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Enumeración

Estoy ahorrando para comprarme un orgasmo
y una buena noche de sueños.
También necesito una montaña cubierta de neblina cuando amanezca
y el canto de cinco mil zanates
No, colibríes, diez kilos destos color verde metálico, por favor.
Alguien que me diga que soy maravillosa
mínimo trece veces la hora.
Un reloj de cuco que se acuerde de mi nombre.
Quiero cincuenta años más de salud
para todos.
¡Yo invito!
Pelo nuevo, dientes blancos,
arcoiris dobles,
cascadas de agua dulce para bañarse desnudo.
Voy a llenar la canasta.
¿Puedo empeñar mi buen nombre?
¿A qué tipo de cambio?
Una gruesa de poemas sería buena inversión.
¿Cuánto costaría sentirme joven?
Dame varias hectáreas de eso.
La risa vale su peso en oro.
¿Te podría contratar para contarme chistes?
¿Cuánto cobrarías por hora
para reir de los míos?
¿Es tu mejor precio?
¿Aceptas cheques?
¿Me envuelves, por favor,
como regalo?
Ámbar Past, en Huracana

128

¡Dame el ocaso en una copa,
enumérame los frascos de la mañana
y dime cuánto hay de rocío,
dime cuán lejos la mañana salta-
dime a qué hora duerme el tejedor
que tejió el espacio azul.

Escríbeme cuántas notas habrá
en el nuevo éxtasis del tordo
entre asombradas ramas-
cuántos caminos recorre la tortuga-
cuántas copas la abeja comparte,
disoluta del rocío!

También, ¿quién puso la base del arco iris,
también, quién guía las esferas dóciles
por juncos de azul flexible?
¿Qué dedos atan las estalactitas-
quién cuenta la plata de la noche
para saber si nadie está en deuda?

¿Quién edificó esta casita albana
y cerró herméticamente las ventanas
que mi espíritu no puede ver?
¿Quién me dejará salir un día de gala
con implementos de vuelo,
fugaz pomposidad?

Una importadora

La señora Alguien estuvo en Asia.
Lo que ella trajo de vuelta los sorprendería.
Bambúes, marfiles, jades y lacas,
Petardos que asustan como un demonio,
Recetas para el té con manteca,
Enredos sagrados para cuchichear:
Subterfugios para salvar el prestigio,
Un desarrollado gusto en jarrones,
Polémicas ya demasiado viejas para nombrar
Contra la invención americana—
Sobre todo de la producción en masa
Destinada a demostrar nuestra destrucción
¿Qué son los teléfonos, los rascacielos,
Las máquinas de afeitar, el periódico Sunday
Si no la forma más estúpida de evadir
Las verdades que le debemos a los asiáticos?
Pero su mejor exponente
Era una máquina para orar del Tibet
Que por medio de la energía de un arroyo en el jardín
Repetía constante Perdón, perdón;
Mientras el pintoresco mecanismo
Marcaba el ritmo de un reloj solar en la escena—
Las máquinas más primitivas
Produciendo en masa la venganza.
¿Enseñarle a esos asiáticos la producción en masa?
Enséñale a tu abuela cómo chupar un huevo.

 

An importer

Mrs. Someone’s been to Asia.
What she brought back would amaze ye.
Bamboos, ivories, jades, and lacquers,
Devil-scaring firecrackers,
Recipes for tea with butter,
Sacred rigmaroles to mutter,
Subterfuge for saving faces,
A developed taste in vases,
Arguments too stale to mention
‘Gainst American invention—
Most of all the mass production
Destined to prove our destruction.
What are telephones, skyscrapers,
Safety razors, Sunday papers
But the silliest evasion
Of the truths we owe an Asian?
But the best of her exhibit
Was a prayer machine from Tibet
That by brook power in the garden
Kept repeating Pardon, pardon;
And as picturesque machinery
Beat a sundial in the scenery—
The most primitive of engines
Mass-producing with a vengeance.
Teach those Asians mass production?
Teach your grandmother egg suction.

 

 

Robert Frost, San Francisco, 1874- Boston, 1963. De ‘In the clearing’. En The Poetry of Robert Frost, ‘The collected poems, complete and unabridged’, Henry Holt and Company, New York, 1979. Versión ©Silvia Camerotto

Tomado de http://desibilasypitias.blogspot.com.ar/

Los justos

Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.