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Movimiento

Mantener las cosas enteras

En un campo
soy la ausencia
del campo.
Siempre es
este el caso.
Dondequiera que esté
soy lo que falta.

Cuando camino
separo el aire
y el aire
siempre se mueve
para llenar los espacios
donde estuvo mi cuerpo.

Todos tenemos razones
para movernos.
Yo me muevo
para mantener las cosas enteras.

 

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El ángulo de la vida

es una semilla.

Las trabajosas hileras

que nos dieron años de respiración.

El secreto del árbol

consiste en proyectar la luz,

la luz de los rayos del cosmos

y las últimas fuerzas que resucitan desde el fuego del centro.

Y el atisbo del fin

es el desierto interminable

inmerso en la finitud

de la que nace el árbol.

II

Enumeramos ahora ciertas cosas:

CUERPO, CIELO, PALABRA Y ACTO.

Cuerpo es el sin fin, donde experimentamos cada

sensación por separado, como granos de arena y cada

sensación en su totalidad, como arena.

Cielo es el punto al que nuestra vista identifica

más velozmente, por cubrirlo todo.

Palabra es la cara de la voz y es el sitio intermedio

entre el cuerpo y el cielo.

Acto fue el de los hombres que, al verse atrapado

en el paraíso, intentaron escapar del cielo.

III

Feliz es el día

Feliz es la noche

Feliz es el cielo

Por cambiar todo el tiempo

sin moverse de sitio.

Vendrá un viento del sur
a golpear en las puertas cerradas y en los vidrios
a golpear en los rostros de agrios gestos.

Vendrán alegres oleajes ruidosos
subiendo las veredas y calles silenciosas
por el barrio del puerto.

Que se lave la cara de la ciudad endurecida
sus piedras y maderas polvorientas, raídas
su corazón sombrío.

Que por lo menos haya asombro en las opacas
miradas taciturnas.
Y que muchos se asusten y los niños se rían
y el verdor de la luz del agua nos despierte
nos bañe, nos persiga.

Que nos de por correr y abrazarnos
que se abran las puertas de todas las casas
y salga la gente
por las escaleras, desde los balcones
llamándose…

El arte pictórico chino, nacido en un contexto específico, ha crecido como un árbol. Hundiendo sus raíces en una escritura ideográfica (que a través de la caligrafía ha ensalzado el uso del pincel y favorecido la tendencia a transformar los elementos de la naturaleza en signos), y refiriéndose a una cosmología definida, este arte ha poseído de entrada unas condiciones de expansión, aunque algunas “virtualidades” no se hayan revelado o realizado hasta mucho más tarde.

El pensamiento estético chino, basado en una concepción organicista del universo, propone un arte que tiende, desde siempre, a recrear un microcosmos en el que prima la acción unificadora del Aliento-Espíritu, en la que el propio vacío, lejos de ser sinónimo de impreciso o arbitrario, es el lugar interno en el que se establece la red de los alientos vitales. Así, se asiste a un sistema que actúa por integraciones de sucesivas aportaciones más que por rupturas. Y la Pincelada, cuyo arte es llevado por los pintores a un grado superior de refinamiento, al encarnar lo Uno y lo Múltiple en la medida en que se identifica con el propio Aliento original y con todas sus metamorfosis, no contribuye menos a esta permanencia de una práctica significante inagotablemente perseguida.
De este modo la pintura se convierte en una de las más altas expresiones de la espiritualidad china. A través de ella, el hombre chino ha intentado revelar el misterio de la creación y crear así una auténtica forma de vivir.
La pintura en China es, en sentido estricto, una filosofía en acción; es vista como una práctica sagrada, porque su objetivo es nada menos que la realización total del ser humano, incluyendo su parte más inconsciente.

“La pintura perfecciona la cultura, rige las relaciones humanas y explora el misterio del universo. Su valor iguala al de los ‘seis cánones’; y, como la rotación de las estaciones, regula el ritmo de la naturaleza y del hombre.” (Zhang Yanyuan)

La voz del poema, la voz que el poeta cree su voz. Su condición de vanguardia consiste en ser retaguardia, vigía del fondo, tragafuegos que se funde con la última silueta anónima del cortejo de la feria. Ella lo sostiene, desde lejos, desde atrás, y lo impulsa a ser la cresta. Fondo y figura moviéndose fugaces bajo el tambor del corazón.

Las tareas de esta voz: permanecer atenta a lo inútil, a lo que se desecha, porque allí, detalle ínfimo, se alza para ella lo que ella siente epifanía. Las tareas de esta voz: deshacer las cristalizaciones discursivas de lo “útil” y tejer una red de cedazo fino capaz de capturar las astillas de aquello que se revela. Atención y artesanía. Las tareas de esta voz: desatarse de lo aprendido que debe previamente aprenderse, y disminuir así los ecos de las voces altas para dejar oír la pequeña voz del mundo.