archivo

Oráculo

¿Cómo?

¿cómo sé yo que esa mosca no es un lápiz
que se transformó en mosca! ¿cómo sé yo
que yo no soy un lápiz que se transformó en
mosco? ¿cómo sé yo que no soy una mosca
que se transformó en mí? ¿cómo sé yo que
ese perro no es un limón que se transformó·
en ese perro? ¿cómo sé yo que ese árbol no es
otro árbol? ¿cómo sé yo si ese zapato no es
otro zapato? ¿cómo sé yo si ese camino
no es una culebra que se transformó en camino?
¿cómo sé yo si esa culebra no es
uno huincha de medir que se transformó
en culebra? ¿cómo sé yo que el aire no es
aire? ¿cómo sé yo que la nieve no es nieve?
¿cómo sé yo que lo piedra no es piedra?
¿cómo sé yo que no es gorrión? ¿cómo sé yo
que no es gaviota? ¿cómo sé yo que
no es tiuque? ¿cómo sé yo? ¿cómo sé?
¿cómo?

Claudio Bertoni

La cartomancia

Oye ladrar los perros que indagan el linaje de las sombras,
óyelos desgarrar la tela del presagio.
Escucha. Alguien avanza
y las maderas crujen debajo de tus pies como si huyeras
sin cesar y sin cesar llegaras.
Tú sellaste las puertas con tu nombre inscripto en
las cenizas de ayer y de mañana.
Pero alguien ha llegado.
Y otros rostros te soplan el rostro en los espejos
donde ya no eres más que una bujía desgarrada,
una luna invadida debajo de las aguas por triunfos
y combates,
por helechos.

Aquí está lo que es, lo que fue, lo que vendrá, lo que
puede venir.
Siete respuestas tienes para siete preguntas.
Lo atestigua tu carta que es el signo del Mundo:
a tu derecha el Ángel,
a tu izquierda el Demonio.

¿Quién llama?, ¿pero quién llama desde tu nacimiento
hasta tu muerte
con una llave rota, con un anillo que hace años fue
enterrado?
¿Quiénes planean sobre sus propios pasos como una
bandada de aves?
Las Estrellas alumbran el cielo del enigma.
Mas lo que quieres ver no puede ser mirado cara a cara
porque su luz es de otro reino.
Y aún no es hora. Y habrá tiempo.

Vale más descifrar el nombre de quien entra.
Su carta es la del Loco, con su paciente red de cazar
mariposas.
Es el huésped de siempre.
Es el alucinado Emperador del mundo que te habita.
No preguntes quién es. Tú lo conoces
porque tú lo has buscado bajo todas las piedras
y en todos los abismos
y habéis velado juntos el puro advenimiento del milagro:
un poema en que todo fuera ese todo y tú
—algo más que ese todo—.
Pero nada ha llegado.
Nada que fuera más que estos mismos estériles vocablos.
Y acaso sea tarde.

Veamos quién se sienta.
La que está envuelta en lienzos y grazna mientras hila
deshilando tu sábana
tiene por corazón la mariposa negra.
Pero tu vida es larga y su acorde se quebrará muy lejos.
Lo leo en las arenas de la Luna donde está escrito el viaje,
donde está dibujada la casa en que te hundes como
una estría pálida
en la noche tejida con grandes telarañas por tu Muerte
hilandera.
Mas cuídate del agua, del amor y del fuego.

Cuídate del amor que es quien se queda.
Para hoy, para mañana, para después de mañana.
Cuídate porque brilla con un brillo de lágrimas y espadas.
Su gloria es la del Sol, tanto como sus furias y su orgullo.
Pero jamás conocerás la paz,
porque tu Fuerza es fuerza de tormentas y la Templanza
llora de cara contra el muro.
No dormirás del lado de la dicha,
porque en todos tus pasos hay un borde de luto
que presagia el crimen o el adiós,
y el Ahorcado me anuncia la pavorosa noche que te
fue destinada.

¿Quieres saber quién te ama?
El que sale a mi encuentro viene desde tu propio corazón.
Brillan sobre su rostro las máscaras de arcilla y corre
bajo su piel la palidez de todo solitario.
Vino para vivir en una sola vida un cortejo de vidas y
de muertes.
Vino para aprender los caballos, los árboles, las piedras,
y se quedó llorando sobre cada vergüenza.
Tú levantaste el muro que lo ampara, pero fue sin querer
la Torre que lo encierra:
una prisión de seda donde el amor hace sonar sus llaves
de insobornable carcelero.
En tanto el Carro aguarda la señal de partir:
la aparición del día vestido de Ermitaño.
Pero no es tiempo aún de convertir la sangre en piedra
de memoria.
Aún estáis tendidos en la constelación de los Amantes,
ese río de fuego que pasa devorando la cintura del
tiempo que os devora,
y me atrevo a decir que ambos pertenecéis a una raza de
náufragos que se hunden sin salvación y sin consuelo.

Cúbrete ahora con la coraza del poder o del perdón,
como si no temieras,
porque voy a mostrarte quién te odia.
¿No escuchas ya batir su corazón como un ala sombría?
¿No la miras conmigo llegar con un puñal de escarcha
a tu costado?
Ella, la Emperatriz de tus moradas rotas,
la que funde tu imagen en la cera para los sacrificios,
la que sepulta la torcaza en tinieblas para entenebrecer
el aire de tu casa,
la que traba tus pasos con ramas de árbol muerto, con
uñas en menguante, con palabras.
No fue siempre la misma, pero quienquiera que sea es ella
misma, pues su poder no es otro que el ser otra que tú.
Tal es su sortilegio.
Y aunque el Cubiletero haga rodar los dados sobre la
mesa del destino,
y tu enemiga anude por tres veces tu nombre en el
cáñamo adverso,
hay por lo menos cinco que sabemos que la partida es vana,
que su triunfo no es triunfo
sino tan sólo un cetro de infortunio que le confiere el
Rey deshabitado,
un osario de sueños donde vaga el fantasma del amor
que no muere.

Vas a quedarte a oscuras, vas a quedarte a solas.
Vas a quedarte en la intemperie de tu pecho para que
hiera quien te mata.
No invoques la Justicia. En su trono desierto se asiló
la serpiente.
No trates de encontrar tu talismán de huesos de pescado,
porque es mucha la noche y muchos tus verdugos.
Su púrpura ha enturbiado tus umbrales desde el amanecer
y han marcado en tu puerta los tres signos aciagos
con espadas, con oros y con bastos.
Dentro de un círculo de espadas te encerró la crueldad.
Con dos discos de oro te aniquiló el engaño de párpados
de escamas.
La violencia trazó con su vara de bastos un relámpago azul
en tu garganta.
Y entre todos tendieron para ti la estera de las ascuas.

He aquí que los Reyes han llegado.
Vienen para cumplir la profecía.
Vienen para habitar las tres sombras de muerte que
escoltarán tu muerte
hasta que cese de girar la Rueda del Destino.

De todos modos, creer para crecer y crear:
ya distinguimos los chingolos de los gorriones
y sabemos que el pasaje Bollini solo dura dos cuadras,
pero, aún así, nos acompaña.

Truena sordamente, como si desde arriba nos hablaran,
y aunque es confuso entender lo que nos dicen
-siempre es confuso lo que los de arriba nos dicen-,
¿alcanzaremos a ver tanta belleza desde alguna ventana?
¿hay una puerta para entrar al mundo?
¿un balbuceo?
¿una palabra?

No sé:
perdí el papel donde tenía la dirección exacta.

 

Alberto Szpunberg, en Sol de noche

¿Por qué razón plantear preguntas es el pasatiempo judío favorito? El hebreo bíblico no poseía signos de interrogación y, sin embargo, el Libro de los Libros está lleno de preguntas. No las hemos contado todas, pero a juzgar por la predominancia de los qué y cómo, y de los quién y por qué, puede muy bien ser el más inquisitivo de las Sagradas Escrituras. Bastantes de las preguntas, es cierto, son retóricas, al proclamar la gloria de Dios. El propio Dios es un gran interrogador. Las respuestas a algunas de sus preguntas pueden parecer evidentes, pero no lo son. Un lector moderno aún puede considerarlas como profundos enigmas inquietantes. Así son las primeras preguntas que alguna vez se plantearon: Dios a Adán: «¿Dónde estás?», y: «¿Quién te ha dicho que estás desnudo?». Dios a Eva, y luego a Caín: «¿Qué has hecho?». Dios a Caín: «¿Dónde está Abel tu hermano?».
(…)
«Lo que existe está muy lejos y terriblemente profundo, ¿quién puede encontrarlo?». «¿Acaso destruirás al justo junto con el inicuo?». «¿Qué beneficio obtiene el hombre que se afana en su labor bajo el sol?». «¿Qué provecho tiene el sabio frente al insensato?». «¿Por qué prospera el camino del malvado, y todos los traicioneros están a salvo?». Y la más encantadora de todas: «¿Cuál es el camino del viento?».

 

Amos Oz y Fanny Oz-Salzberger, en Los judíos y las palabras

LAS PREGUNTAS. Buenos Aires, 1998
¿si yo pregunto sabré?

pregunto como quien dispara una flecha
al corazón de la manzana: para clavar el corazón

¿si arranco suave la heridora de la herida
sabré del corazón más que de la manzana?

¿la sangre que ella provoque derramar
es para mí?

pregunto como quien pregunta:
sólo por preguntar y oír la música

¿si el diapasón no suena bello a mis oídos
sabré más de la música que de los sonidos?

¿la felicidad que ella provoque escuchar
es para mí?

¿si yo pregunto sabré? ¿qué quiero preguntar?
¿si yo pregunto sabré qué quiero?
¿si yo pregunto sabré qué quiero preguntar?

 

Liliana Lukin

Transpiração

(Alzira Espíndola e Itamar Assumpção)

A inspiração vem de onde?

Pergunta pra mim alguém

Respondo talvez de Londres

De avião, barco, bonde

Vem com meu bem de Belém

Vem com você nesse trem

Nas entrelinhas de um livro

Na morte de um ser vivo

Nas veias de um coração

Vem de um gesto preciso

Vem de um amor, vem do riso

Vem por alguma razão

Vem pelo sim, pelo não

Vem pelo mar gaivota

Vem pelos bichos da mata

Vem lá do céu, vem do chão

Vem da medida exata

De dentro da tua carta

Vem do Azerbaijão

Vem pela transpiração

A inspiração vem de onde?

De onde?

Vem da tristeza, alegria

Do canto da cotovia

Vem do luar do sertão

Vem de uma noite fria

Vem olha só quem diria

Vem pelo raio, trovão

No beijo dessa paixão

 

Transpiración

(Alzira Espíndola e Itamar Assumpção)

¿De dónde viene la inspiración?

me pregunta alguien.

Respondo: tal vez de Londres,

en avión, barco o bondi

o con mi amor de Belén

viene con vos en el tren.

En las entrelíneas de un libro,

en la muerte de un ser vivo,

en las venas de un corazón.

Viene de un gesto preciso

De un amor, de la risa,

y por alguna razón.

Por el sí, por el no.

Viene por el mar gaviota,

por los bichos del mato

viene del cielo, del suelo,

de la medida exacta,

dentro de tu carta,

viene de Azerbaiján.

Por la transpiración

¿De dónde viene la inspiración?

De la tristeza, alegría

del canto de una alondra

o del luar del sertón.

Viene de una noche fría

Viene, mirá vos, quién diría

por el rayo, el trueno

en el beso de esa pasión.

El cocinero

Podemos tomar la vida como un viaje y, mirando la forma en que la gente imagina que van a ser las cosas, descubrir que de vez en cuando hay intervenciones que cambian ese rumbo. Una vez cambiado, por supuesto, a ese destino se lo supone nuevamente lineal, y sigue su marcha hasta que otra intervención confunde una vez más el patrón. Entonces, mirando hacia atrás, la gente comienza el proceso una vez más, suponiendo que la forma lineal continuará.
La mejor ilustración de lo que ocurre y lo que la gente imagina que va a ocurrir resulta ser una historia, y podemos presentar aquí una que nos permitirá examinar qué es lo que está ocurriendo realmente.
Érase una vez una caravana de ricos y orgullosos mercaderes que partió de Siria para realizar el largo y peligroso viaje rumbo al sur hacia La Meca. Poco después de su salida, un hombre anciano y de aspecto seguro, cabalgando en un asno y acompañado por dos mulas cargadas, pidió unirse al grupo.
Mientras el guía de la caravana discutía con él esta posibilidad, algunos de los mercaderes objetaron la presencia del recién llegado. No tenía aspecto próspero; en vez de camellos tenía mulas y un asno. Además, no parecía suficientemente fuerte para llevar armas, lo cual podía haber sido una razón de su avecinarse ya que el desierto estaba infestado de bandidos.
El hombre, además, confesó que de profesión no era más que un cocinero… un maestro cocinero quizá, pero cocinero a fin de cuentas. Insistió en que, dado que estaba “protegido”, su acompañar a la caravana sólo podía ser beneficiosa. Finalmente, debido a que se estaba perdiendo tiempo, los mercaderes cesaron sus objeciones y se permitió al cocinero que les siguiese.
Cuando la caravana alcanzó una parte del desierto particularmente yerma, fue rodeada por salteadores. Bien organizados, manearon a los camellos y encerraron a los mercaderes en una zareba, un corral de espinos, mientras el jefe de los bandidos se sentaba rodeado por su hombres para planear el reparto del botín.
Llevaban unos minutos ocupados así cuando se dieron cuenta de que alguien había sido pasado por alto. El cocinero se encontraba fuera del corral, ocupado en extender en el suelo un largo trozo de tela blanca que había extraído de sus alforjas. Mientras los ladrones observaban, sacó de su equipaje numerosas empanadas de aspecto delicioso y las colocó sobre la tela.
“¿Qué estás haciendo?” rugió el jefe de los bandidos. “¿No te das cuenta de que eres un prisionero?”
“Prisionero o no, la gente tiene que comer, y yo soy un cocinero”, respondió el hombre y continuó sirviendo la comida.
Los bandidos, atraídos por los alimentos, se congregaron alrededor y apartaron con violencia al hombre de su camino. Se sentaron y engulleron todas las empanadas.
Al cabo de media hora, drogados por algo que contenía la comida, dormían profundamente…
El cocinero abrió la barrera de espinos y liberó a los prisioneros. Los bandidos fueron apresados para ser entregados a las autoridades, y así fue como el salvador menos probable resultó ser el medio para la salvación de la caravana.
Narré esta historia esta noche porque alguien me había mostrado el borrador de un artículo acerca de nosotros, el cual expresaba sorpresa de que una banda tal de personas pudiese estar implicada realmente en algo importante.
Sin embargo, resultó que entre las personas presentes se hallaban algunas que me habían enviado varias preguntas. Entre las preguntas se encontraban:
¿Hay algo más allá de lo que podemos ver en nuestras vidas?
¿Puede afectar a los acontecimientos el contenido invisible de algo?
¿Es un lastre el fracaso en ver la realidad?
En ciertos momentos parece como si nuestro destino fuese imposible de alcanzar. ¿Lo es?
Me pareció que la historia cubría cada una de estas preguntas, además de muchas otras.

 
En El yo dominante.

Desde que el hombre es hombre, la vida es su tema, el tema que trató sin cesar de tematizar, de abarcar con su comprensión, de nombrar con su escuchar.

La fuerza vital, su omnipresente travesía, permea desde la raíz a los filamentos de todo verdor, desde la piel a la sangre de cada animal, desde el ínfimo electrón a los vastos espacios siderales, la vida lo atraviesa todo sin ser formulada, sin devenir palabra: es sólo en el hombre donde ella se dice, se reflexiona, se vuelve voz.

(…)

Cuando la realidad se vive en su plenitud, cuando sabemos que lo sabido es tan solo sabido y no el saber, cuando osamos vivir sin negar la inagotabilidad de la vida, cuando osamos acoger lo improbable, entonces vivimos abiertos al misterio, al fundamento que todo fundamenta pero que nada, tampoco el pensamiento, puede fundamentar al fundamento, a su apertura, a su abismo, de lo cual toda posterior constatación, toda posterior manifestación son tan solo señas, tan solo sus llamadas. Cuando vivimos ante el misterio sin tratar de negarlo, es decir, cuando aprendemos a confiar, entonces vivimos abiertos a la totalidad de lo real, vivimos con reverencia, la reverencia que nos suscita aquello que se muestra inaccesible a  nuestra capacidad conceptualizadora, a nuestro dominar mediante delimitación, mediante nuestro encuadramiento de la realidad.

Misterio como lo abierto de la vida, y reverencia como la apertura humana hacia el abismo de la vida, actitud, acogida íntima y distante de la vida en su totalidad, en su donación infragmentada, en su voz y en su silencio.

En Camino de la palabra

Contemplad pues con humilde mirada

la pieza maestra de la eterna tejedora:

como anima mil hebras una sola pisada,

las lanzaderas disparan a un lado y a otro

y las hebras fluyen encontrándose

y un solo golpe sella mil uniones;

esto no lo reunió ella mendigando,

lo ha ido maquinando desde la eternidad

a fin de que el eterno gran maestro

pueda tranquilo urdir la trama.

 

 

Richard Wilhelm cita a Goethe en su versión del I-Ching.
Hexagrama 2. Lo receptivo.

El mensaje

 

La puerta que alguien abrió
La puerta que alguien cerró
La silla donde alguien se sentó
El gato que alguien acarició
La fruta que alguien mordió
La carta que alguien leyó
La silla que alguien volcó
La puerta que alguien abrió
La carretera por donde alguien corre todavía
El bosque que alguien atraviesa
El río al que alguien se tira
El hospital en que alguien ha muerto.