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Tecnología

“No podrá ser nunca asesor pedagógico un personaje que en su fuero interno no ame a la juventud, no ame la vida y no tenga deseos de compartir. Una persona así no puede acercarse al sagrado espacio de la educación.”

 

http://aula.infd.edu.ar/aula/archivos/_1391/Tutoria_Prieto_Castillo.pdf

Gutiérrez Pérez, Francisco; Prieto Castillo, Daniel. La mediación
pedagógica, apuntes para una educación a distancia
alternativa, Buenos Aires, Ed. La Crujía, 2005 (dé-
cima edición).

 

Ni la expresividad humana ni el lenguaje y su habla logran sustraerse al influjo de la reducción funcionalista. La concepción científica del lenguaje interpreta las palabras como meros signos, simple convención utilitaria. Si la primera fase de la tecnociencia puede ser vista como la extensión del músculo humano bajo signo de la energía. a la segunda fase, la que nos toca vivir, podríamos verla como la extensión de la mente humana bajo el signo de la informática. Si para ella era la máquina, para esta es la computadora. Así el lenguaje deviene informática, material que se almacena y combina en computadoras; palabras archivadas en memorias harto superiores a la del hombre que las creó; palabras que se combinan, se dicen entre ellas y a ellas lo que despúes aprenderemos a repetir: palabras-instrumento, herramientas de publicidad, datos de dominación; medios de comunicación masiva, medios de masificación.

Así, la palabra pierde su elemento, su pertenencia a la escucha, su fuente vital; así se vuelven las palabras dichas desde fuera, palabras que no surgen de lo que nombran ni penetran en ello, palabras que se emiten no para nombrar sino para programar. Son códigos sin mensajes, lenguaje sin habla, palabras apagadas, mordazas del ser.

Son palabras que han errado su destino, que han olvidado su origen, que ya no responden a su misión; palabras que ya no pulsan por celebrarse en la poesía, sublimarse en la plegaria; son palabras que han dejado de revelar, que buscan encuadrarse en la numeración, encerrarse en la univocidad.

(…)

No se trata aquí de negar la validez y laudabilidad del método científico, sino de que cada método de ciña a su regionalidad, que cada conocimiento recupere su facultad, que cada encuentro con la realidad, cada calidad de encuentro, suscite su propia expresión cognositiva y plasmatoria. Se trata de que el logos técnico y su aliada, la razón, reconozcan sus propios confines y límites, que la razón admita su ineficiencia para penetrar en lo originario, el arjé de lo ancestral y prístino, lo nocturno e inconsciente, en lo nutricio que hunde la raíz y de lo cual se alimenta el pensamiento; así como su impotencia para elevarse hasta lo último, hasta lo escatológico, lo inasible, lo inaccesible, lo que se capta, acogiéndolo, lo que encontramos en el dejarnos encontrar.

 

En Camino de la palabra