mejor de la vida. Eso lo conoce hasta mi tía vieja. Ella dice que cuando Dios hizo al hombre, seguramente aprendió a cantar.