archivo

Vista

Blind Pew

Lejos del mar y de la hermosa guerra,
que así el amor lo que ha perdido alaba,
el bucanero ciego fatigaba
los terrosos caminos de Inglaterra.

Ladrado por los perros de las granjas,
pifia de los muchachos del poblado,
dormía un achacoso y agrietado
sueño en el negro polvo de las zanjas.

Sabía que en remotas playas de oro
era suyo un recóndito tesoro
y esto aliviaba su contraria suerte;

a ti también, en otras playas de oro,
te aguarda incorruptible tu tesoro:
la vasta y vaga y necesaria muerte.

 

Para saber la hora más sensible
Para contar la moneda de las fiebres
Para conocer el peso del furor
Para hablar del reposo imperceptible
Para escuchar al fondo de las cosas el

océano disperso

Para colgar ojos en las estrellas
Y colgar estrellas en las coronas doloridas
Para soñar una vida como una noche de

cristal en llamas

Para llorar a un muerto como un invierno
Para reír en una pradera de recuerdos
Para creer que nuestro amor enciende el

infinito

Para que las huellas respiren en su

enredadera

Y aprendan a pastar cual las mareas
Para que el desvelado sumergido pueda

llorar

Cerremos nuestros ojos por un minuto de

eternidad

Para sentir la boca olvidada por la noche
Para ser un gran silencio perpetuo en sus

cimientos

Para comprender el lenguaje de los ecos

ardientes

Y el monumento de campanas que se

derrumba

O que tal vez se levanta en cada planeta
Para que el otoño sea un barco de miserias

acústicas

Cargado también de ciegos enormes y

caballos seductores

Para que las piedras encarnizadas sean

pájaros o agua dulce

Para que el pan aprenda nuestra canción

evaporada en amargura

Como la lámpara sin límites precisos
Para que el escalofrío suba como una

escama al pensamiento

Para sentir el corazón en los brazos de una

lágrima

Cerremos nuestros ojos aquí y abrámoslos

allá