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Movimiento

XVIII

Y es la hiedra que trepa entre las grietas y echa gajos,
y es el picaflor que bebe la dulzura y alza el vuelo,
y es la hormiga que se alimenta de raíces y abre el camino,
y es la frente que se inclina y da contra la piedra,
y es la sangre la que hace polvo tanta grandeza,
tanta eternidad desmoronada hasta el absurdo.

¿Cómo es que tropezamos con nosotros mismos?

Alberto Szpunberg, en El síndrome Yessenin

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Mi mundo es una hoja
de árbol que ha caído de su mundo
¿Cómo comprende la hoja que ya es tiempo de vivir?
¿Cómo canta el pájaro antes de cenar?
¿Cuál es el viento que sorprende a las nubes?
¿Es ese el sonido que vuela por mi vida?
El mundo se gasta y luego descansa con la hoja a su lado
y con un poema dentro

El ángulo de la vida

es una semilla.

Las trabajosas hileras

que nos dieron años de respiración.

El secreto del árbol

consiste en proyectar la luz,

la luz de los rayos del cosmos

y las últimas fuerzas que resucitan desde el fuego del centro.

Y el atisbo del fin

es el desierto interminable

inmerso en la finitud

de la que nace el árbol.

II

Enumeramos ahora ciertas cosas:

CUERPO, CIELO, PALABRA Y ACTO.

Cuerpo es el sin fin, donde experimentamos cada

sensación por separado, como granos de arena y cada

sensación en su totalidad, como arena.

Cielo es el punto al que nuestra vista identifica

más velozmente, por cubrirlo todo.

Palabra es la cara de la voz y es el sitio intermedio

entre el cuerpo y el cielo.

Acto fue el de los hombres que, al verse atrapado

en el paraíso, intentaron escapar del cielo.

III

Feliz es el día

Feliz es la noche

Feliz es el cielo

Por cambiar todo el tiempo

sin moverse de sitio.

Vendrá un viento del sur
a golpear en las puertas cerradas y en los vidrios
a golpear en los rostros de agrios gestos.

Vendrán alegres oleajes ruidosos
subiendo las veredas y calles silenciosas
por el barrio del puerto.

Que se lave la cara de la ciudad endurecida
sus piedras y maderas polvorientas, raídas
su corazón sombrío.

Que por lo menos haya asombro en las opacas
miradas taciturnas.
Y que muchos se asusten y los niños se rían
y el verdor de la luz del agua nos despierte
nos bañe, nos persiga.

Que nos de por correr y abrazarnos
que se abran las puertas de todas las casas
y salga la gente
por las escaleras, desde los balcones
llamándose…